Frutas - Foto de referencia
Algunas frutas pueden causar irritación estomacal, reflujo, gastritis y úlceras. - Foto: Getty Images

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¿Cuáles son las frutas que no engordan?

Una alimentación balanceada y saludable debe tener proteínas, grasas, carbohidratos y todos los nutrientes que el cuerpo necesita.

Mantener un peso saludable es muy importante, pues si una persona está demasiado delgada o tiene sobrepeso u obesidad, puede tener más riesgos de sufrir ciertos problemas de salud, de acuerdo con Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

De hecho, alcanzar un peso saludable puede ayudar a controlar el colesterol, la presión arterial y el azúcar en la sangre. También ayuda a prevenir enfermedades relacionadas con el peso, tales como las enfermedades cardiacas, la diabetes, la artritis y algunos cánceres.

Por tal razón, la biblioteca explicó que comer demasiado o no hacer suficiente actividad física hará que la persona se suba unos kilos de más. Para mantener el peso, las calorías que se ingieren deben equivaler a la energía que se consume, mientras que para bajar de peso, se deberán ingerir menos calorías que aquellas que usa el organismo.

Hay que señalar que los alimentos como tal no engordan, lo que sucede es que cuando una persona come más calorías de las que el cuerpo requiere diariamente, suele subirse de peso y, por ende, una estrategia para controlarlo incluye: comer porciones más pequeñas, beber agua en lugar de bebidas azucaradas, ser físicamente activo y elegir alimentos bajos en grasas y en calorías y algunas frutas que tienen pocas calorías.

Según el portal portugués de salud, nutrición y bienestar Tua Saúde, los alimentos recomendados son:

1. Sandía: por cada 100 gramos tiene 30 calorías (está compuesta en 93 % por agua).

2. Pera: cada 100 gramos tienen 57 de calorías (86,7 % de esta fruta es agua).

3. Fresas: cada 100 gramos de fresas tienen 32 calorías (tiene poco menos de 90 % de agua).

4. Melón: cada 100 gramos tienen 34 de calorías (87 % de esta fruta es agua).

5. Piña: cada 100 gramos tienen 48 calorías (95 % de este alimento es agua).

De todos modos, hay que señalar que una alimentación balanceada y saludable debe tener proteínas, grasas, carbohidratos y todos los nutrientes que el cuerpo necesita.

Es importante consultar a un experto para que guíe el proceso, pues de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la composición exacta de una alimentación variada, equilibrada y saludable estará determinada por las características de cada persona (edad, sexo, hábitos de vida y grado de actividad física), el contexto cultural, los alimentos disponibles en el lugar y los hábitos alimentarios.

Adicional, una buena alimentación reduce los factores de riesgo asociados con las enfermedades que causan más daño en el ser humano, como diabetes, triglicéridos, hipertensión arterial, entre otras.

Asimismo, una dieta debe estar acompañada de ejercicio: al menos 30 minutos de caminata moderada, tal como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo vital es que tenga un gasto energético.

Respecto a la actividad física, los ejercicios de cardio –también conocidos como ejercicios aeróbicos– son los más implementados cuando se busca quemar calorías y reducir el peso corporal. Sin embargo, los que involucren pesas ayudan al cuerpo a quemar grasa mientras se construye masa muscular, lo que también funciona para acelerar el metabolismo.

Sobre la misma línea, hay que señalar que cada persona es diferente y por tal razón cada proceso es individual. Por consiguiente, es importante no compararse, porque el proceso puede ser más rápido en algunas personas que en otras.

Además, los expertos recomiendan ingerir mínimo dos litros de agua, dormir ocho horas diarias y no saltarse ninguna comida en el día.

Por su parte, hay que señalar que la edad es un factor que tiene un rol importante al momento de bajar de peso y quemar grasa corporal, pues a medida que se envejece, el cuerpo tiene cambios hormonales y metabólicos que impide la quema de calorías con facilidad. Asimismo, la ansiedad, el estrés o la falta de autocontrol impactan la manera en que cada cuerpo almacena o procesa la grasa.