Varios países en el mundo enfrentan diversas situaciones de emergencia desencadenadas por desastres naturales. Ante este panorama, un equipo internacional de científicos analizó cuáles serían las condiciones que permitirían a una sociedad resistir y recuperarse frente a una catástrofe capaz de afectar al planeta.

El estudio, publicado en Global Challenges, busca determinar qué territorios tendrían mayores posibilidades de mantener a su población y sus sistemas básicos funcionando durante una crisis global. Entre los aspectos considerados están los recursos disponibles, la infraestructura, la estabilidad social y la capacidad de adaptación frente a situaciones extremas.
Aunque la investigación identifica regiones con mejores condiciones para afrontar este tipo de escenarios, sus resultados no significan que exista un lugar completamente seguro. Una catástrofe global podría generar efectos que trasciendan las fronteras y afectar incluso a regiones inicialmente menos expuestas.

Los países con mejores condiciones de resiliencia
Los investigadores, liderados por Florian Ulrich Jehn, no buscaron determinar qué país podría “sobrevivir” de manera absoluta, sino evaluar la reacción de las sociedades frente a escenarios extremos. Para ello, la definieron como la capacidad de mantener funciones esenciales y el bienestar de la población, recuperarse tras una crisis y adaptarse a nuevas condiciones. El análisis partió de una revisión de 3.200 documentos científicos.
Entre los países que aparecen con mejores condiciones de resiliencia se destaca Australia, seguida de Nueva Zelanda, Brasil y Argentina, mientras que Suiza y Japón también son mencionados. En el caso australiano, los investigadores resaltan su aislamiento geográfico, su ubicación en el hemisferio sur, su gran extensión territorial, diversidad climática y capacidad agrícola, factores que ayudarían ante determinados escenarios de catástrofe global.

Ante una reducción drástica de la luz solar, provocada por una guerra nuclear, una gran erupción volcánica o el impacto de un asteroide, las condiciones geográficas de algunos países podrían marcar una diferencia. El descenso de las temperaturas afectaría la producción agrícola mundial, aunque ciertas regiones del hemisferio sur podrían tener ventajas dependiendo del lugar donde se origine el evento.
En el caso de una pandemia extrema, la resiliencia dependería de otros factores, como contar con sistemas sanitarios sólidos, atención médica universal, control fronterizo, cadenas de suministro confiables y bajos niveles de corrupción. La confianza de la población en las instituciones también sería determinante.
Australia y Nueva Zelanda destacan en varios de estos aspectos, al igual que Suiza, Canadá y algunos países escandinavos.

El estudio plantea, en última instancia, que la preparación ante una catástrofe global no consiste únicamente en encontrar un territorio alejado de las principales amenazas. La verdadera ventaja estaría en construir sociedades capaces de garantizar alimentos y energía, proteger sus infraestructuras, mantener los servicios esenciales y responder de manera coordinada ante una crisis.
