Raffaella Gallo recuerda entre risas cuando instaló una de sus obras tras finalizar la decimotercera edición de la Feria del Millón. “Sé cómo funciona un taladro, pero estaba encima de una estructura… como un tubo, en verdad no sabemos qué era, y el taladro no daba más. Estuve tres horas moviéndolo. Y aunque intenté distraer a la señora hablando, se dio cuenta y muerta de la risa me dijo que tranquila, que ella lo hacía. La obra terminó colgada, pero quedó un hueco del tamaño de una pelota de tenis”.
La anécdota tuvo lugar un par de meses después de que Gallo se graduara del School of the Art Institute of Chicago (SAIC), donde recibió la Distinguished Merit Scholarship. Convencida de que su obra se nutriría más de la mirada y esencia del arte nacional que del sector artístico estadounidense, la artista se postuló a ferias y empezó a conseguir trabajos que la ayudaran a financiar la producción de su obra. Entre una tarea y otra aparecieron la Feria del Millón y Voltaje.
Durante más de una década la Feria del Millón se ha consolidado como un espacio para que cientos de artistas emergentes, que emprenden a diario una búsqueda incansable por exposición, representación y venta, muestren su trabajo y tengan contacto con diferentes agentes del sector artístico.
La feria irrumpió en 2013 con una propuesta novedosa: obras de un millón de pesos o menos vendidas directamente por sus creadores. La primera edición se realizó en el Centro Creativo Textura, una antigua fábrica textil en Puente Aranda, donde expusieron 29 artistas seleccionados entre más de 300 portafolios. Desde entonces, su dirección está a cargo de Diego Garzón Carrillo, gerente de No Ficción de Editorial Planeta, y Juan Ricardo Rincón, director de Taller Paralelo Arquitectos y de Voltaje - Salón de Arte y Tecnología, una iniciativa de la feria.

Desde aquella edición, la Feria del Millón evolucionó en un evento que reúne más de 10.000 visitantes anuales. A vuelo de pájaro destacan Alejandro Sánchez, nominado al Premio Luis Caballero en 2023 con su proyecto Barrio; Juan Pablo Echeverri (19782022), reconocido por la serie Miss Fotojapón; Juliana Góngora, ganadora del Premio Arte Joven en 2016 con su obra Lavanderas, o Juan Cortés, quien recibió el Golden Nica en Ars Electronica junto con su colectivo Atractor.
Gallo llegó a la feria en 2025. “En el mundo del arte emergente es la oportunidad más grande para mostrar nuestro trabajo. Me parece un modelo muy inteligente porque parten del arte comercial, sin comprometer la esencia del artista, para sostener espacios más underground como Voltaje”, dijo Gallo, quien participó en la feria con la serie de grabados en piedra Siempre fuiste río y en Voltaje, con Territorio trenzado, una escultura motorizada que mueve una gruesa trenza de fique.
La decimotercera edición tuvo lugar en el Centro Felicidad Chapinero (Cefe), estrenó el Salón Colombia Itaú con la curaduría de Esteban Wilches y contó con aproximadamente 500 obras hechas por 33 artistas provenientes de todos los departamentos del país.
¿Se puede vivir del arte?
“Nosotros hacemos esto por amor al arte. Económicamente hablando no vivimos de esto, pero sabemos de la necesidad del espacio y por eso nos mantenemos. Siempre hay gente que va a comprar, siempre hay artistas que aplican”, dijo Garzón.
Gallo tampoco vive del arte. Trabaja como diseñadora y cocinera, y a pesar de que la necesidad puede apremiar, aprendió a ponerse primero como artista y a no rebajar su trabajo para vender por vender. Se trata de un aprendizaje que lleva a cada espacio en el que expone: “Por ejemplo, la Feria del Millón te acompaña mucho, pero tú estás encargado de la producción, el montaje, la venta y el envío. Por eso cuando uno le pone precio a la obra necesita contemplar el material, el tiempo, pero también el costo del montajista, los transportes. Todo dentro del rango”.

“Los artistas que pasan por la feria no pagan por el estand, así que no tienen que pensar en vender lo suficiente para recuperar la inversión. Por eso nos toca buscar patrocinio de la empresa privada, que ha sido nuestro soporte principal”, explicó Garzón.
Aun así, cada artista debe recuperar lo que invirtió en producir, montar y transportar su trabajo, además de una comisión. A los expositores se les cobra un porcentaje en función de las ventas realizadas. Se trata de un valor inferior al 50 por ciento que suele cobrar una galería y se distribuye de la siguiente manera: para ventas de hasta 15 millones de pesos la comisión es del 27 por ciento; 32 por ciento hasta 35 millones, y después de ese valor aplica un porcentaje del 38. Una vez terminada la feria, las obras quedan disponibles para la venta durante un año. Ya sea para nuevas adquisiciones o para llevar a ediciones en otras ciudades como ocurrió con Cali, Medellín, Ciudad de México o el Caribe colombiano.
Gallo expuso y vendió sus obras el año pasado en el Cefe y se encargó personalmente de la instalación de cada una. El intercambio que sostuvo con curadores, compradores y curiosos se alejó de la solemnidad que suele rodear los eventos de arte y, por el contrario, facilitó conversaciones.
Con 13 ediciones consecutivas, e incluso con una pandemia de por medio, la Feria del Millón se ha establecido como un espacio en constante transformación que depende, en gran medida, de la inversión privada. Sus directores no tienen capacidad de endeudamiento para financiar el evento anualmente. “Si la empresa privada un día dice ‘ya no queremos patrocinar la Feria del Millón’, pues se acabó”, concluyó Garzón.

La decimocuarta edición
Estaba programada para coincidir con la semana de ARTBO 2026. Sin embargo, el equipo aplazó el evento tras el terremoto del 10 de agosto por prudencia. En simultáneo, el Estado colombiano suspendió los premios del Programa Nacional de Estímulos del Ministerio de Cultura, alegando una crisis de caja y la necesidad de priorizar la atención a las víctimas, dejando más de 1.300 propuestas sin evaluar.
El comité compuesto por Ximena Díaz, María Roldán, Juan Carlos París y Jaime Cerón, además de ambos directores, recibió alrededor de 800 propuestas y eligió cerca de 90 que se podrán apreciar y comprar del 5 al 8 de noviembre en lo que alguna vez fue un Carulla ubicado en la calle 97A con carrera 9, en la manzana de las funerarias Gaviria y Cristo Rey.
“Parte de la experiencia de la feria es que todo el tiempo se hace en locaciones diferentes. El visitante se acostumbra a que el espacio cambie”, dijo Garzón. La feria ha estado en el complejo del Hospital San Juan de Dios, la Plaza de Toros La Santamaría y el Planetario, hasta un edificio de nueve pisos en el norte de la ciudad.
Aunque hace años que la feria superó el tope inicial, continúa fiel a su propuesta: arte asequible para el público. “Mantener el millón era inviable para todo el mundo”, dijo Garzón, y los números lo respaldan. Un millón de pesos en 2013 equivale hoy a poco más de 2 millones. Sin embargo, el tope de la decimocuarta edición está alrededor de los 2,9 millones de pesos.

Garzón explicó el alza por el IPC, aunque la aritmética muestra otra cosa: en 2013 el techo equivalía a 1,70 salarios mínimos y hoy a 1,66, por lo que es justo decir que el tope se ha movido al ritmo del salario mínimo. Para Garzón, la gracia está en que siempre se buscan modelos alternativos que, “como es normal, aparecen y desaparecen. Si todas las ferias duraran 50 años sería otra cosa (…) Nosotros llevamos 14 años consecutivos. Eso habla bien de nuestra persistencia”.
La crisis
“¿Cuándo no ha estado en crisis el sector?”, preguntó Garzón. Para él, “es como una frase de cajón” que acompaña a la cultura. Artistas, curadores, o directores no viven únicamente de su trabajo, sino que necesitan de varios ingresos para llegar a fin de mes.
No obstante, la coyuntura global apunta a un deterioro acelerado. La galería Pace –una de las más importantes del mundo– anunció en junio de 2026 el recorte de 50 empleados y el cese de representación de unos 50 artistas. Su director, Marc Glimcher, declaró que el modelo de galería actual es irreparable.
Las ‘megagalerías’, añadió, fueron viables en otro momento del mercado; mientras, el volumen de ventas mundiales de arte en 2025 –descontada la inflación– es muy cercano al de la crisis económica de 2009, según el informe de UBS divulgado por Marc Spiegler, exdirector global de Art Basel. En Colombia, por su parte, el MinCultura se prepara para un recorte del 29,5 por ciento para 2027.
Entonces, ¿por qué seguir apostándole al arte? La carta XXVII de Friedrich Schiller, publicada en 1795 en Cartas sobre la educación estética del hombre, sugiere una respuesta: porque el arte es “la forma más alta y armónica de existencia”. Más de 200 años después, sentada en un café sobre la carrera Séptima, en Bogotá, Gallo está convencida de que es porque “el arte nace cuando uno no sabe qué más hacer y es como que la sangre se te quiere salir de la piel”. Y aunque no tiene definido cómo vivir de su obra, Gallo no está dispuesta a renunciar antes de descubrirlo.
