El aire acondicionado es un electrodoméstico esencial en lugares con altas temperaturas. Sin embargo, a pesar de su utilidad, este equipo puede incrementar significativamente el consumo de energía en el hogar si no se usa de manera adecuada.
Según estimaciones del Departamento de Energía de Estados Unidos, los aires acondicionados consumen aproximadamente el 12% de la electricidad en las viviendas de ese país, “con costos que varían según la ubicación. Anualmente, esto representa un gasto de alrededor de 29.000 millones de dólares para los propietarios”.
Adicionalmente, según cifras de la empresa española Repsol, los aires acondicionados pueden consumir entre 200 y 1.000 kWh al año, dependiendo del uso.
No obstante, su eficiencia ha ido mejorando en los nuevos modelos que “consiguen ahorrar hasta un 50% respecto a los equipos de hace 20 años”, asegura la compañía Iberdrola.

Consejos
Con el objetivo de que no se eleve la factura de energía, es clave tener en cuenta varias recomendaciones al utilizar este electrodoméstico.
En primer lugar, es necesario no hacer cambios de temperatura radicales y de forma repentina. De acuerdo con la empresa LG, aunque esto puede permitir que el ambiente se enfríe con rapidez, también puede significar un incremento de la factura.

Según Repsol, una temperatura ideal para el aire acondicionado oscila entre los 20 y 26 °C. Si se programa por debajo de los 20 °C, se genera un incremento en el consumo de energía y un mayor cobro en la factura.
De igual manera, es necesario limpiar los filtros del aire una vez al año. “La limpieza del interior de la unidad es importante. Si se acumula polvo dentro de la máquina, es posible que el aire acondicionado tarde más tiempo en enfriarse y consuma más energía. No limpiar el interior también puede provocar olores desagradables en el interior de la máquina”, señala LG.

Otra recomendación es utilizar la función automática, llamada en algunos aparatos “Eco”, “Ahorro de energía” o similares. Su activación permite que el aire acondicionado funcione de forma automática, ajustando su intensidad según factores como la temperatura ambiente, la humedad y hasta el número de personas presentes en la estancia.
Según Europa Press, a diferencia del modo manual, donde el aparato sigue funcionando al mismo ritmo incluso después de alcanzar la temperatura deseada, el modo automático reduce el esfuerzo del compresor cuando ya se ha enfriado la habitación, ahorrando electricidad sin renunciar al confort.
