Boyacá, con 123 municipios en su territorio, es considerado uno de los destinos más acogedores de Colombia. Su combinación de riqueza histórica, cultural y natural, así como gastronómica, lo posiciona en el radar de los viajeros interesados en vivir experiencias tranquilas, pero también de aventura.

Sus tierras son perfectas para disfrutar de paisajes naturales, tradiciones y costumbres únicas de sus habitantes. Además, el clima, la tranquilidad de sus pueblos y la amabilidad de su gente hacen que sea una buena opción en el momento de pensar en unas vacaciones.
Muchos de sus pueblos están cargados de historia y belleza que trasladan al pasado a quienes deciden visitarlos. Uno de ellos es Monguí, que es considerado uno de los más lindos no solo de Boyacá, sino del país.

En sus calles empedradas y construcciones coloniales que se mantienen muy conservadas, se reviven momentos de la historia y de la cultura boyacense que identifican plenamente a esta región, según el Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr).
Los datos históricos indican que el nombre del municipio se deriva de la montaña Montjuic, ubicada en la ciudad española de Barcelona; sin embargo, otros se lo atribuyen a una expresión muisca cuyo significado es ‘baño de esposa’ o ‘baño de compañera’.
Este destino es reconocido por su gran patrimonio arquitectónico, que se complementa con diversidad de atractivos naturales, ricos en biodiversidad, que contribuyen a su enorme potencial turístico. Hace parte de la Red Turística de Pueblos Patrimonio de Colombia y es, sin duda, un destino imperdible para conocer.

Se le reconoce como ‘capital mundial del balón’, pues allí se elaboran balones de fútbol de alta calidad, una tradición artesanal que ha pasado de generación en generación. Sus habitantes son dueños de una técnica artesanal que les ha permitido convertirse en exportadores y comercializadores nacionales de este producto.
Atractivos para conocer
Este destino boyacense ofrece diversos sitios de interés para los turistas. Por ejemplo, está la Basílica y el Convento de Nuestra Señora de Monguí, una obra levantada en el siglo XVII, hecha en calicanto y adornada con tallas en piedra y madera, y con más de 130 obras de arte pictórico.

El portal de la Red de Pueblos Patrimonio indica que alrededor de su plaza principal se aprecian entidades civiles y religiosas con edificaciones que son fieles exponentes de su influencia arquitectónica colonial española. También allí se comercializan artesanías y los balones como máximo exponente de su industria, y hay una pila de agua que recuerda cuando en el pasado las personas acudían a ella para abastecerse del líquido.
De igual forma, para quienes disfrutan de los planes de naturaleza, está el Páramo de Ocetá, un escenario enmarcado por frailejones y senecios, donde también es posible conocer “la ciudad perdida” o “ciudad de piedra”, un lugar con rocas de más de 15 metros de altura y el Puente de Alicanto, que es monumento nacional; una obra de ingeniería colonial que sirve para el tránsito sobre el río El Morro.
