Las redes sociales están llenas de trucos caseros que despiertan curiosidad. Algunos parecen sacados de una película, mientras que otros tienen una explicación más sencilla de lo que parece. Uno de los más comentados consiste en poner un rollo de papel higiénico dentro de la nevera, una práctica que ha ganado popularidad, sobre todo en países donde las altas temperaturas del verano favorecen la acumulación de humedad.

Según medios internacionales como Okdiario, este truco se basa en las propiedades de la celulosa, el material con el que se fabrica el papel higiénico. Gracias a su estructura porosa, puede absorber parte de la humedad presente en el ambiente del refrigerador.
Esa capacidad podría ayudar a reducir la condensación, disminuir algunos malos olores al retener partículas suspendidas en el aire y contribuir a que frutas y verduras se conserven en mejores condiciones. Sin embargo, no se trata de una solución milagrosa ni existen pruebas concluyentes de que reduzca el consumo de energía del electrodoméstico.
Cómo usar el rollo de papel higiénico en la nevera
Si se quiere poner en práctica este truco, lo recomendable es utilizar un rollo nuevo, limpio y completamente seco. Debe colocarse en una balda superior o en un compartimento lateral, lejos de alimentos que puedan humedecerlo directamente.
También es importante reemplazarlo cada tres o cuatro semanas, o antes si pierde su forma o se moja.
Eso sí, el papel higiénico no sustituye el mantenimiento habitual del refrigerador. Si el mal olor proviene de alimentos descompuestos, líquidos derramados o suciedad acumulada, el problema seguirá presente aunque haya un rollo dentro.

Más trucos para reducir la humedad y los olores
Este método puede complementarse con otros métodos caseros utilizados para mantener la nevera en mejores condiciones. Entre los más populares están el bicarbonato de sodio, el carbón activado, el café molido y las cáscaras de cítricos, conocidos por ayudar a neutralizar algunos olores.
Aun así, la medida más efectiva sigue siendo una buena rutina de limpieza. Lo ideal es retirar con frecuencia los alimentos en mal estado, limpiar las bandejas y el interior con agua y jabón y, cuando sea necesario, desinfectar con una solución de lejía diluida. En ese proceso es fundamental no mezclar cloro con vinagre u otros productos de limpieza, ya que puede generar gases peligrosos.

Los expertos también recomiendan mantener la nevera con una carga equilibrada. Un frigorífico moderadamente lleno intercambia menos aire con el exterior cada vez que se abre la puerta, lo que puede favorecer una temperatura más estable. En ese contexto, el rollo de papel podría aportar un efecto mínimo sobre la humedad, aunque no representa un ahorro energético significativo.
En cuanto al mantenimiento, se aconseja realizar una limpieza ligera al menos una vez por semana y una limpieza profunda aproximadamente cada tres meses para mantener el electrodoméstico en buen estado y prolongar la conservación de los alimentos.
