Unos dientes con un desgaste inusual permitieron a investigadores encontrar una de las evidencias más antiguas conocidas del consumo de sustancias psicoactivas. Los restos pertenecieron a dos cazadores-recolectores que habitaron en la isla indonesia de Sulawesi hace miles de años y presentan trazas de arecolina, el compuesto activo de las nueces de betel.

El hallazgo sugiere que los primeros ejemplos de consumo de estimulantes psicoactivos por parte de los humanos podrían remontarse hasta hace unos 25.000 años, mucho antes de lo que se suponía.
Una práctica que se remonta miles de años
Los restos de los dos cazadores-recolectores, procedentes de yacimientos del Pleistoceno tardío y el Holoceno medio, fueron analizados en un estudio publicado este miércoles (09.09.2026) en la revista Science Advances.
El descubrimiento podría constituir la prueba más antigua conocida de consumo de sustancias psicoactivas y “permitir deducir las raíces prehistóricas de uno de los estimulantes adictivos más extendidos del mundo”, señala la investigación.

La nuez de betel, también conocida como nuez de areca, es una de las drogas de origen vegetal más populares de Asia y el Pacífico Sur. Tradicionalmente se consume como una mezcla conocida como “betel quid”, que puede generar una sensación de euforia leve y aumentar el estado de alerta.
Aunque es poco conocida en Occidente, “es la cuarta sustancia psicoactiva más consumida del mundo, después del alcohol, la cafeína y la nicotina”, destaca Adam Brumm, autor principal e investigador de la Universidad de Griffith.
La pista estaba en sus dientes
Los investigadores estudiaron los dientes de dos recolectores preagrícolas. El más antiguo fue datado entre 25.000 y 16.000 años antes del presente, mientras que el segundo vivió entre 7.600 y 6.300 años.
Ambos presentaban surcos profundos y redondeados, un desgaste poco habitual que llevó a los científicos a plantear que habían chupado repetidamente objetos duros y redondos, como nueces enteras.
El análisis dental reveló posteriormente trazas de arecolina, el principal compuesto neuroactivo del betel, en los dos individuos, lo que aportó pruebas de su ingestión.
El efecto que buscaban los antiguos humanos
Para comprobar esta hipótesis, el equipo sumergió nueces de betel en saliva artificial y analizó el resultado utilizando receptores humanos clonados expresados en óvulos de rana.
“Esto demostró que el simple hecho de chupar nueces de betel intactas libera arecolina en cantidades suficientes como para producir un efecto fisiológico que altera la función cerebral”, explica Brumm en un comunicado de la universidad australiana.
Un remedio que terminó dañando sus dientes
Los antiguos recolectores tenían con frecuencia una dentadura deteriorada. Debido a que la arecolina puede actuar como analgésico, los investigadores plantean que chupar las semillas pudo haber servido para aliviar molestias en la boca.
Pero el hábito también tenía consecuencias. Las semillas, duras y abrasivas, desgastaron los dientes hasta el punto de que, en algunos casos, la cámara pulpar interna quedó completamente expuesta.

“Esto habría sido extremadamente doloroso, habría causado dificultades para comer y habría aumentado considerablemente la tasa de infecciones dentales crónicas”, considera Brumm.
“Imagina que te metieras una piedra en la boca y la movieras de un lado a otro, y que lo hicieras día tras día, hora tras hora. Con el tiempo, acabaría desgastando tu tejido dental, que es extremadamente duro, hasta formar estos surcos”, dice Gramm, en declaraciones recogidas por The Guardian.
Un hallazgo que cambia la historia
Los investigadores consideran que la evidencia representa “un cambio significativo” en la comprensión de la historia del consumo de estimulantes humanos.
El estudio permite rastrear la práctica de la nuez de betel hasta el Pleistoceno tardío, mucho antes de periodos como el Neolítico o la Edad del Bronce, hace unos 3.500 años, que anteriormente eran considerados como posibles puntos de inicio de estas prácticas.
*Con información de DW.
