Ciencia

Pequeño reptil de hace 289 millones de años permitió a científicos descubrir el origen del sistema respiratorio humano

Un antiguo reptil revela la clave del origen de los pulmones humanos.

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27 de abril de 2026 a las 9:06 p. m.
La respiración humana tendría raíces en un animal de hace casi 300 millones de años.
La respiración humana tendría raíces en un animal de hace casi 300 millones de años. Foto: Getty Images

Cada vez que una persona respira profundamente, está utilizando un mecanismo que se originó hace casi 300 millones de años.

Según una investigación publicada recientemente en la revista Nature, el secreto detrás de la capacidad humana para llenar los pulmones de aire se encuentra en los restos del pequeño reptil llamado Captorhinus aguti. Este hallazgo permite rastrear la evolución de la respiración humana hasta un pequeño habitante de cuevas que vivió hace aproximadamente 289 millones de años.

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Una cápsula del tiempo en una cueva de Oklahoma

El descubrimiento se produjo en Richards Spur, Oklahoma, un lugar conocido por su excepcional conservación de fósiles. El espécimen de Captorhinus no es solo un conjunto de huesos; se trata de una momia tridimensional. Gracias a condiciones únicas en la cueva, como la filtración de hidrocarburos (compuestos derivados del petróleo) y un barro libre de oxígeno, preservó el esqueleto también tejidos blandos como la piel y el cartílago.

Científicos hallan en Captorhinus aguti una pieza clave de la evolución humana.
El Captorhinus aguti ayuda a explicar el origen del sistema respiratorio moderno. Foto: Dr. Michael DeBraga

Para estudiar el interior de este fósil sin dañarlo, los científicos utilizaron tomografía computarizada de neutrones (un escaneo avanzado que usa partículas para ver a través de la piedra). Esta tecnología reveló que el animal tenía una piel escamosa con una textura similar a un acordeón, lo que le permitía expandir su cuerpo de manera flexible.

La revolución de la “aspiración costal”

Para descifrar este enigma, los investigadores no se limitaron al estudio de un solo fósil, sino que examinaron tres ejemplares distintos de Captorhinus hallados en la misma zona para reconstruir por completo su anatomía interna.

La pieza clave del rompecabezas fue el hallazgo de un esternón cartilaginoso segmentado (un hueso del pecho hecho de cartílago y dividido en partes) unido a costillas especializadas. Estas estructuras demuestran que el Captorhinus aguti fue uno de los primeros animales en utilizar la aspiración costal (el proceso de usar los músculos entre las costillas para inflar y desinflar el pecho).

Antes de esta innovación, los ancestros de los reptiles —como los anfibios— dependían de mecanismos menos eficientes, como tragar aire con la garganta o absorber oxígeno a través de la piel. El desarrollo de un tórax capaz de expandirse permitió a estos animales obtener mucho más oxígeno, lo que fue fundamental para que los amniotes (un grupo que incluye a reptiles, aves y mamíferos) pudieran conquistar definitivamente la tierra firme.

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Un motor para una vida más activa

Este cambio en la forma de respirar no fue solo una curiosidad anatómica; fue un motor evolutivo, al procesar el oxígeno de manera más eficaz y eliminar mejor el dióxido de carbono, estos animales pudieron adoptar un estilo de vida mucho más activo. Según los investigadores, este sistema respiratorio es el antecesor directo del que utilizan los seres humanos y otros mamíferos hoy en día.

El Captorhinus aguti, de dimensiones modestas, revela grandes secretos científicos.
Aunque era pequeño, el Captorhinus aguti tuvo un papel gigante en la evolución. Foto: Gentileza, estudio Mummified early Permian reptile reveals ancient amniote breathing apparatus, publicado en Nature

Además de la arquitectura respiratoria, el estudio sorprendió al mundo científico al detectar restos de proteínas originales (moléculas básicas que forman los tejidos vivos) en la piel y los huesos del reptil.

Estos fragmentos orgánicos son casi 100 millones de años más antiguos que cualquier otro encontrado previamente en el registro fósil, lo que redefine lo que se creía posible sobre la conservación de la materia orgánica a través del tiempo.