El pejegallo (Callorhinchus callorynchus), una criatura de piel lisa y tonalidades plateadas que habita en las costas del Pacífico sur y el Atlántico, ha sido durante mucho tiempo un enigma para la biología marina.

Aunque está emparentado con los tiburones y las rayas, este pez cartilaginoso —conocido como quimera o tiburón fantasma— posee una apariencia “espectral” que lo distingue de otras especies. Recientemente, un equipo de investigadores liderado por especialistas chilenos logró descifrar su historia de vida completa utilizando una herramienta innovadora: el cristalino de sus ojos.
Un diario biológico oculto en la mirada
A diferencia de otros tejidos que solo ofrecen una “foto” del pasado reciente, el ojo de la quimera funciona como una cápsula del tiempo. El cristalino crece a través de capas concéntricas que de forma similar a los anillos de un árbol, conservan una huella química inalterable de lo que el animal consumió en cada etapa de su desarrollo.
Mediante el análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno, los científicos pudieron reconstruir la trayectoria del pejegallo desde que es un neonato hasta su etapa adulta.

Mientras que el carbono permite identificar si el animal se encontraba en zonas costeras o en mar abierto (pelágico), el nitrógeno revela su nivel exacto dentro de la cadena alimentaria. Esta es la primera vez que se aplica esta técnica en un pez cartilaginoso en Chile para entender su rol ecológico a lo largo de toda su vida.
La estrategia de supervivencia: de generalistas a especialistas
El hallazgo más sorprendente del estudio es lo que los investigadores denominan una estrategia trófica bifásica. Durante su primer año de vida, los pequeños tiburones fantasma actúan como generalistas extremos, alimentándose de una variedad de presas muy amplia.
Esta conducta no es azarosa; les permite sobrevivir en una etapa de alta vulnerabilidad y evita que compitan directamente por el alimento con los adultos de su propia especie.
Una vez superada esta etapa crítica, la dieta del pejegallo se vuelve más específica y especializada. Al alcanzar la madurez, los individuos tienden a desplazarse hacia hábitats más pelágicos, ampliando su rango de movimiento, aunque curiosamente mantienen un papel ecológico similar al que tenían cuando eran juveniles.

Ciencia aplicada a la conservación marina
Este descubrimiento tiene implicaciones directas para la protección de la biodiversidad en el Cono Sur. El pejegallo es una especie con importancia comercial, pero actualmente está clasificada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) debido a la presión pesquera.

El trabajo de campo realizado en zonas como Caleta Higuerillas ha permitido identificar áreas que podrían ser fundamentales para el apareamiento y la puesta de huevos.
Al entender dónde se alimentan y cómo cambian sus necesidades según su edad, las autoridades pueden tomar decisiones más precisas para gestionar la pesca de manera sostenible, asegurando que el recurso no se agote mientras se protege el equilibrio de las tramas tróficas marinas.
