La extinción de los dinosaurios, ocurrida hace aproximadamente 66 millones de años tras el impacto de un asteroide, suele considerarse uno de los episodios más devastadores de la historia del planeta. Sin embargo, millones de años antes, hace unos 252 millones de años, la Tierra atravesó una catástrofe de proporciones aún mayores durante el final del período Pérmico.

A diferencia del impacto de un cuerpo espacial, esta crisis no ocurrió de manera repentina, sino que fue el resultado de un proceso prolongado que alteró el equilibrio del planeta. Los cambios habrían afectado la atmósfera y las condiciones necesarias para la vida, hasta generar un entorno extremadamente hostil.
La mayor catástrofe que ha sufrido la Tierra
Según información publicada por National Geographic, hace aproximadamente 251 millones de años, la región que actualmente corresponde a Siberia experimentó uno de los episodios volcánicos más prolongados de la historia del planeta. Este fenómeno, conocido como los traps siberianos, estuvo marcado por erupciones continuas que se extendieron durante cerca de dos millones de años y liberaron enormes cantidades de gases y sustancias tóxicas al ambiente.

La combinación de estos factores desencadenó una de las mayores extinciones masivas de la historia, conocida como la extinción del Pérmico-Triásico. Se estima que desapareció más del 90% de las especies marinas y cerca del 70% de los vertebrados terrestres. Los invertebrados también sufrieron pérdidas considerables, especialmente insectos gigantes que llegaron a alcanzar hasta dos metros de longitud.
Un estudio publicado en 2021 encontró que su concentración disminuyó durante las primeras etapas del evento y posteriormente volvió a aumentar. En medio de estas condiciones extremas, los organismos que habitaban en las profundidades oceánicas tuvieron mayores posibilidades de sobrevivir, pues estaban menos expuestos a los cambios que afectaban las aguas superficiales.

El aumento de las temperaturas también alteró el equilibrio de los océanos. A medida que el agua se calentaba, disminuía su capacidad para retener oxígeno disuelto, lo que favoreció la expansión de zonas sin este elemento. La falta de circulación de aguas oxigenadas hacia las profundidades agravó el problema y convirtió amplias regiones marinas en ambientes hostiles para numerosas especies.
A estas condiciones se sumó la proliferación de bacterias anaerobias, que favorecieron la acumulación de compuestos de azufre y la liberación de sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico. Al mismo tiempo, la disminución del oxígeno atmosférico y la presencia de sustancias contaminantes dificultaron la supervivencia de los seres vivos. En tierra firme, las lluvias ácidas también habrían contribuido al deterioro de la vegetación y de los ecosistemas.
