Durante años, Europa, una de las lunas más estudiadas de Júpiter, ha sido considerada uno de los lugares con mayor potencial para albergar vida fuera de la Tierra.
sin embargo, un nuevo estudio científico acaba de poner en duda esa expectativa y reconfigura el mapa de la búsqueda de vida en el sistema solar.
Europa, un océano oculto bajo el hielo
Bajo su superficie congelada se esconde un vasto océano subterráneo de agua salada, un ingrediente clave para la vida, esta característica ha mantenido a la luna joviana en el centro de los planes de exploración espacial durante décadas.

No obstante, una investigación publicada en Nature Communications sugiere que ese océano podría no ser suficiente. El estudio cuestiona si Europa cuenta con la actividad geológica necesaria para sostener procesos biológicos complejos, un factor que en la Tierra fue decisivo para el surgimiento de la vida.
El papel crucial del fondo oceánico
En nuestro planeta, la vida primitiva se desarrolló alrededor de chimeneas hidrotermales situadas en el fondo marino. Allí, la interacción entre agua y roca, impulsada por actividad tectónica y volcánica, genera energía química y nutrientes esenciales.
Según el nuevo estudio, Europa podría carecer de ese dinamismo interno, haciendo que posiblemente se escape la esperanza de la humanidad.
“En la Tierra, la actividad tectónica como las fracturas y fallas expone roca fresca al ambiente, donde reacciones químicas —principalmente con el agua— generan compuestos como el metano, que la vida microbiana puede utilizar”, explica el autor principal Paul Byrne, científico planetario de la Universidad de Washington en St. Louis.
Un lecho marino demasiado rígido
Tras modelar las condiciones internas de Europa, los investigadores concluyeron que su fondo oceánico sería demasiado resistente desde el punto de vista mecánico. Esa rigidez impediría la formación de grandes estructuras tectónicas y limitaría la actividad hidrotermal.
El fondo oceánico “no contendría grandes estructuras tectónicas, como largas dorsales o profundas fosas. Es probable que no haya volcanes ni montes submarinos, y no tendría actividad hidrotermal”, plantea el coautor Christian Klimczak, geólogo de la Universidad de Georgia.
Sin esos procesos, agrega Byrne, “esas reacciones son más difíciles de establecer y mantener, lo que convierte al fondo oceánico de Europa en un entorno desafiante para la vida”.

Tamaño, estructura y agua en abundancia
Europa es la cuarta luna más grande de Júpiter y tiene un diámetro cercano a los 3.100 kilómetros, ligeramente menor que el de la Luna terrestre. Su capa de hielo podría alcanzar hasta 25 kilómetros de espesor, bajo la cual se extendería un océano de hasta 150 kilómetros de profundidad.
Paradójicamente, pese a su tamaño relativamente pequeño, se estima que ese océano podría contener el doble de agua que todos los océanos de la Tierra juntos, un dato que sigue alimentando el interés científico.
Tres requisitos, una gran duda
A pesar de las limitaciones, Europa cumple con tres condiciones consideradas esenciales para la vida: agua líquida, compuestos orgánicos y una fuente de energía.
“El océano subterráneo de Europa satisface el primer requisito. Hemos identificado compuestos orgánicos en la capa exterior de hielo de esta luna, y muy probablemente estos compuestos también estén presentes dentro del océano. Así que ese es el segundo requisito. Y la órbita particular de Europa implica que Júpiter genera calentamiento por mareas dentro de Europa —el tercer requisito—”, detalla Byrne.

El problema es la intensidad de ese calentamiento: “El efecto de este calentamiento por mareas disminuye rápidamente con la distancia, así que aunque hay suficiente calentamiento para evitar que el océano de Europa se congele por completo, no hay suficiente como para deformar tectónicamente el fondo oceánico”, explica el investigador.
¿Un pasado más prometedor?
El estudio se centra en el estado actual de Europa, pero no descarta que el escenario haya sido distinto hace miles de millones de años.
“Hay razones para pensar que Europa podría haber sido mucho más activa geológicamente en el pasado… quizá, durante un tiempo, ese mundo no solo fue potencialmente habitable, sino de hecho habitado”, asegura Byrne.
La misión Europa Clipper y la mirada hacia otros mundos
En 2024, la NASA lanzó la misión Europa Clipper, que llegará en 2031 para analizar si esta luna puede albergar vida.
“Aunque la geología opera de manera similar en todo el sistema solar, cada cuerpo planetario que hemos explorado ha demostrado tener algún proceso único. Según lo que sabemos sobre Europa, sigue siendo el mejor lugar para buscar vida extraterrestre”, afirma Klimczak.
Aun así, el nuevo estudio refuerza la idea de que otros cuerpos, como Titán —la luna de Saturno— podrían ganar protagonismo en la búsqueda de vida.
“No me preocuparía si no encontráramos vida en esta luna en particular. Estoy seguro de que hay vida en algún lugar, incluso a 100 años luz de distancia. Por eso exploramos: para ver qué hay ahí afuera”, concluye Byrne, en declaraciones recogidas por IFLScience.
*Con información de DW.
