vida moderna

Investigación da indicios de por qué los hombres viven menos que las mujeres

El estudio arrojó que el 20 % de los hombres mayores de 80 años padece la afección encontrada.


Las personas pueden cuestionarse por qué los hombres viven menos que las mujeres; en ocasiones se piensa de manera jocosa acerca del tema o a veces se asume erróneamente que son ellos quienes se exponen más al realizar trabajos de mayor riesgo que las féminas. Sin embargo, la ciencia tiene una respuesta.

Se trata de una investigación realizada por Lars Forsberg, un profesor asociado al Departamento de Inmunología, Genética y Patología de la Universidad de Uppsala en Suecia, que reveló las posibles causas de ese riesgo; esto incluye la pérdida del cromosoma Y.

Allí explican que el factor determinante puede ser denominado como una afectación con LOY, que se trata de “una mezcla de células con o sin el cromosoma Y“.

La fuente indica que, utilizando métodos moleculares estándar, “la afección se puede detectar fácilmente cuando >5-10 % de las células sanguíneas carecen del cromosoma Y”.

La sangre periférica de los hombres podría presentar dicha afectación: el profesor Lars asegura que esa pérdida del cromosoma Y “es la mutación humana adquirida más común durante la vida y puede observarse hasta en 20 % de los hombres mayores de 80 años, y también ocurre en hombres más jóvenes”.

El investigador afirma que LOY se descubrió inicialmente hace “más de medio siglo, pero sus consecuencias fenotípicas han sido esquivas con un consenso predominante de que esta mutación era fenotípicamente neutra y relacionada con el envejecimiento normal”.

En 1963, un equipo científico “descubrió que a medida que los hombres envejecen, sus células sanguíneas van perdiendo el cromosoma Y debido a un error de copia que sucede cuando una célula madre se divide para generar una hija”, conforme registró el diario El País.

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Las mujeres viven 6 años más que los hombres Getty Images/iStockphoto - Foto: Getty Images/iStockphoto

Entonces, durante el año 2014, Forsberg realizó un análisis a “la esperanza de vida de hombres de edad avanzada en función de si sus células sanguíneas habían perdido el cromosoma Y, una mutación denominada mLOY”. El experto halló que el resultado fue descomunal, según agrega EP.

Los hombres con menor cantidad de cromosomas Y estaban más expuestos a padecer cáncer y a vivir menos. “En promedio cinco años menos que quienes sí conservaban esta parte del genoma y seis años menos que las mujeres en los países desarrollados”, según el documento.

Tres años después, Forsberg “descubrió que esta mutación multiplica por tres el riesgo de sufrir alzhéimer”, informó EP.

En dicho medio, afirman que lo que inquieta más “es la enorme prevalencia de este defecto. El 20 % de los hombres de más de 60 años tienen esta mutación. La tasa sube al 40 % en los de más de 70 y al 57 % en los de más de 90, según estudios previos de este genetista. “Es sin duda la mutación más común en humanos”, se lee.

De igual manera, el científico manifestó que sus descubrimientos recientes “muestran que, durante la vida, la LOY adquirida en la sangre se asocia con el riesgo de mortalidad por todas las causas y el riesgo de cánceres no hematológicos, así como la enfermedad de Alzheimer. También hemos demostrado que es inducido por fumar y que la fracción de células con LOY disminuyó en fumadores con LOY después de dejar” dicha adicción.

Y añade que, con su equipo de estudio, han “establecido que LOY en sangre está asociado con procesos de enfermedad en otros tejidos”. Sin embargo, asevera que están “recolectando y clasificando células sanguíneas de hombres afectados con varios tipos de cáncer, enfermedad de Alzheimer y controles, para investigar qué subconjunto de células inmunitarias, cuando se ven afectadas por LOY, es responsable de las consecuencias fenotípicas observadas”.

Además, de trabajar para “comprender qué sucede en las células sin el cromosoma Y, por ejemplo, estudiando los cambios en la expresión génica en las células con LOY. El objetivo general es desarrollar LOY como un biomarcador nuevo, fuerte y predictivo”.