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Coronavirus en Colombia hoy ¡500 muertos diarios!: ¿Cómo llegó el país a esta tragedia?

Los expertos señalan que la crisis sanitaria que vive hoy el país se debe a una serie de factores entre los cuales están las conglomeraciones por el paro nacional. La mala noticia es que la tercera ola seguirá hasta julio.


El Paro Nacional que ya lleva más de un mes ha dejado muchas pérdidas no solo en vidas, sino en materia económica. El Ministro de Hacienda calculó la cifra total de daños en 10,8 billones de pesos y empresarios como Arturo Calle han salido adelante a revelar su crítica situación al decir que solo tiene caja para ocho días, si las protestas y los bloqueos continúan.

Mientras todo esto sucede, las cifras de infectados y de ocupación de los hospitales por covid-19 no han hecho sino crecer, así como las del más aterrador, el de fallecidos, que desde hace un par de semanas es de más de 500 a diario.

Todo esto, a pesar de que la vacunación, paradójicamente, tomó fuerza durante el paro. Solo en la semana del 16 de mayo hubo un récord en ese frente de 1.131.972 dosis aplicadas, la máxima cifra desde el comienzo de la inmunización contra la covid-19.

Según el viceministro de salud, Luis Alexander Moscoso, este tercer pico se produjo en parte por las interacciones durante la Semana Santa. Según él, hasta el 20 de abril se registró un aumento de casos y luego, una disminución muy importante debido a las medidas epidemiológicas impuestas, como el pico y cédula.

Hasta ese momento, el país registraba ocupaciones de unidades de cuidado intensivo (UCI) importantes, pero siempre sobre el 90 por ciento y en algunos casos con una tendencia a disminuir. Sin embargo, en mayo, el aumento fue mayor. De hecho, el 23 de mayo, tras 15 días de protestas, el país reportó un récord de 21.669 casos diarios de coronavirus, la cifra más alta hasta ese momento desde el inicio de la pandemia. Para muchos, esto no es una simple coincidencia, sino una consecuencia del paro.

“Lógicamente encontramos un fenómeno de asociación con los tiempos de las protestas”, señala Moscoso. Según él, las actividades de protesta no solamente generaron unas interacciones, sino limitaciones para adoptar algunas medidas epidemiológicas de control. Todo ello llevó a un mes de mayo muy difícil.

UCI HOSPITAL DEL TUNAL 
PACIENTES CON COVID-19
FOTO: ESTEBAN VEGA LA-ROTTA
REVISTA SEMANA
UCI Hospital El Tunal. Pacientes con covid. Foto: Esteban Vega La-Rotta. Revista Semana. - Foto: ESTEBAN VEGA LA ROTTA

Con él coincide la mayoría de expertos consultados, quienes aclaran que el paro en sí no es el problema, sino las aglomeraciones que se dan en medio de este. A pesar de que la gente en las calles está usando tapabocas, el riesgo aumenta por la proximidad entre unos y otros, aún más cuando los manifestantes vociferan consignas y lo hacen sin sus máscaras.

Para el neumólogo Fabio Varón, intensivista con maestría en farmacoeconomía de la fundación Cardioinfantil, el paro implica el quiebre de esa recomendación básica, que es evitar aglomeraciones. Por eso las marchas sí han tenido que ver en esta tercera ola.

Con él también coincide el epidemiólogo Jaime Ordóñez. “Salieron a hacer marchas con muchas personas infectadas activas”, dice. Y aunque muchos creen que el riesgo es bajo porque las protestas son al aire libre, el experto señala que el problema son los manifestantes que no usan las mascarillas todo el tiempo.

Además, gritan, corren y marchan, lo que implica que están agitados y que al hablar las partículas vuelan con más presión y a mayor distancia”, explica el experto.

Diego Rosselli, profesor de neurología de la Universidad Javeriana y máster en políticas de salud en el London School of Economics, tampoco descarta que las manifestaciones han ayudado a mantener el número de casos elevado, puesto que la mayoría de los manifestantes son jóvenes, muchos de los cuales pueden mostrar formas asintomáticas de la enfermedad, lo que fomenta el riesgo de infección.

“Luego llevan el virus a sus casas o a sus círculos más cercanos, donde contagian a personas mayores, que son las que verdaderamente están en riesgo”, afirma.

A pesar de esto, el paro no ha sido el único factor en esta tercera ola, según estos especialistas. También está el hecho de que las protestas comenzaron cuando ya el pico había empezado. Según Ordóñez, el 18 de marzo las UCI de Medellín ya tenían una ocupación del 80 por ciento y “en la semana del 18 al 24 de abril tan estábamos en la ola que ya para ese momento Colombia estaba posicionada como la número 15 en tasa de mortalidad en el mundo”.

Por lo tanto, asegura que si no hubiera habido paro, el país aún estaría en una ola de covid, pero probablemente no tan “horrible”.

La montaña que dibujan las cifras de muertos en las gráficas es como una onda que tiene dos características: la altura y el ancho. Según Ordóñez, el paro hizo que la altura fuera mayor y sin estas marchas el país debería estar en un máximo de 450 fallecidos, pero no en 530. “Nos estaríamos ahorrando 70 muertos por día”, dice.

Por otro lado, según el experto, el ancho de la curva indica más la duración del pico y pronostica que esta será la ola que mas durará. Sus cálculos lo llevan a decir que irá hasta la tercera semana de julio, después de lo cual decrecerá lentamente.

En las últimas semanas, el reporte diario de muertes en Colombia por covid-19 supera las 500. Algunos expertos señalan que el paro tiene que ver, aunque no es el único factor.
En las últimas semanas, el reporte diario de muertes en Colombia por covid-19 supera las 500. Algunos expertos señalan que el paro tiene que ver, aunque no es el único factor. - Foto: AFP

A las marchas, los expertos suman otro factor: las cepas. Como se sabe, estas se han ido modificado durante la pandemia y, según Varón, el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud (INS) colombianos, que son los encargados de hacer vigilancia de las variantes que circulan, han descrito que en el país ya se encuentran las conocidas como B.1.1.7 (Alfa) y P.1 (Gamma), cuya diferencia frente a otras que circularon antes “radica, no en la letalidad ni la mortalidad, sino en la transmisibilidad, pues es más fácil infectarse con ellas”, explica el experto. En efecto, el INS señaló que en el mes de julio estas serán las dominantes.

Por último, está el desgaste del encierro entre los colombianos y la crisis social, que han contribuido a que muchas personas relajen las medidas de protección y aislamiento después de más de 14 meses de cuidados.

Así las cosas, lo que ha vivido Colombia es una tormenta perfecta en la que se juntaron varios factores que llevaron a lo que Moscoso dice es “el momento más complejo de la pandemia, con una pérdida de vidas muy dolorosa, gigantesca, que no esperábamos”.

La vacunación ayudó positivamente a que la crisis no fuera tan dura, pues protegió a las persona de 80, 70 y 60 años, así como al personal médico, lo cual ayudó a disminuir la mortalidad.

Ahora, cuando el país está en vilo por el futuro, los expertos dicen que este tampoco pinta bien. Para Ordoñez, las medidas de no pedir la prueba PCR a quienes llegan en vuelos internacionales y otras que el Gobierno nacional ha tomado para reactivar la economía constituyen un error equivalente a darle la bienvenida a la cepa de la India, que ahora la OMS bautizó como Delta y que parece ser la más complicada de todas. “La gente, aún la vacunada, debe estar más guardada. Faltan siete meses y en ellos se podría dar un registro de muertes más alto que en los 14 meses de pandemia”, sentencia.

Para los expertos, con tantos casos nuevos, que ya son muchos, sumados al subregistro de infectados, Colombia podría llegar rápidamente a la inmunidad de rebaño por la vía de los contagios, que según Ordóñez es la vacuna de los pobres.

Según sus cuentas, hasta el 29 de mayo había identificados oficialmente con pruebas PCR alrededor de 3′438.000 casos, es decir el 6,62 por ciento de la población nacional. No obstante, con el subregistro ese numero sería del 28,3 por ciento. Si a ellos se les suman los vacunados, que son el 6 por ciento, se podría decir que el 34 por ciento de los ciudadanos colombianos ya tiene inmunidad.

“Pero lo triste es que de ese 34 por ciento, cuatro de cada cinco individuos obtuvieron su inmunidad por la infección. Un costo muy alto si se tiene en cuenta que por cada 1 por ciento infectado, fallecen mas o menos 3.955 personas”, comenta con dureza.

Según el experto, esta será la última ola, pero la mala noticia es que, sin duda, será la peor.