Música

‘The Lost Berlin Tapes’: el lujo de redescubrir la voz eterna de Ella Fitzgerald

Extraviada durante décadas y redescubierta hace poco, una grabación de la legendaria cantante estadounidense confirma su título de primera dama del jazz.

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Juan Carlos Garay
28 de noviembre de 2020 a las 11:00 p. m.
Foto: gettyimages

*Por Juan Carlos Garay

En una grabación que acaba de aparecer sobre Ella Fitzgerald, podemos oír una verdadera proeza de la improvisación. En la parte final de la canción Mack the Knife, la cantante comienza a inventar una retahíla graciosa en la que menciona a un par de amigos músicos y agradece al público que la está escuchando, los habitantes de…

Hay un par de compases en silencio. ¡Ella Fitzgerald ha olvidado el nombre de la ciudad que está pisando! Uno se la imagina mirando de reojo a su pianista acompañante, Paul Smith, y quizá él le alcanza a gritar la respuesta por fuera del alcance de los micrófonos: “¡Berlín!”. La música no para. La cantante improvisa una nueva estrofa y esta vez sí la corona con el nombre de la ciudad, cuyos habitantes aplauden emocionados. Ha quedado demostrada aquella famosa sentencia de Miles Davis, según la cual “En el ‘jazz’ no hay errores, solo acontecimientos”.

La grabación está fechada en marzo de 1962. El concierto marcaba el regreso de Ella Fitzgerald, la primera dama del jazz, a la ciudad alemana en la que un par de años atrás había grabado uno de sus discos más emblemáticos: Ella in Berlin. Disco que, por cierto, la hizo acreedora a dos premios Grammy.

Por las crónicas de la época sabíamos que aquel regreso a Berlín había sido un éxito rotundo. Lo que desconocíamos era que aquella velada quedó grabada en una cinta magnetofónica. Hace poco, los ejecutivos del sello Universal encontraron la grabación y decidieron publicarla, no solamente para que los amantes del jazz clásico se reencuentren con una vieja amiga, también para que las nuevas generaciones conozcan una voz de alcances impresionantes: envolvente cuando las canciones son íntimas, explosiva cuando el concierto está en su cima.

Ella Fitzgerald consolidó su prestigio gracias al concepto de su productor Norman Granz, quien le dirigió una decena de grabaciones de los llamados songbooks o cancioneros. Estamos hablando de algo así como la Biblia de la canción popular estadounidense: aquellos cancioneros no solamente homenajearon a los más grandes compositores de su país (George Gershwin, Irving Berlin, Cole Porter), sino que establecieron un modelo de interpretación. Cada una de estas grabaciones es respetuosa de la partitura original, pulcra y cuidadosa en todos los detalles.


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En contraste, los conciertos de Fitzgerald eran otra cosa. The Lost Berlin Tapes, el documento que acaba de aparecer, reúne todo lo especial que tenían esos espacios: hay riesgo, espontaneidad, buen humor, y una complicidad muy notoria con el pianista Paul Smith.

Por mencionar solo un ejemplo: cuando Ella canta Cry Me a River, las notas del piano parecen, en efecto, imitar la corriente de un río. Puede ser un truco fácil, pero es encantador.

Y al cabo de una hora de emociones genuinas, la primera dama del jazz dice “dankeschön” con un acento gracioso y nos queda una reflexión. El concierto hasta ahora inédito de Ella Fitzgerald ha aparecido en un año en que las presentaciones en vivo escasearon. Apreciar esta acústica de teatro, estos aplausos, esta interacción entre la artista y su público, nos ha hecho recordar lo mucho que perdimos con el cierre de espectáculos. Los discos son apenas el cardiograma de la música, mientras que los conciertos son el corazón. The Lost Berlin Tapes no es solo el recuerdo de una gran cantante, sino de toda una dinámica que ojalá recuperemos pronto.