La misión Apolo 11 marcó un antes y un después en la historia de la exploración espacial. En julio de 1969, por primera vez, una misión tripulada consiguió llevar seres humanos hasta la superficie de la Luna y traerlos de regreso a la Tierra.

El viaje fue el resultado de un ambicioso objetivo planteado por el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, el 25 de mayo de 1961. En esa fecha, el mandatario se comprometió a que su país enviaría astronautas a la Luna antes de finalizar la década y garantizaría su regreso. La promesa dio paso a años de investigaciones, inversiones y avances científicos que hicieron posible la hazaña.
El 16 de julio de 1969, el cohete Saturno V despegó desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, con tres astronautas a bordo: Neil Armstrong, comandante de la misión; Buzz Aldrin, piloto del módulo lunar, y Michael Collins, responsable de pilotar el módulo de mando.

Décadas después de aquel acontecimiento, parte de la historia de esta misión volvió a salir a la luz, esta vez desde las profundidades del océano Atlántico. En marzo de 2013, una expedición privada financiada por Jeff Bezos emprendió la búsqueda de los restos de los motores F-1 del Saturno V, utilizados en el programa Apolo.
Durante tres semanas de trabajo a bordo del buque Seabed Worker, el equipo logró recuperar numerosos componentes que permanecían a casi 4.200 metros de profundidad. Para localizarlos y extraerlos, los especialistas utilizaron vehículos submarinos controlados a distancia, equipados con cámaras y herramientas para operar en condiciones de poca visibilidad y fuertes corrientes.

Entre los objetos encontrados había cámaras de combustión, turbinas, inyectores, generadores de gas e intercambiadores de calor. En conjunto, las piezas eran suficientes para reconstruir dos motores F-1 que habían participado en misiones espaciales, aunque su identificación no sería sencilla.
Después de más de cuatro décadas bajo el agua, la corrosión había deteriorado buena parte de las superficies y ocultado varios números de serie. Sin embargo, durante los trabajos de conservación, un especialista encontró una cifra que permitió establecer el origen de uno de los componentes: el número 2044.
El hallazgo confirmó que la pieza pertenecía al motor F-1 número 5 del Apolo 11, utilizado en el viaje que llevó a Armstrong, Aldrin y Collins hasta la Luna. Se trataba de una cámara de empuje, una estructura esencial para el funcionamiento del motor, en cuyo interior se mezclaban y quemaban el oxígeno líquido y el queroseno que impulsaban el cohete.
La recuperación representó un avance importante para la conservación de estos vestigios históricos. En 2016, la NASA transfirió varias de las piezas al Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsonian, donde quedaron bajo el cuidado de especialistas para su preservación y exhibición.

La operación estuvo liderada por David Concannon, quien destacó que el resultado fue posible gracias al trabajo conjunto de arqueólogos, ingenieros, pilotos de los vehículos submarinos, operadores de grúa, fotógrafos y otros integrantes de la tripulación.
La participación de este equipo multidisciplinario permitió rescatar objetos que, después de permanecer durante décadas en el fondo del océano, volvieron a ocupar un lugar en la historia de la exploración espacial.
