Una película que se rueda en Colombia. Un artista nacional que llena escenarios internacionales. Un festival que durante unos días transforma la economía de una ciudad. Detrás de cada una de estas experiencias hay mucho más que entretenimiento: hay empleo, inversión, turismo, talento y una cadena de sectores que encuentran en la creatividad una nueva fuente de desarrollo.
La cultura ya no puede entenderse únicamente como una expresión artística o como un espacio reservado para el ocio. Su impacto se extiende al audiovisual, la música, los espectáculos en vivo, la gastronomía, la moda, el diseño y la arquitectura, entre otras actividades que hoy hacen parte de un ecosistema económico cada vez más relevante.
De acuerdo con la Cuenta Satélite de Economía Cultural y Creativa del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), el sector alcanzó en 2025 un valor agregado de 47,8 billones de pesos, equivalente al 2,89 por ciento de la economía nacional, y generó más de 820.000 empleos.
Pero más allá de los indicadores, la discusión plantea una pregunta de fondo: ¿Colombia está reconociendo el verdadero potencial de una industria capaz de transformar territorios, atraer inversión y proyectar su talento ante el mundo?
Este será el tema de la séptima entrega de Voces que transforman, la serie de charlas digitales del Círculo de Mujeres Semana Dinero, que reunirá a seis líderes para conversar sobre ‘Industria cultural: economía creativa, la cultura y el entretenimiento como motores de desarrollo’.

Para Margarita María Rodríguez, gerente general de Vinanest Solution, el impacto de la cultura debe medirse más allá del éxito inmediato de un evento. El desafío está en convertir esas experiencias en una oportunidad para construir ciudades con mayor capacidad de atraer visitantes, inversión y reconocimiento internacional. “Invertir en cultura genera desarrollo. Pero debemos ir más allá, no solo atraer visitantes a un concierto, sino crear experiencias culturales capaces de posicionar nuestras ciudades durante décadas. Y cuando eso ocurre, la cultura deja de ser solamente entretenimiento para convertirse en un elemento clave del desarrollo económico, la reputación internacional y la construcción de marca ciudad”, asegura Rodríguez.
La reflexión abre una discusión que va más allá de la programación de un concierto o la realización de un festival. ¿Qué ocurre cuando un evento logra activar hoteles, restaurantes, transporte y otros servicios? ¿Y qué pasa cuando, además, se convierte en una ventana para mostrar una ciudad o un país?
Para María Claudia Martínez, socia de Martínez Quintero Mendoza González Laguado & De La Rosa, precisamente allí está una de las grandes fortalezas de la industria cultural: su capacidad para generar conexiones con otros sectores y abrir oportunidades que trascienden la actividad creativa en sí misma.
“La industria cultural ya no es una promesa a futuro, se está transformando y se ha ganado un espacio muy importante. Representa empleo, transferencia de conocimiento, turismo, hotelería, transporte, tecnología y mucho más. Colombia ha enviado un mensaje claro al mundo: queremos competir globalmente en esta industria y tenemos las capacidades y el talento para hacerlo”, afirma Martínez.
Y esa capacidad de conectar diferentes actividades es una de las características que define a la economía creativa. Para Romy Schaller, gerente de Schaller Rossi & Partners, uno de los principales retos es ampliar la manera en que se entiende la cultura y reconocer las múltiples industrias que hacen parte de este ecosistema.
“Se ha reducido la cultura únicamente al arte y el entretenimiento, cuando en realidad abarca mucho más. Se construye desde el diseño, la gastronomía, la arquitectura, la moda, el deporte y la experiencia como tal. Las industrias más poderosas ya no funcionan aisladas, sino como un ecosistema”, sostiene Schaller.
Es decir, la creatividad no funciona en compartimentos separados. Una ciudad puede convertir su gastronomía en una experiencia turística; la moda puede dialogar con el diseño y el entretenimiento; y un gran evento puede movilizar a toda una cadena de servicios. En ese cruce de talento, inversión e innovación está buena parte del potencial de esta industria.
Sin embargo, pese a su crecimiento, la cultura todavía enfrenta un desafío: dejar de ser vista como un complemento y ser reconocida como un sector estratégico para el desarrollo. Así lo plantea Julieth Peraza Torres, directora ejecutiva de la Fundación Cocha Molina.
“La industria cultural aún se ve como el adorno del PIB, como el postre y no como un plato fuerte. Sin embargo, las cifras y los impactos territoriales muestran una realidad diferente. La industria cultural aporta, según cifras de la Unesco, el 3,1 por ciento al PIB del planeta, es decir, 2,2 billones de dólares. En Colombia, aporta cerca del 3 por ciento al PIB, algo así como 44 billones de pesos. Solo por nombrar un ejemplo, Valledupar, en cinco días del Festival Vallenato, aportó 230.000 millones de pesos, con más de 150 hoteles llenos y más de 200.000 turistas”, destaca Peraza.
Uno de los crecimientos más evidentes es el audiovisual. Ana María Barreto Hoyos, CEO de CMO Producciones, destaca la transformación que ha vivido la producción cinematográfica en las últimas dos décadas y el papel que han tenido las políticas de incentivo para fortalecer el sector.
“Cuando en 2003 se crea la Ley 814, que busca aumentar la producción de largometrajes en el país, comienza una evolución muy importante: pasamos de producir cinco largometrajes al año a realizar alrededor de 80, compitiendo con países históricamente muy competitivos como España, República Dominicana y Uruguay”, cuenta Barreto.
En ese punto, la experiencia de Lina Cáceres, fundadora y CEO de Latin World Entertainment, permitirá incorporar la perspectiva de una industria en constante transformación como el entretenimiento, marcada por la evolución de las audiencias, los contenidos y las nuevas formas de conectar el talento con mercados cada vez más globales.
“Hace 14 años entré a la economía de los creadores, un mundo que muchos la califican como solo una moda, pero que genera alrededor de medio billón de dólares a nivel global y superará los 20 mil millones de dólares en Latinoamérica”, destaca Cáceres, quien creó la primera agencia de management de talentos digitales en Latinoamérica, que le cambió su concepto de la creatividad. “Me di cuenta de que la creatividad no es un privilegio de pocos, sino una capacidad humana que todos tenemos porque crear es conectar ideas, imaginar soluciones, abrir nuevos caminos, atreverse a pensar diferente y si esa creatividad se transforma en una idea, una canción, un contenido, un producto, un servicio o incluso una empresa, se genera valor, empleo y desarrollo”.
Para las líderes, ahora el reto es entender que detrás de una película, un concierto, un festival, una experiencia gastronómica o una propuesta de diseño hay mucho más que creatividad. Hay una cadena de valor que genera empleo, moviliza inversión, fortalece los territorios y puede abrir nuevas oportunidades para Colombia.
La pregunta ya no es si la cultura puede aportar al desarrollo. El desafío es cómo aprovechar su potencial para convertir el talento y la creatividad en una apuesta sostenible, competitiva y capaz de proyectar al país ante el mundo.
La cita es este jueves 27 de agosto, a las 5:00 p. m., en la séptima entrega de Voces que transforman, que podrá seguirse a través de Semana.com y las cuentas oficiales de SEMANA en Facebook, X y YouTube, @RevistaSemana.
