Todo empezó con un par de tacones. La primera vez que Chris Ferreira apareció en cámara usándolos, el video se movió a una velocidad que él no esperaba. Thalía reaccionó. El alcance se multiplicó. “En ese momento pensé: ok, acá hay algo”, dice ahora, años después, cuando el número de seguidores repartidos entre plataformas supera los nueve millones. Vinieron portadas de revistas, medios extranjeros, una invitación a la New York Fashion Week.
Pero el consultorio nunca cerró. Ferreira es licenciado en Nutrición por una universidad de Encarnación, tiene un equipo de más de quince personas trabajando desde Paraguay y sigue atendiendo pacientes. Esa doble vida, la del desfile y la de la consulta, es donde ocurre lo interesante.
“Está el que quiere bajar de peso pero sin dejar de comer absolutamente nada de lo que ya come. Si le sacás la gaseosa de la dieta, por poco no te hace una denuncia”. Se ríe. Después sigue con los otros dos perfiles que, dice, se repiten sin falta: el que espera que el nutricionista haga todo el trabajo y descubre con espanto que va a tener que cocinar, y el que aparece una semana antes de un casamiento pidiendo diez kilos menos en siete días.
El chiste tapa un diagnóstico. “La gente busca resultados rápidos cuando en realidad los cambios que duran son los que se construyen con hábitos”. Esa impaciencia no se fabrica en el consultorio. La Organización Mundial de la Salud advirtió en 2024, junto a TikTok, que uno de cada cuatro adultos jóvenes recurre a redes sociales para buscar información médica. En ese mismo lugar trabaja Ferreira. Con título, y con tacones.
Lo que no era chiste
Hay algo que tardó años en poder decir en cámara. “La mayoría de la gente me conoce por el humor, por la energía y por hacer reír. Durante mucho tiempo sentí que tenía que sostener esa imagen todo el tiempo y prefería mantener esa parte de mi vida en privado. Me daba miedo que la gente pensara distinto de mí o romper esa fantasía de que siempre estoy bien y con buena onda”. Habla de sus crisis de ansiedad. Cuando finalmente las contó, el resultado fue el contrario al que temía. “Entendí que mostrarse vulnerable no te hace más débil. Al contrario, muchas veces es lo que más acerca a la gente”.
A su comunidad la llama Patricia. O Paty. El apodo empezó como broma y terminó funcionando como contraseña: quien lo entiende ya está adentro. Chris Ferreira dice que de ahí vienen los mensajes que lo sostienen, y que son de dos tipos. Los de quienes bajaron de peso, y los de quienes le escriben para contarle que en un día malo su contenido les sacó una sonrisa. Los segundos, admite, pesan más.
El costo de no apagar
No todo está resuelto. El algoritmo cambia sin aviso y obliga a reaprender el oficio cada tanto, dice, y eso lo tiene atento a algo que se mueve todo el tiempo. Al principio se comparaba con otros creadores, miraba números ajenos y no podía evitarlo. Eso ya lo dejó. Lo que no logra dejar es otra cosa. “Salvo que me vaya solo a una isla sin internet, siempre estoy pensando en una idea, un video o revisando algo. Y eso, aunque también es parte de mi pasión, a veces termina afectando la creatividad, que al final es mi herramienta de trabajo más importante”.
Tiene una palabra propia para lo que quiere ser, y la usa sin pedir permiso. “Me gustaría que se me conociera como un Nutricelebrity que entretiene, informa e inspira”, dice Chris Ferreira. Menciona proyectos en puerta, formatos nuevos, la idea de no quedarse solo en las redes. De los tacones hasta acá pasaron unos cuantos años, y él insiste en que recién arranca.