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Hallazgo sin precedentes en Nueva Zelanda: científicos descubren una especie inédita a más de 400 metros de profundidad

Los científicos se mostraron sorprendidos al confirmar la presencia de vida a estas profundidades, un entorno que hasta ahora no había sido estudiado de esta manera en la región.

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8 de septiembre de 2026 a las 9:41 a. m.
La investigación identificó diferencias en la forma corporal de estos peces según habitaran en lagos o en arroyos cercanos.
La investigación identificó diferencias en la forma corporal de estos peces según habitaran en lagos o en arroyos cercanos. Foto: Montaje Semana con fotos de Getty Images

Un hallazgo sin precedentes ha permitido descubrir un misterio oculto en las profundidades de los lagos Manapōuri y Te Anau, en Nueva Zelanda. Un equipo liderado por Roe Stuart capturó una especie inédita, lo que abrió la posibilidad de que en estos ambientes de agua dulce habite una especie hasta ahora desconocida.

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La expedición se realizó en dos lagos que superan los 400 metros de profundidad y permitió explorar zonas poco estudiadas. Según la información difundida por Phys.org a partir de un texto de la Universidad de Otago, los registros más profundos de vida en embalses de Nueva Zelanda alcanzaban anteriormente apenas los 90 metros.

La investigación surgió de una pregunta que aún no tenía respuesta: qué organismos habitan en las profundidades de los lagos de Aotearoa. Para explorarlo, el equipo liderado por Roe Stuart utilizó trampas cebadas con Marmite y capturó peces a diferentes profundidades, incluso en zonas caracterizadas por la oscuridad y una elevada presión.

El equipo dirigido por Roe Stuart colocó trampas a diferentes profundidades utilizando cerca de 2 kilómetros de cuerda.
El equipo dirigido por Roe Stuart colocó trampas a diferentes profundidades utilizando cerca de 2 kilómetros de cuerda. Foto: Universidad de Otago

Dos lagos que no habían sido estudiados

El lago Manapōuri, con 467 metros de profundidad, y el lago Te Anau, que alcanza los 430 metros, fueron el escenario de la exploración. Para colocar las trampas en las zonas más profundas, los investigadores utilizaron cerca de 2 kilómetros de cuerda y, al recuperarlas, encontraron peces en todas.

Entre los ejemplares capturados había bullies nativos y galáxidos, peces pequeños de unos 12 centímetros de largo, con brillo tornasolado y capacidad de trepar. Aunque algunos podrían ser ejemplares jóvenes de especies como el kōaro, sus características particulares han llevado a los investigadores a considerar que desarrollaron adaptaciones para sobrevivir en las condiciones extremas de las profundidades o, incluso, que pertenecen a una especie que hasta ahora no había sido identificada.

Fondo marino.
El lago Manapōuri, con 467 metros de profundidad, y el lago Te Anau, que alcanza los 430 metros, fueron estudiados. Foto: Getty Images

Un estudio previo sobre los kōaro, publicado en Evolutionary Ecology Research, ofrece un antecedente para analizar este hallazgo. La investigación identificó diferencias en la forma corporal de estos peces según habitaran en lagos o en arroyos cercanos.

Los ejemplares de ambientes lacustres tendían a tener cuerpos más robustos, cabezas más grandes y pedúnculos caudales más cortos y fuertes. Sin embargo, el estudio encontró poca o ninguna diferenciación genética significativa entre los peces de ambos hábitats, que podrían estar relacionadas con las condiciones del entorno.

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En el fondo de los lagos no hay luz, y es probable que estos poros sensoriales les ayuden a orientarse en su hábitat”, indicó Roe Stuart. No obstante, las pruebas genéticas son las únicas que pueden determinar si corresponden efectivamente a una nueva especie.