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Foto de referencia sobre el cerebro
La circulación en el cerebro es clave para su ideal funcionamiento. - Foto: Getty Images/iStockphoto

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Circulación cerebral: el método que ayuda a mejorarla de manera natural

El flujo sanguíneo cerebral es determinante para el transporte de glucosa y otros nutrientes que el cerebro requiere para funcionar adecuadamente.

El flujo sanguíneo cerebral es el volumen de sangre que recibe este órgano de manera permanente. El cerebro es una de las partes del cuerpo que más energía consume, a pesar de que representa tan solo el 2 % del peso corporal.

Sus nutrientes, el oxígeno y la glucosa, los obtiene de la sangre que recibe gracias a una enorme red de vasos sanguíneos. El portal Mejor con Salud cita una publicación del National Center for Biotechnology Information, según la cual el cerebro necesita casi el 20 % del oxígeno disponible para la función normal, lo que deja en evidencia la importancia del flujo sanguíneo y del suministro de oxígeno.

De acuerdo con el mencionado sitio web, el flujo sanguíneo cerebral es determinante para el transporte de glucosa y otros nutrientes al cerebro, por lo que la adecuada circulación de la sangre es clave para preservar la salud de las personas.

Una de las mejores formas de garantizar que esto suceda es llevando unos hábitos de visa saludables, los cuales no solo garantizan la prevención de enfermedades, sino que ayudan a que el cerebro se mantenga en buenas condiciones en el corto y en el largo plazo.

La práctica de ejercicio es determinante. Solo con caminar, correr o pedalear sobre una bicicleta se logran beneficios para este órgano. El diario ABC, de España, indica que estas prácticas ayudan significativamente a mejorar la circulación cerebral.

Esta fue una de las principales conclusiones de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Tierras Altas de Nuevo México, en Las Vegas (Estados Unidos), citado por el mencionado sitio web.

El análisis permitió determinar que “el flujo sanguíneo cerebral es muy dinámico y directamente dependiente de las presiones aórticas cíclicas que interactúan con los pulsos de presión retrógrada provenientes de los impactos de los pies en el suelo”, precisa ABC.

Para realizar los análisis, los investigadores usaron técnicas de ecografía no invasivas para medir la velocidad de las ondas sanguíneas a través de la arteria carótida y el diámetro de las arterias, con el propósito de calcular el flujo sanguíneo en ambos lados del cerebro, mientras se camina a una velocidad de un metro por segundo o la persona está de pie.

Los científicos concluyeron que el impacto del pie en el suelo mientras se camina envía ondas de presión a través de las arterias que aumentan de forma muy significativa el aporte de sangre al cerebro.

El diario español recoge las palabras de Ernest Greene, director del estudio, quien dijo que “al caminar, correr o pedalear se produce un efecto hemodinámico continuo sobre el flujo sanguíneo del cerebro humano, por lo que podemos especular que estas actividades mejoran la función y perfusión cerebral, y la sensación general de bienestar que se experimenta durante el ejercicio”.

Otras alternativas

En general, los ejercicios aeróbicos tienen la capacidad de elevar la función cardiovascular y el suministro de sangre al cerebro. Mejor con Salud cita otra investigación publicada en Artery Research, según la cual el entrenamiento aeróbico aumenta la velocidad del flujo sanguíneo cerebral medio. Asimismo, señala que disminuye la resistencia cerebrovascular en mujeres posmenopáusicas.

La alimentación también es determinante y los productos antioxidantes, hidratos de carbono, proteínas y omega-3, deben ser parte de la dieta para favorecer la circulación cerebral.

Algunos de los productos recomendados, según Mejor con Salud son los huevos, los arándanos, las fresas y los cítricos, los granos enteros como quinoa, arroz integral, avena, cebada y centeno; los ácidos grasos esenciales, como los procedentes del salmón, la sardina, el aguacate, el aceite de oliva, las nueces o las semillas de calabaza y los tomates, la col rizada, el brócoli, las espinacas o los espárragos, entre otros.