El terremoto de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, no solo dejó daños materiales y afectaciones físicas.
Más de dos semanas después, algunas personas todavía pueden experimentar miedo, angustia, dificultades para dormir o una sensación constante de que algo malo puede volver a ocurrir.

El cerebro puede quedarse en modo alerta
Una de las respuestas que pueden aparecer después de una experiencia amenazante es la hipervigilancia, un estado en el que la persona permanece especialmente atenta a posibles señales de peligro.
Por eso, después de un terremoto, un ruido fuerte, una vibración, un movimiento corporal o incluso la sensación de que el piso se mueve pueden generar nuevamente miedo.
También pueden aparecer temor a dormir, dificultad para regresar a determinados lugares o una necesidad constante de comprobar que todo está bien.
“Es un mecanismo de protección. El cerebro ha aprendido que el peligro puede aparecer de forma inesperada y durante un tiempo permanece atento para reaccionar con rapidez”, explicó Andrea Catalina Rojas, psicóloga de Primero.
La preocupación adquiere mayor importancia cuando permanece durante semanas, aumenta progresivamente o comienza a interferir con actividades cotidianas.
El CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades), también señala que las reacciones emocionales después de un desastre pueden ser intensas y que, si persisten o interfieren con la vida diaria, es recomendable buscar apoyo profesional.

¿Cuándo el miedo requiere atención profesional?
Hay señales que merecen especial atención. Entre ellas están las dificultades persistentes para dormir, la imposibilidad de regresar a lugares que ya son seguros y el aislamiento.
A esto se une una preocupación constante o un nivel de angustia que afecta el trabajo, el estudio y las actividades habituales.
También pueden presentarse ansiedad intensa, irritabilidad, problemas de concentración, pesadillas o cambios importantes en el comportamiento.
El CDC advierte que, cuando este tipo de síntomas se vuelven crónicos o interfieren con las actividades diarias, se debe considerar la búsqueda de atención médica o de salud mental.
Buscar ayuda no significa que la persona esté reaccionando de manera exagerada.
La atención psicológica puede ayudar a comprender lo ocurrido, manejar el miedo y desarrollar herramientas para recuperar gradualmente la sensación de seguridad.
La OMS, además, recomienda el apoyo psicológico y práctico para las personas que atraviesan situaciones de crisis y presentan angustia.

Mantener, en la medida de lo posible, los horarios habituales, descansar, alimentarse adecuadamente y mantenerse cerca de familiares, amigos o personas de confianza puede ayudar durante el proceso de recuperación.
El CDC recomienda retomar progresivamente las rutinas y mantener los vínculos sociales después de un desastre.
El impacto de un terremoto, por tanto, no termina cuando cesan los movimientos. Para algunas personas, recuperar la tranquilidad puede tomar tiempo.
Reconocer el miedo, limitar la sobreexposición a contenidos de la emergencia y pedir ayuda cuando el malestar comienza a afectar la vida cotidiana también hacen parte de la reconstrucción después de una tragedia.
