Son 19 pinturas que plasman cadenas, abusos, caminatas en condiciones indecibles, hambre, tratos humillantes en medio de la lluvia y del hacinamiento, sin intimidad, entre cadenas e incertidumbre. El tipo de situación en la que caerse y morir es un escenario de libertad. En la serie De la sombra a la luz, basándose en el relato de una secuestrada muy cercana a su familia, el artista huilense Mario Ayerbe consignó en acrílico y lienzo la experiencia y sensación sombría de miles de colombianos reducidos a objetos de negociación y castigo en nuestra aterradora y asombrosa selva. Las obras salieron a la luz en 2011 y siguen hablando fuerte sobre lo que ha sucedido en Colombia.

Desde este lunes 9 de febrero, la JEP las exhibe en sus instalaciones, en el marco de anuncios importantes que hará la Sala de Reconocimiento de Verdad al cerrar la investigación de todos los secuestros cometidos por las extintas Farc-EP. Se conocerán los nombres de los máximos responsables de estos hechos del Bloque Oriental y el Bloque Sur, que privaron de la libertad a miles de personas en el sur del país.
Una de ellas, Consuelo González de Perdomo, retenida y humillada por el Bloque Sur (y Oriental) por más de seis años, pensaba en su amigo pintor cuando veía un paisaje capaz de cortar la respiración, incluso en medio de la pesadilla. Eso explica la obra. Y sobre el proceso de realizarla, Arcadia habló con el artista. Esto nos dijo.
ARCADIA: Cuéntenos sobre su vida y su obra en 2026. ¿Qué pinta?
MARIO AYERBE: Siempre he venido alimentando una obra abstracta, hasta cierto punto, porque totalmente abstracto no hay nada. Siempre hay evidencias de elementos con los que uno juega y lo siguen persiguiendo. Venía haciendo esa obra antes de empezar la obra de la que vamos a hablar, que significó un cambio de capote, como en una faena. Cuando terminamos, seguí haciendo lo mío. He seguido gozándome el mundo de mis abstracciones, de mis elementos y mis emociones, que es muy lírico.

ARCADIA: De la sombra a la luz, imágenes del secuestro fue una serie totalmente atípica en el marco de su obra e impactó distinto.
M.A.: Es algo distinto. Decidí hacer esa obra cuando charlé con la parlamentaria Consuelo González, amiga mía y de la familia, después de su liberación. Ella me decía: “Mario, yo a usted lo recordaba por allá en ciertos momentos, en lugares muy especiales, que me hacían pensar: ‘¡Qué bueno esto para un pintor!’”. Es increíble que ella pensara en mí, por allá, en ese lapso tan extenso. Y lo que más impacto me produjo fue escuchar los cuentos sobre esos momentos duros, que me fueron absorbiendo. Ella me dijo que sería bueno si pudiéramos pintar todos esos hechos, y yo accedí. Pensé que era algo muy especial, algo que había que hacer.
ARCADIA: Ella pensó en pintura y tuvo la iniciativa de proponerlo.
M.A.: Sí. Fue una cosa muy casual porque, ya en la confianza de unos whiskies, en una reunión, escuché sus relatos y sentimos un flechazo de parte y parte. Dijimos que en vez de un libro haríamos esto, que la imagen vendría antes que la palabra. Y me puse en la tarea. “Consuelito, tú me vas narrando las cosas”, le dije. Yo iba tomando los bocetos y ella me iba diciendo cada punto. Y logramos algo muy especial, 19 obras, muy puntuales. Podía salir mucho más, pero, la verdad, terminé muy cansado. Es una obra muy oscura en todos los sentidos.
ARCADIA: ¿Cuánto le tomó, en términos de tiempo y de humanidad, absorber todo esto y transmitirlo?
M.A.: Fueron dos años. Empezamos en 2009 y terminamos en 2010. Ella, que estaba trabajando, venía cada tanto. Yo la invitaba a ver cómo iban las obras. Me impactaba que frente a ciertos cuadros ella estuviera aterrada; se le lloroseaban los ojos de ver cómo se iba transformando lo que decía y la manera como yo lo interpretaba. Hasta cierto punto, fui como un pantógrafo, pero había que ponerle mucha imaginación.
Yo no pretendía hacer selvas perfectas, ni hojas, ni troncos viejos, ni todas estas cosas. Aspiraba a crear un escenario melancólico, triste, que absorbía el mundo de la manigua. Espacios muy sórdidos, tristes, y el tema de cada obra remite a situaciones de cada momento. Yo empecé pensando en una caminata de ellos en la selva, y así se fueron dando las cosas, pero después tuve que darle un principio y un fin. Entonces, le pregunté: “¿Cómo fue el secuestro?”. Y ella me dijo: “Esto fue cerca de Neiva, ahí en el puente Río Neiva”, y narró en qué carro iba con su chofer cuando la atajaron, la agarraron y todo lo que siguió cuando la llevaron para el oriente. Y se comenzó a definir una secuencia de obras hasta llegar a Retorno a la libertad, que marcó su liberación.


ARCADIA: Le tocó marcar límites narrativos. Es un tema de nunca acabar.
M.A.: La verdad, sí. Por eso nos enfocamos en lo más puntual de este secuestro. Y llegó un momento en que me sentí secuestrado, producto de una fuerza agotadora, impresionante. Consuelo, en ciertos momentos, me decía: “Mario, mire, acuérdese de que hay que encadenar estos personajes aquí, aquí”. Y yo le respondía: “Uy, Consuelito, déjemelos ver libres aunque sea en los cuadros, porque ya ponerles cadenas sí que agota más”. Fue muy chistoso, ella se reía, pero le dije: “Tranquila, pinto las cadenas al final”. En mi vida como pintor jamás había pensado en hacer cadenas. Me parecía terrible… pero fue interesante.

ARCADIA: ¿Cómo fue mostrarla?
M.A.: El hecho de exhibirla fue muy bueno. Empecé desde Pitalito, mi ciudad natal. En Bogotá fuimos al Museo de Arte Contemporáneo, al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, y a los 20 años de la Fundación País Libre. Estuvimos en Barcelona, Roma y Medellín, en el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe. Fue una itinerancia maravillosa con una asistencia totalmente aterrada de ver estos momentos retratados…
ARCADIA: La obra vuelve a las primeras planas por cuenta de la JEP. ¿Qué significa ese regreso?
M.A.: Se siente como uno de esos álbumes viejos que uno deja en un rincón creyendo que no los va a volver a ver y después vuelven como una sorpresa. Uno entra en los recuerdos, en todo ese trance que tuvo haciendo la obra y piensa en todo lo que dejó. Porque siempre fue muy admirada.

ARCADIA: Cuéntenos sobre lo que significó para Consuelo y por qué es importante que la gente la vuelva a ver.
M.A.: Ella me agradeció mucho por, en sus palabras, “ayudarme a hacer menos doloroso el recuerdo de esta cruel experiencia”. Fue muy satisfactorio haberle cumplido a una persona con la que acordamos este trabajo. Pero no es solamente importante por el recuerdo de ella, no es algo personalista, es importante por el recuerdo de todo secuestrado que ha habido en Colombia.
Yo llevo unos 12 años sin ver la obra y la voy a volver a ver. Me parece importante que la pintura siga denunciando este flagelo tan grande. La gente debe tomar conciencia de estas y tantas cosas graves que han sucedido en Colombia. Esta exposición trata de que la obra vuelva a manos del público en este momento, y se puede mostrar gracias a mi gran amigo Jairo Ortiz. Yo quisiera volver a hacer una obra sobre este tema… pero para dar las gracias de que el secuestro terminó.
