En una de sus canciones más representativas, “Summer of 69″, Bryan Adams encapsula los mejores días de la vida en una línea inolvidable y eterna. “Those were the best days of my life”, canta él, recordando los bellos días de juventud, de un amor, acompañado por su variado público, que ata sus propias memorias a cada una de sus letras.

En palabras simples, la música de este hombre nacido en Kingston, Ontario (Canadá), en 1959, evoca momentos y sentimientos que vale la pena añorar en esta tierra. Padre de dos hijas y devoto de sus perros por voluntad propia, Adams nació como el hijo de un padre militar y diplomático que no veía una vida en la guitarra para su hijo, a diferencia del tío que le regaló su primer instrumento de seis cuerdas.

El destino ya había hablado, y Adams comenzó a compartir música hacia finales de los años setenta. Se puso en el mapa con un LP autotitulado de 1979, calentando la pista para tomarse las radios en los años ochenta, gracias a Reckless, de 1983. Y se ratificó como fenómeno planetario en los noventa añadiendo su música a películas lideradas por estrellas de la época (Robin Hood, Don Juan, Los tres mosqueteros).

Si algo prueba su visita a Colombia el 20 de marzo es que esta máquina de éxitos emocionales (enmarcados en una época, pero siempre extrapolables cuando se necesita una inyección de vida) jamás ha detenido la marcha. Estrenó disco el año pasado y la gira que ha impulsado este nuevo trabajo lo verá regresar al país luego de un paso curioso en 2008, cuando muy poca gente lo pudo escuchar.
Desde algún lugar de Filipinas, el ícono atiende la llamada de Arcadia. Y, si bien lo hace algo más gruñón de lo esperado, su franqueza se aprecia. Le preguntamos sobre ese concierto de 2008. “Fue en un restaurante o un club donde toqué. Era muy pequeño”, explica. “Todo fue un poco loco. Lo recuerdo como un show acústico en medio del día”. En ese orden de ideas, lo que viene ahora será lo que él mismo denomina “el verdadero show”. Sobre los conciertos que lo marcaron, cuenta que, “cuando empezaba y asistía a conciertos, me vi inspirado por Led Zeppelin, David Bowie, T-Rex y Elton John. Ver a esos artistas en su mejor momento fue realmente inspirador y puso la vara muy alta en algo a lo cual aspirar”.

El mundo es agresivo; siempre lo ha sido, pero lo es un poco más estos días. En ese marco, la gente encuentra refugio en músicos como él. Y no es casualidad que en su reciente LP, Roll with the Punches, inste a bailarles a los golpes de la vida. “El momento no podría ser mejor para compartir los varios mensajes de este álbum”, explica. En efecto, el trabajo exalta lo precioso de la vida, la importancia de abrir la puerta a la comprensión y, claro, el amor. No son temas nuevos, solo eternos, y cada tanto, cuando se normalizan cosas horribles, se hace más importante devolverlos al centro del debate.
Le preguntamos sobre satisfacciones y arrepentimientos en una carrera que suma casi cinco décadas. “Hay algunas cosas que no habría firmado, pero, en general, miro a mi alrededor y estoy bastante feliz con la forma en que todo resultó”. Y le sigue resultando, se puede decir. Sobre su voz, reconocible en segundos, consultamos si le exige especiales cuidados dada su cualidad carrasposa. “Mientras no me resfríe, normalmente está muy bien”, comparte. Aun así, para cuidarla, le es crucial “dormir, comer bien, hacer ejercicio y cuidarse. Eso es lo que hago”.

Musicalmente, su fórmula es inconfundible. Se sostiene usualmente en su voz y en su guitarra, a veces de un piano. Unos dicen que Adams jamás traicionó su manera, y otros, que jamás experimentó. ¿Qué dice él? “Cada vez que uno se sienta a escribir una canción nueva, está experimentando, porque no quiere repetirse. Pero también quiere ser fiel a sí mismo. Siempre he dicho que los compositores deben escribir su verdad. Tanto es así que realmente dicen algo que conecta con ellos, y, si conecta con ellos, conectará con otras personas”.

Ligeramente, le preguntamos qué canciones enviaría en una cápsula del tiempo, y a regañadientes escoge una: “Pondría algo que fuera un mensaje para quien lo escuchara. Tal vez ”(Everything I Do) I Do It for You", porque incluso, si hablas inglés, te toca. Trascendió fronteras y lenguas y se convirtió en una canción verdaderamente global. Pondría esa porque, si alguien la escuchara en el espacio exterior, podría vivir el mismo efecto”. En momentos en los que mucho se debate que un señor cante en español en el Super Bowl, el mensaje sobre la música es contundente.

No le sucede a Bryan lo que a tantos otros artistas, que se distancian de sus éxitos tras décadas de tocarlos, aunque esto le represente un dolor de cabeza a la hora de armar el setlist de la gira. “Tengo 16 álbumes y es bastante difícil ponerlos todos al mismo tiempo, así que siempre hay un sacrificio”, le dice a Arcadia. Pero la cancha no se improvisa y por eso no trata de inventarse el pan tajado. “En mis conciertos intento tocar un par de cosas del disco nuevo y luego llenar el resto del repertorio con canciones que la gente ama. Eso generalmente funciona”.
Antes de pasar por Colombia, tocará también por el museo egipcio en Giza. Al respecto de este particular toque, asegura: “Estamos deseando hacerlo, pero espero que Estados Unidos no ataque a Irán… Si lo hacen, probablemente no podremos tocar en ningún lugar del Medio Oriente”.

Adams es un puente vivo entre lo que fue el cierre del siglo XX, un tiempo en el que su nombre y su voz se hicieron reconocibles en el planeta entero. En ese punto colaboró con artistas enormes que ya no están con nosotros. Al respecto comparte: “Una de mis colaboraciones favoritas fue con Paco de Lucía, uno de los grandes guitarristas de flamenco. Me encantó trabajar con Paco, era un gran ser humano. Por supuesto, también me encantó trabajar con Tina Turner; trabajé con ella muchas veces en el estudio y siempre fue maravillosa, siempre daba mucho más de lo que uno esperaba. Era una persona fuerte y, al mismo tiempo, una cantante supersensible. Cuando miro atrás, recuerdo esos tiempos con mucho cariño, aprecio y gratitud. Claro, eso incluye a Luciano Pavarotti, algo que jamás imaginé cuando era joven. Me hice amigo de Luciano e hicimos esta locura en la que canté en vivo por televisión nacional, en italiano, ¡y ni siquiera hablo italiano!”. No temió lanzarse de cabeza, anotamos. “Me lancé directamente a lo profundo”, asevera.

Entre sus fans se cuentan hombres y mujeres de todo el mundo en varios nichos. Hace poco, el talentoso líder de Opeth (banda que visita el país el próximo 8 de noviembre) expresó que fue a ver el show de Adams en vivo, acompañado de su esposa y de Tobias Forge (líder de Ghost) y su esposa. El virtuoso describió la experiencia como nada menos que fantástica. Para eso, sin duda, hay que creer en la fuerza de la música y en el amor. “And love is all that I need; and I found it there in your heart; isn’t too hard to see; we’re in heaven”, dice su memorable canción “Heaven”.


En tiempos de redes y Spotify, ¿le ha sido complicado adaptarse como nativo del siglo XX? “Me ha ido bien y por eso sigo adelante”, responde Adams. “Sigo haciendo música y ahora soy un artista independiente, con mi propia compañía discográfica. Estoy disfrutando mucho de todo y sigo viajando por el mundo. No se me ocurre una vida mejor”.
*Información sobre entrada en TuBoleta.com.
