Después de cinco años metida entre los libros, las discotecas de Medellín y las notas características del reguetón, la psicóloga paisa Luisa Fernanda Espinal Ramírez acaba de lograr lo que ningún otro colombiano ha alcanzado: que su tesis doctoral en artes y humanidades sobre el perreo, la forma en que se baila esa pegajosa música, fuera aprobada.
Antes de emprender este enorme desafío, Luisa Fernanda se había dedicado a estudiar procesos psicoterapéuticos individuales y grupales, y asuntos relacionados con las diferencias de género, violencias basadas en género. En medio de esos azares, se le ocurrió un día indagar sobre cómo se construye la subjetividad de algunas mujeres a través del perreo, pero comenzó a ver obstáculos.

“En Colombia encontré solo cinco investigaciones publicadas acerca del reguetón, solo cinco artículos, y somos uno de los países que más consume reguetón en el mundo”, le dijo la Doctora Perreo, como se hace llamar ahora, a SEMANA.
Pero a la falta de estudios sobre el tema había que sumarle la resistencia y los estigmas que había para poder abordar el perreo desde las ciencias sociales. “Algunos profesores me decían que, a pesar de ser músicos y ocuparse de estudios musicales, no podían asesorarme en mi tesis de reguetón, que mejor buscara un ingeniero de sonido”, recordó. Como si fuera poco, después de haber avanzado en la investigación, sentía cómo los amantes del reguetón, algunos centros culturales y gente del común la buscaban para que hablara sobre el tema. Pero la academia buscaba la manera de decirle que no.

“Hablar de reguetón se percibe como algo que es trivial, algo que no es serio, que no puede ser académico. Para mí fue toda una sorpresa por eso que fui percibiendo. Es que en la academia costaba darle valor a este fenómeno como digno de ser investigado”, contó.
De hecho, recuerda que era invitada a foros, a seminarios en importantes universidades de Medellín, donde los organizadores le pedían en voz baja que retirara del título de la conferencia las palabras reguetón y perreo, una forma de censura.
“Me decían: no ponga reguetón en el título, eso le baja el estatus al evento”. Eso, aunado a la dificultad inmersa en el curso de un estudio doctoral, comenzó a pasarle factura. Fue diagnosticada con hipotiroidismo, el cabello comenzó a caérsele y cada vez se le veía menos en los espacios familiares, en las cenas, en los cumpleaños y hasta en las bodas de las personas a las que más quiere.

Sin embargo, ese infierno en el que para muchos se transforma cursar un doctorado llegó a su fin. El miércoles 18 de febrero, con todos los temores a flor de piel, sustentó su tesis doctoral. “Sentí que me la iban a rechazar, que me iban a pedir que la tenía que volver a hacer después de cuatro años de trabajo. Había recibido conceptos que decían que era una tesis ejemplar; otros que me decían que esto era literalmente basura”, dijo.
Ese día, Luisa Fernanda habló sobre sus hallazgos: el reguetón “es una práctica en la que las mujeres cambian la manera en que se perciben a sí mismas, perciben el mundo y cómo interactúan. Es como una práctica donde muchas de las cosas que fuera del espacio del perreo se consideran imposibles o limitantes, o son mal vistas, dentro del perreo hace que ellas se sientan capaces, poderosas, valiosas”.

Fue aplaudida y, como si fuera poco, alcanzó la máxima nota, un cinco. El jurado evaluador pidió que le otorguen el reconocimiento magna cum laude, una de las más altas distinciones en la academia. Carolina Santamaría, profesora de la Universidad de Antioquia y miembro de ese jurado para el trabajo de grado, la calificó de valiente, “porque es el tipo de temáticas a las cuales los estudiantes le huyen, es controversial, es más fácil acercarse a proyectos de investigación que son presentables para la mamá y la tía, pero hay otros como estos que entran como en reversa, causan gran cantidad de tensiones”, explicó.
Jairo Miguel Torres, rector de la Universidad de Córdoba, y presidente de la Asociación Colombiana de Universidades, también destacó este tipo de investigaciones no solo por lo que cuesta en lo económico.
“Las universidades investigamos para comprender situaciones, pero si no se escudriña lo nuevo no va a tener espacio en la vida, en el mundo social”, dijo. Y recordó que ese camino que ella está abriendo lo han emprendido los estudiosos de la champeta, del vallenato.
“Son temas relegados a sectores bajos de la sociedad, es algo que se ve de manera despreciativa, pero en esa expresión musical hay un contenido de un mundo social que se expresa”, recalcó.
