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Alexandra Horowitz
Alexandra Horowitz. Foto: Thos Robinson/Getty Images para The New Yorker. - Foto: Getty Images for The New Yorker

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Así es como los perros ven el mundo, según una investigación

¿Cómo perciben los perros las calles y los parques cuando se les saca a pasear? La científica estadounidense Alexandra Horowitz lleva décadas investigando la mente canina para responder estas y otras preguntas.

Alexandra Horowitz estudió filosofía y se interesó por los temas de la mente: cómo pensamos, cómo nuestro cerebro y nuestros sentidos nos hacen ver y entender el mundo de una determinada manera. Para abordar estas preguntas desde la ciencia cognitiva hizo un doctorado en psicología y decidió que lo suyo era el estudio de las mentes de los animales. Al ver que la mayoría de los científicos investigaban a los chimpancés o bonobos, por su cercanía con la raza humana, ella decidió seguir el mismo camino e intentar entender su forma de ver el mundo mirándolos jugar. Esa iba a ser la puerta de entrada a su mente. El problema es que los chimpancés y los bonobos no suelen jugar cuando un extraño los observa.

En ese entonces, Horowitz vivía con su perro Pumpernickel. Lo paseaba por las playas de San Diego varias veces al día. El perro corría, saltaba y jugaba con ella y frente a ella. No obstante, Horowitz tardó unos seis meses en caer en la cuenta de que la especie que debía estudiar era la canina.

Hoy, la científica es considerada una experta en el estudio de las mentes perrunas, profesora de psicología de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y directora el Laboratorio Horowitz de Cognición Canina en la misma institución educativa.

Observando y estudiando a los perros con atención, ella descubrió que lo realmente interesante no es cómo ven el mundo, sino cómo lo huelen. “Mientras nosotros nos guiamos por la visión, ellos lo hacen por el olfato. Sus ojos y oídos también les permiten entender su alrededor, por supuesto. Pero lo más difícil de imaginar para nosotros como criaturas visuales es la riqueza del mundo olfativo del perro”, dice. Su nariz es maravillosamente desarrollada: el exterior húmedo y esponjoso les permite captar los olores que viajan con el viento; con cada fosa pueden oler cosas distintas, lo que les ayuda a identificar el lugar de donde proviene el aroma; y, cuando inhalan, cientos de millones de células olfativas altamente especializadas reciben la información. Los humanos, en cambio, tienen solo cinco millones.

A diferencia de nosotros, que inhalamos y exhalamos por el mismo conducto, los perros exhalan por unas hendiduras a los lados de la nariz y por ello se generan remolinos de aire que ayudan a que los olores se acumulen y se concentren. Éstos son procesados por un sistema olfativo que ocupa una superficie cerebral mucho mayor a la de los humanos. Su desarrollado sistema olfativo les permite identificar un spray de perfume en medio de un estadio y saber cuáles son sus ingredientes. Por eso la calle para ellos es un inmenso universo de olores que recuerdan y distinguen con precisión.

4 Patas: ¿Qué saben los perros sobre el mundo que nosotros no?

Alexandra Horowitz: Ver en olores revela una escena que no es tan estática como el mundo visual. Los olores se mueven, van a la deriva y caen. No se quedan en un solo lugar. Se degradan con el tiempo. Así ven que el mundo no es sólo una película que se desarrolla delante de nosotros.

4 Patas: Con esas diferencias, ¿cómo es la comunicación entre humanos y perros?

A. H.: Los perros no entienden la mayor parte de lo que decimos, pero nosotros tampoco escuchamos lo que nos dicen con su voz y su cuerpo. Ellos sí pueden entender algunas palabras, especialmente si las personas con las que conviven las utilizan con regularidad y cuidado. Por lo general, nuestro lenguaje va acompañado de ciertos comportamientos que ellos entienden: ponemos el libro sobre la mesa y nos paramos mientras afirmamos “quiero ir a dar un paseo” o cuando les decimos “buen perro” damos señales de felicidad. Los perros son buenos para distinguir comportamientos y expresiones nuestras.

El tono también importa. Por ejemplo, con el tono creciente de la formulación de una pregunta, así no entienda las palabras, se llama su atención.

4 Patas: ¿Cómo describiría el vínculo entre humanos y perros?

A. H.: Único. Al domesticar a los perros, y quizás al ser ‘domesticados’ por ellos, hemos evolucionado juntos. Ahora no hay perros que viven completamente separados de los humanos: incluso los perros en libertad, que nunca han vivido en una casa o en un patio, viven rodeados de gente y dependen de los refugios y la comida (o la basura) de los humanos.

4 Patas: Como amante de los perros y científica que los estudia, ¿qué le han enseñado sobre la vida?

A. H.: Vivir con perros e investigarlos me ha hecho mucho más consciente de otras perspectivas y experiencias de otras personas, pero también de otras especies animales. Pienso en los perros como embajadores del reino animal: nos recuerdan que éste planeta no es solo nuestro.