De acuerdo con datos citados de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 75 % de las mujeres experimentará al menos un episodio de infección vaginal a lo largo de su vida, siendo la candidiasis y la vaginosis bacteriana dos de las causas más comunes. Además, entre el 45 % y el 50 % de quienes las presentan podría volver a sufrir nuevos episodios.

¿Qué puede aumentar el riesgo de infecciones vaginales?
Uno de los elementos que cumple un papel importante es la microbiota vaginal, compuesta principalmente por bacterias del género Lactobacillus, que contribuyen a proteger la zona íntima frente a la proliferación de hongos y otros microorganismos.
“Cuando la microbiota vaginal se encuentra equilibrada, los lactobacilos ayudan a mantener un pH adecuado que dificulta el crecimiento de microorganismos asociados con infecciones. Cuando ese equilibrio se altera, aumenta la posibilidad de desarrollar episodios, especialmente por hongos como la Candida”, explicó Samir Orozco, cofundador de Fem Probiotics.
Aunque la edad no sería necesariamente el principal factor de riesgo, existen prácticas cotidianas que pueden alterar este equilibrio. Entre ellas se encuentran una alimentación alta en harinas y azúcares, utilizar frecuentemente ropa demasiado ajustada, permanecer con prendas húmedas después de nadar, tener una higiene inadecuada o mantener relaciones sexuales sin protección.
Los hábitos que pueden ayudar a prevenirlas
Distintas investigaciones han estudiado el papel de los probióticos como una alternativa complementaria para favorecer las bacterias benéficas y conservar el equilibrio de la microbiota vaginal.
Sin embargo, el especialista advierte que estos productos no reemplazan los medicamentos cuando una infección ya está presente y tampoco tienen efecto sobre las infecciones de origen bacteriano. Su utilización estaría dirigida principalmente a la prevención.
A esto se suman algunas recomendaciones relacionadas con los hábitos diarios: mantener una alimentación equilibrada, elegir ropa interior cómoda y elaborada con materiales transpirables, secar correctamente la zona después de actividades acuáticas y evitar las duchas vaginales.

También es importante prestar atención a las señales de alerta. Ante síntomas como flujo anormal, picazón, ardor o mal olor, la recomendación es consultar oportunamente con un ginecólogo y evitar recurrir únicamente a medidas caseras.
La prevención, según los expertos, debe abordarse de manera integral. Mantener hábitos adecuados, cuidar el equilibrio de la microbiota y acudir al médico cuando sea necesario puede ayudar a disminuir la recurrencia de estas afecciones.
