Durante décadas, hablar de anticoncepción en Colombia ha significado, en buena medida, hablar de mujeres. La píldora, los implantes, los dispositivos intrauterinos y otros métodos han ocupado buena parte de la conversación sobre planificación familiar, mientras que para los hombres las alternativas se han concentrado principalmente en el condón y la vasectomía.
Una investigación presentada en Colombia plantea una pregunta que podría cambiar esa conversación: ¿qué pasaría si los hombres tuvieran más opciones para prevenir un embarazo?
La respuesta inicial es contundente. El 80,5 % de los hombres consultados afirmó que usaría un nuevo anticonceptivo masculino si estuviera disponible, de acuerdo con el estudio Conocimientos, actitudes y comportamientos de los hombres y sus parejas en relación con los anticonceptivos masculinos, liderado por el Programa Especial de Reproducción Humana de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en alianza con la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF) y presentado en Colombia junto con Profamilia.

La investigación realizada en Colombia contó con más de 270 hombres entre los 18 y los 50 años y más de 270 mujeres. Sus resultados muestran que la disposición no está limitada a los hombres. El 84,1 % de las mujeres consultadas aseguró que confiaría en que su pareja utilizara un nuevo anticonceptivo masculino.
Una mayoría que quiere decidir en pareja

Las cifras más reveladoras aparecen cuando la pregunta deja de ser qué método utilizar y pasa a ser quién debe tomar la decisión.
El 87,8 % de los hombres y el 80 % de las mujeres participantes consideraron que la decisión sobre cuándo tener hijos y cuántos tener debe tomarse entre ambos integrantes de la pareja.

El estudio encontró, además, que más del 90 % de los participantes considera que la elección del método anticonceptivo debe ser una decisión compartida.
Para Paola Montenegro, directora de Investigaciones de Profamilia, este cambio abre una oportunidad para ampliar la oferta disponible.
“Durante décadas, la innovación en anticoncepción se ha concentrado principalmente en las mujeres. Estos hallazgos muestran que existe una oportunidad para ampliar las opciones disponibles para los hombres y avanzar hacia una oferta que responda mejor a las necesidades de todas las personas, siempre desde la evidencia científica y el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos”.
La discusión, sin embargo, tiene un punto fundamental: que exista aceptación no significa que estos métodos estén disponibles.

La píldora masculina todavía no está en las farmacias

La expectativa alrededor de los anticonceptivos masculinos ha crecido a medida que avanzan distintas líneas de investigación. Entre las alternativas estudiadas están los métodos hormonales orales e inyectables, que buscan intervenir temporalmente en la producción de espermatozoides.
La OMS explica que el desarrollo actual contempla diferentes aproximaciones, entre ellas, métodos dirigidos a la espermatogénesis, otros que buscan afectar la función de los espermatozoides y alternativas de oclusión de los conductos deferentes.
Por ahora, el hombre que quiere prevenir un embarazo dispone principalmente del condón y la vasectomía, además de las estrategias que las parejas pueden combinar con métodos utilizados por las mujeres.

La diferencia es importante. La vasectomía es una alternativa anticonceptiva masculina de carácter permanente, mientras que buena parte de la investigación actual busca desarrollar métodos reversibles que puedan utilizarse durante determinados periodos de la vida reproductiva.
La OMS ha advertido que el desarrollo de estas alternativas debe responder a criterios estrictos de eficacia y seguridad antes de que puedan llegar a la población general.
El interés existe, pero también los prejuicios

Los resultados de la investigación no muestran un panorama completamente despejado. Junto con la elevada disposición hacia nuevos métodos, aparecen barreras relacionadas con los mitos sobre la masculinidad, el temor a que un anticonceptivo afecte el desempeño sexual y la idea de que la anticoncepción continúa siendo principalmente responsabilidad de las mujeres.
Ese último punto resulta especialmente relevante porque puede explicar la distancia que todavía existe entre la intención y la práctica.
Un hombre puede afirmar que utilizaría un nuevo método cuando esté disponible, pero su decisión real dependerá de factores como la información que reciba, la confianza en su eficacia, los posibles efectos secundarios, la facilidad de acceso y la percepción que tenga sobre su impacto en la sexualidad.

La vasectomía ofrece un ejemplo de esas tensiones. Cerca de seis de cada diez hombres que aún no se han realizado el procedimiento dijeron que probablemente considerarían hacerlo en el futuro. Sin embargo, los mitos y la desinformación continúan influyendo en la decisión.
Por eso, para Profamilia, la discusión sobre nuevos anticonceptivos debe ir acompañada de educación e información basada en evidencia. No se trata únicamente de desarrollar un medicamento, sino de crear las condiciones para que las personas puedan tomar decisiones informadas sobre su salud sexual y reproductiva.
