La posible llegada de un asteroide capaz de impactar directamente contra la Tierra ha sido, desde hace años, una preocupación constante, debido a los riesgos significativos que podría implicar. Según la International Science Teaching Foundation, los asteroides son cuerpos rocosos que orbitan en el espacio y, al ser más pequeños que los planetas, no alcanzan una forma esférica.

Cuando estos objetos ingresan a la atmósfera terrestre, se calientan por efecto de la fricción y generan un destello luminoso conocido como estrella fugaz. En la mayoría de los casos se desintegran antes de tocar la superficie; sin embargo, si algún fragmento logra sobrevivir y alcanzar el suelo, se denomina meteorito.
La mayor parte de los asteroides del Sistema Solar se concentra en el cinturón ubicado entre Marte y Júpiter, donde millones orbitan alrededor del Sol. A pesar de su abundancia, su masa total no supera el 6 % de la Luna. Se cree que no llegaron a formar un planeta, debido a la intensa influencia gravitatoria de Júpiter, que impidió su consolidación.

Más allá de esta región, también existen los asteroides troyanos, que comparten órbita con algunos planetas —especialmente Júpiter—, y los centauros, localizados entre los planetas gigantes. A ellos se suman los asteroides cercanos a la Tierra (NEO), cuyas trayectorias pueden cruzarse con la de nuestro planeta, motivo por el cual son monitoreados de forma permanente.
En este contexto, estos objetos han sido objeto de estudio durante décadas, lo que ha permitido a la comunidad científica analizar su comportamiento y anticipar posibles riesgos. Uno de los más conocidos es el asteroide Apophis (99942), también llamado el “Dios del caos”.

Descubierto en 2004, Apophis es un objeto cercano a la Tierra que completa una órbita alrededor del Sol cada 324 días. En un principio, se estimó una probabilidad de impacto del 2,7 % para 2029, lo que le otorgó una calificación inédita de 4 en la Escala de Turín y generó gran preocupación. No obstante, observaciones posteriores descartaron cualquier riesgo de colisión en el futuro cercano, según detalló starwalk.space.
Precisamente, su apodo tiene origen en la mitología egipcia. Apophis —también conocido como Apep— era una deidad asociada con el caos, la destrucción y la oscuridad. Se le representaba como una enorme serpiente que intentaba devorar al Sol cada noche, lo que explica por qué este asteroide heredó un nombre tan inquietante.
