Mientras cargaba una canasta de huevos y caminaba por las calles de un humilde barrio de Cartagena, Colombia, integrantes de la Dirección de Investigación Criminal (Dijín) de la Policía capturaron a Paulo César Sandoval Picalua.
El hombre era buscado con circular roja de Interpol por el brutal asesinato de Ambrosio González, un hombre ciego, en la localidad de Ubrique, en la provincia de Cádiz, sur de España.
Los delitos que le atribuyen son asesinato con alevosía y ensañamiento, robo con violencia en casa habitada y allanamiento de morada.
“De acuerdo con información judicial de las autoridades españolas, el requerido es señalado de haber ingresado a la vivienda de Ambrosio González, una persona con discapacidad visual, a quien agredió de manera extremadamente violenta con arma blanca, causándole la muerte, presuntamente con el fin de obtener la ubicación y acceso a una caja fuerte oculta en el inmueble. El hecho generó una profunda conmoción social en la comunidad donde ocurrió, dada la brutalidad del ataque y la condición de vulnerabilidad de la víctima”, dijo el coronel Elver Vicente Alfonso Sanabria, director de Investigación Criminal e Interpol.

“La retención fue posible gracias al intercambio oportuno de información y la cooperación internacional permanente entre la Dijín – OCN Interpol Colombia y las autoridades del Reino de España”, añadió el oficial.
El crimen, informó la prensa española, ocurrió a la medianoche del 27 de septiembre de 2025.
Familiares de Ambrosio esperaban que él regresara, como lo hacía todas las noches, en el autobús de Benaocaz, que tarda máximo 10 minutos en llegar a Ubrique, donde vivía. Pero este no se reportó: ni una llamada, ni una respuesta.

Así que una de las sobrinas fue directamente a su casa y se percató de la tragedia: Ambrosio estaba sin vida, envuelto en un lago hemático, producto de las más de 50 heridas que le provocó el asesino con un arma blanca.
“Nadie mata así, ensañándose tanto con la víctima, para robar dinero, joyas u otros objetos de valor”, le dijeron fuentes policiales expertas en homicidios al diario El Mundo en ese momento.
La brutalidad del crimen fue tal, que al padre de Ambrosio, que lleva el mismo nombre y tenía en ese entonces 100 años, no le entregaron detalles de lo sucedido.
“Ambrosio era un hombre de buen corazón, sin maldad. Amaba a su familia. Como no tenía hijos, sus sobrinos y los hijos de ellos eran como sus hijos y sus propios nietos. Al padre no le han querido contar lo ocurrido. Si le dicen que a su hijo lo han matado a puñaladas, se muere él detrás”, dijo un vecino de la familia.

Al conocer sobre la muerte de Ambrosio, que desde finales de los años 80 trabajó como “cuponero” vendiendo billetes de lotería para la Organización Nacional de Ciegos Españoles (Once), las autoridades de Ubrique, que cuenta con una población de unos 16.000 habitantes, pusieron las banderas a media asta en señal de duelo.
Ahora, Sandoval Picalua tendrá que esperar que se adelante el trámite para su extradición y pueda responder junto a su madre, quien es señalada de encubrirlo y también fue capturada, pero en España, ante las autoridades ibéricas, por el atroz asesinato de Ambrosio, el cuponero del pueblo.

