Cúcuta es una ciudad fronteriza que se caracteriza por su riqueza histórica, cultural y natural, convirtiéndose en un punto clave del nororiente colombiano. Ubicada en el departamento de Norte de Santander, la capital cuenta con un clima cálido y se destaca por su espíritu comercial.
Aunque caminar por sus calles es encontrarse con espacios emblemáticos como el Templo Histórico de Villa del Rosario, el Malecón o el Parque Santander, escenarios que reflejan la memoria y el carácter de la región, también es posible visitar muy cerca rincones llenos de encanto, historia y tradición.

Con un recorrido aproximado de cinco horas en carro, los habitantes y visitantes de la ciudad tienen la posibilidad de llegar a un lugar perfecto para una escapada de fin de semana, donde el paisaje y su arquitectura bien conservada invitan a disfrutar un viaje auténtico al pasado.
Se trata de la Playa de Belén, un municipio situado a 200 kilómetros al noroccidental de Cúcuta, con una temperatura promedio es de 21 grados centígrados. Este rincón mágico de esta región del país hace parte de la red de Pueblos Patrimoniales de Colombia.
Posee una extensión total de 241.25 kilómetros cuadrados y una altura de 1450 metros sobre el nivel del mar. Desde el año de 1995 es catalogado como el “Pueblito más lindo de Norte de Santander” y está compuesto por tres únicas calles: la del Comercio o Belén de Jesús, la del Medio y la de Atrás o de San Diego.

Según la Red Turística de Pueblos Patrimonio de Colombia, uno de los detalles que hace de este pueblo un destino único es la uniformidad de las fachadas de las viviendas que resaltan con sus muros blancos en los que cuelgan macetas artesanales con flores, faroles e igual nomenclatura en cada una de ellas.
De su arquitectura sobresalen la tapia pisada, las cubiertas en caña brava y las tejas españolas que evocan la herencia colonial. Los aleros protectores, los zócalos pintados en rojo colonial y las puertas y ventanas en madera color marrón completan un conjunto armónico que invita a los locales y visitantes a viajar en el tiempo y a apreciar la identidad cultural que distingue a este lugar.

Como parte de sus tradiciones más representativas, es muy conocido el uso de la arcilla en el municipio como materia prima esencial para dar forma, de manera artística, a su identidad y a su paisaje.
La producción alfarera, heredada de generación en generación, encuentra su principal fuente de inspiración en Los Estoraques, cuyas imponentes formaciones naturales son recreadas en piezas de distintos tamaños y temáticas, creando así uno de los atractivos más imperdibles de este territorio.
