En la charla con el escritor antioqueño Alexander Cossio, tras su paso por la Fiesta del Libro de Medellín (y, meses antes, por la Filbo) presentando su libro El superhéroe de los sueños, SEMANA le preguntó: ¿escribir para qué? Escribir como propósito de vida, respondió el nacido en 1974. Cossio compartió que soñó con ser poeta desde niño y que a los 8 años ya aprendía “poemas que mi papá me leía de esos libros envejecidos de la poesía rústica bella de El duelo del mayoral”.


A los 12 empezó a escribir y creyó que la ruta hacia una vida de letras sería directa (graduarse, estudiar periodismo, escribir), pero la separación de sus padres forzó otros caminos. Su madre necesitaba que trabajara y eso hizo. Y si bien su sueño de ser escritor “se fue traspapelando”, según contó, le fue lo suficientemente bien como para retomarlo décadas después. “Tenía 40 años y esculqué el bolsillo de los recuerdos: ‘¿Qué pasó con mi sueño de ser escritor? Yo no quería ser gerente de una empresa, yo no quería ser vendedor’”, se dijo. Y renunció, dejando todo para irse a Barcelona a estudiar creación literaria. Entre muchos, tuvo de maestros a firmas como Jorge Carrión, Samanta Schweblin, María Negroni y Martín Caparrós. Confirmó que escribir era su llamado.
Sobre El superhéroe de los sueños, un libro que se enmarca en la literatura fantástica juvenil, explicó que nació como expansión de El superniño, un cuento que escribió en 2016. Este trataba de Iván, un niño de un barrio popular en Medellín, que soñaba con volar y un día encontró en sus sueños a un superhéroe, y este le dijo: “Te inyecté cinco poderes. Cuando descubras cuáles son los cinco poderes que te inyecté, ese día vas a lograr tu sueño”. Cossio contó que, cuando el niño encuentra el quinto poder, por cosas del destino, se lanza de un avión en paracaídas y desaparece para siempre.

Este final, lo supo tiempo después, había dejado muy triste a uno de sus jóvenes lectores, que le preguntó por qué Iván había tenido que morir. “Lo tengo guardado para un segundo cuento”, se le ocurrió responderle. Y ese cuento del que habló se transformó en un libro, El superhéroe de los sueños, con prólogo de J Balvin. En él, según explicó, “entendí que al otro día de haberse tirado en ese paracaídas, Iván había despertado en el superuniverso de los sueños, una ciudad de cristal por encima del cielo, con arquitectura propia donde los superhéroes de los sueños (millares) se reúnen a pensar cómo van a ayudarles a los soñadores de la Tierra para que aprendan a alcanzar sus sueños”.
En ese relato se sirvió de lo que le dejaron sus viajes a la India, a China y lecciones de su maestría en política: “Aquí logré enlazar todo”, exhortó. “Hay una historia en Cuba, donde ese superhéroe de los sueños se le aparece a una niña, Amelia, quien sueña con un librito azul, que no es otra cosa que un pasaporte para huir de su país. Le meto política muy sutilmente al tema para tratar de enseñar a los jóvenes qué es el comunismo y por qué consideramos que ese no es el camino”.


SEMANA le preguntó sobre su universo literario, en una trayectoria de 18 libros publicados. “Inicié con poesía, y me invitaron a muchos eventos, y luego pasé al cuento”, explicó. “Pero ahora estoy enamorado de la novela. Estoy mezclando lo que es novela urbana y literatura fantástica juvenil, y realmente quiero seguir aprendiendo y fortaleciendo mi narrativa de novelista”.
Sobre los escritos que mejor reflejan su voz y rango, mencionó cuatro de su obra reciente: Me niego a morir (2023), que llama “el mito de origen de un escritor latinoamericano”; La princesa muda (2024), prologada por Víctor Gaviria, una historia romántica, ambientada en la época de sicarios en los años ochenta en Medellín; Los días de mis muertes (2025), novela inspirada en la vida del cantante Hebert Vargas, que entre realidad y ficción teje la trama de un artista en medio de los sueños, las dificultades, la brujería y el alcoholismo; por último, mencionó El superhéroe de los sueños (2026).
Y claro, sigue escribiendo, prepara dos novelas cuyos títulos tentativos le son dicientes. Una se llama La abuela que mató a Dios y la otra, Las esposas que nunca tuve. “Estoy encarretado, leyendo mucho Madame Bovary, leyendo mucho Anna Karenina, para Las esposas que nunca tuve, porque quiero nutrirla de esos clásicos que tanto leí cuando era joven. Quiero volverlos a traer. Creo que la literatura es una remezcla y los escritores tenemos que mostrar, de alguna manera, lo que hemos leído en lo que escribimos”.
La manera en la que escribe entró en cuestión y por eso compartió su atmósfera ideal. “Me encanta encerrarme en bibliotecas para escribir. La princesa muda la escribí en Barcelona, en la UPF. Me encerraba 10 o 12 horas diarias a escribir en la Biblioteca de las Aguas. Soy soltero, no tengo hijos, mi matrimonio es este y me enamoré de esto. Entonces, me encierro en una biblioteca y nadie me molesta por 12 horas. La novela siguiente la escribí en la FIU, en la Universidad Internacional de Florida, y El superhéroe de los sueños lo finalicé en la UPB aquí en Medellín. Siempre encerrado en bibliotecas”.

Entre sus varias facetas, hay una de gestor cultural en él, y SEMANA indagó sobre qué proyecta. Su respuesta demuestra lo enfocado que está en su ruta de letras. “Hay muchas cosas que podría hacer, pero anhelo las colaboraciones que los cantantes están haciendo: con escritores, copiando un poco la idea de los cantantes, que los ha apalancado mundialmente”. Sobre cómo lo proyecta, Alexander es consciente de que colecciones de cuentos con varios escritores ya existen. “Quisiera hacerlo diferente –declaró–, que esa remezcla fuera en la misma pieza: un cuento de tres escritores sentados escribiéndolo. En la música, los cantantes ahora se meten en un estudio, sobre todo los chicos del reguetón; cinco o seis cantantes o compositores, y entre todos hacen una sola canción. Eso es lo que quiero explorar en la literatura”.


La música, en efecto, le es familiar a varios niveles. Además del mencionado prólogo de J Balvin en su más reciente libro, Cossio también escribe canciones para voces reconocidas. SEMANA le preguntó sobre cómo entró a esa esfera. Narró que un día se encontró con Viviana Ramírez, quien en ese momento era la voz principal en El Tropicombo. “Le entregué uno de mis libros de poemas y me dijo: ‘Álex, esto no es poesía, esto es música. Yo voy a hablar con el maestro Jorge Cotes y lo vuelvo a llamar’”. Poco después, el maestro habló con Cossio para decirle que iban a grabar su primera canción, Te voy a amar.

En ese punto, sacó a relucir una frase en la que cree: “La gratitud es la moneda que más rápido se valoriza; inviertan en ella”. Su gratitud con El Tropicombo es total, le abrieron un camino que no pensó recorrer jamás. Vinieron canciones de Arelys Henao como Aguardientada el alma, del Trío América como Mi linda y La vida es un bolero de Carlos Arturo, el señor del bolero. Y Hebert Vargas grabó Que te cobre la vida. ¿Cómo se siente escuchar sus temas en esas voces? “Da motivación para seguir vivo, seguir escribiendo, seguir soñando y seguir creyendo que sí puedo hacer lo que algún día me soñé”.
