Hace unos 304 millones de años, durante una gran etapa glacial, la Tierra experimentó un cambio climático que comenzó con un aumento relativamente moderado de las temperaturas, pero terminó provocando un calentamiento mucho mayor.

Según la investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), la temperatura de la superficie de los océanos llegó a incrementarse en más de 7 °C, pese a que grandes extensiones del planeta estaban cubiertas por hielo.
El estudio, liderado por Le Yao, del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing, junto con un equipo internacional en el que participó Thomas Algeo, profesor de la Universidad de Cincinnati, demuestra que incluso un planeta en plena Edad de Hielo podía responder de manera drástica ante un aumento relativamente pequeño de la temperatura.

El episodio, conocido como máximo térmico Kasimoviano-Gzheliano (KGTM), ocurrió durante la Edad de Hielo del Paleozoico tardío. Para reconstruir las condiciones climáticas de ese periodo, los investigadores analizaron fósiles de conodontos, cuyos dientes contienen señales químicas relacionadas con la temperatura del océano. Las muestras, procedentes de distintas regiones de China y de los montes Urales en Rusia, permitieron comparar evidencias de zonas geográficas alejadas.
Los resultados indican que la temperatura media global de la superficie aumentó cerca de 7,5 °C, mientras que el dióxido de carbono atmosférico pasó de unas 300 a 700 partes por millón. El cambio ocurrió por alrededor de 175.000 años y se desarrolló en dos etapas principales, con incrementos de temperatura cercanos a 2 °C y 3,5 °C, respectivamente.

¿Este fenómeno puede volver a ocurrir?
La investigación adquiere especial relevancia al compararse con el clima actual. Desde una perspectiva geológica, la Tierra todavía se encuentra en una etapa fría o icehouse, debido a la presencia de grandes masas de hielo en Groenlandia y la Antártida.
Los científicos señalan que el calentamiento contemporáneo puede activar mecanismos de retroalimentación, entre ellos la pérdida de hielo y la liberación de carbono almacenado en el permafrost. Estos procesos pueden intensificar el aumento de las temperaturas y modificar otros componentes del sistema climático.

Sin embargo, el escenario actual no es idéntico al del Paleozoico, pues existen diferencias importantes en la configuración de los continentes, la atmósfera, los ecosistemas y las escalas de tiempo.
El hallazgo tampoco supone una predicción de que la Tierra vaya a repetir exactamente aquel episodio ni de que se aproxime una catástrofe climática inmediata. Su principal aporte es dejar en evidencia el cambio que desencadena esto, especialmente cuando se alcanzan determinados umbrales.
