Entre la amplia oferta de electrodomésticos que ha surgido en los últimos años, la freidora de aire se ha convertido en una de las favoritas de los usuarios por su practicidad y, especialmente, por la comodidad que ofrece al cocinar de manera rápida y relativamente saludable.
Este dispositivo funciona mediante la circulación de aire caliente a alta velocidad, un mecanismo que permite obtener resultados similares a los de la fritura tradicional, pero usando muy poco aceite o incluso ninguno. De esta manera, los alimentos conservan una textura crujiente por fuera y suave por dentro, al tiempo que se reduce de forma significativa el contenido de grasas en las preparaciones.
Gracias a esta característica, es posible preparar alimentos como papas fritas, pollo o empanizados con un aporte calórico menor en comparación con la fritura convencional. Esto la convierte en una opción atractiva para quienes buscan cuidar su alimentación o necesitan cocinar de forma rápida debido a sus rutinas diarias.

No obstante, uno de los aspectos que genera inquietud es el consumo de energía de este tipo de aparatos. Aunque están diseñados para ser eficientes, los malos hábitos de uso pueden incrementar el gasto eléctrico. De acuerdo con datos de Endesa, su potencia suele oscilar entre 800 y 2.000 vatios; en general, a mayor potencia, menor será el tiempo de cocción.

El consumo eléctrico puede estimarse multiplicando la potencia del equipo por las horas de uso y dividiendo el resultado entre 1.000 para obtener los kilovatios-hora (kWh). Por ejemplo, una freidora de 1.500 W utilizada durante 30 minutos puede consumir alrededor de 0,75 kWh.
En ese sentido, el gasto energético depende principalmente del tamaño del aparato, ya que las freidoras de mayor capacidad requieren más energía para calentar su interior. También es importante no sobrecargar la cesta y distribuir los alimentos de manera uniforme para que el equipo funcione de forma óptima.

Por otra parte, el tipo de alimento influye en el tiempo de cocción: los productos congelados o con alto contenido de agua suelen tardar más, mientras que los alimentos precocidos o cortados en porciones pequeñas se cocinan con mayor rapidez y consumen menos energía.
Asimismo, utilizar temperaturas medias durante períodos un poco más largos puede ser más eficiente que aplicar calor muy alto, y el precalentamiento solo debe realizarse cuando el manual del equipo lo recomiende.

Así las cosas, para aprovechar mejor la freidora de aire y optimizar el consumo de energía, los expertos recomiendan planificar las recetas para cocinar varias porciones en una sola sesión, ajustar la temperatura a niveles moderados, mantener el equipo limpio y en buen estado, y desenchufarlo cuando no esté en uso.
Y, si planea comprar una, también es recomendable elegir modelos con etiqueta de eficiencia energética A y con funciones de ahorro de energía.
