salud

¿Cuántas veces más de lo normal envejece una persona cuando se enoja?

Al estar enojado, el cuerpo segrega adrenalina y cortisol, lo que provoca un proceso de inflamación que hace que las células no puedan liberar energía.


Estar enojado y con mucho estrés son los factores de riegos más importantes que desencadenan distintos problemas de salud. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el enojo puede provocar un envejecimiento prematuro, ya que deteriora el corazón y los pulmones; y es por esto que el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares es también más alto.

Además, el reconocido nutricionista Juan Manuel Villa, autor del libro “El que se enoja engorda”, asegura que existe una estrecha relación entre el peso y las emociones. Cuando se está enojado, el cuerpo segrega adrenalina y cortisol, lo que provoca un proceso de inflamación que hace que las células no puedan liberar energía. Esto quiere decir que no permite que se queme suficientes calorías durante el día.

De este modo, el enojo es una emoción humana que es totalmente normal y que en muchos casos es saludable para liberar el estrés; no obstante, cuando el enojo no se controla, se vuelve destructivo no solo físicamente, sino mentalmente. Así mismo, el doctor Ernesto Crescenti, médico, investigador y director del Instituto de Inmunooncología, el doctor Ernesto J.V. Crescenti, aseguró al diario El Clarín que esta emoción puede producir un envejecimiento del cuerpo 3.000 veces más rápido de lo normal.

Cuando una persona se enoja, el corazón bombea sangre con mayor rapidez y la envía a los músculos del cuerpo en caso de que haya que correr o defenderse. Al mismo tiempo, se crean más plaquetas y se pone en marcha el sistema inmunológico por si hay alguna herida en el cuerpo y finalmente las células cargadas de los lípidos liberan grasa en el flujo sanguíneo, deteriorando las arterias.

De mismo modo, el enojo reiterado ocasiona la aparición de manchas, aumentar la sensación de picazón o provoca enrojecimiento en la piel, que puede llegar a generar la aparición de ronchas, angioedema o hinchazón de la piel. La doctora Raquel Fernández de Castro Ysalguez, directora médica de la clínica Fercasy, aseguró para el diario ABC que las emociones negativas envejecen más que las positivas. “El mal humor, además de alterar el organismo, dibuja en el rostro más líneas de expresión, y las arrugas de la pena o el enfado son menos favorecedoras que las de la alegría. Solemos tensar el músculo de las cejas y estrechar los labios, marcando las líneas que rodean la boca”.

Al estar enojado, el cuerpo segrega adrenalina y cortisol, lo que provoca un proceso de inflamación que hace que las células no puedan liberar energía.
Al estar enojado, el cuerpo segrega adrenalina y cortisol, lo que provoca un proceso de inflamación que hace que las células no puedan liberar energía. - Foto:

Así como el sentimiento de enojo ocasiona un desgaste mental, los gestos que la provocan también tienen consecuencias negativas para el rostro. Por ejemplo, las personas que están enojadas tienden a fruncir el ceño y esto provoca arrugas verticales en el entrecejo.

Cabe resaltar que el enfado no es el único estado de ánimo que afecta la piel. Cuando las circunstancias vitales de la vida desencadenan la tristeza, los párpados inferiores se llenan de bolsas de grasa y los superiores aparecen caídos por el exceso de piel; también descienden las comisuras de nuestros labios y se marca el llamado surco de marioneta, o los conocidos pliegues de la amargura.

¿Cómo controlar el enojo?

De acuerdo con Mayo Clinic, controlar el enojo es todo un desafío porque es una emoción que cuando se empodera puede ser destructiva; sin embargo, la entidad sin ánimo de lucro especializada en salud da a conocer algunos consejos para controlar el enojo:

  • La actividad física puede ayudar a reducir el estrés que le puede causar el enojo.
  • Aligere la situación con un poco de humor, pero evite los sarcasmos, ya que esto puede herir los sentimientos y empeorar la situación.
  • Cuando se sienta muy enojado, haga respiraciones profunda, imagine una escena relajante o repita una palabra o frase que lo tranquilice, como por ejemplo, “tómatelo con calma”.