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Biografía de Cerveleón Padilla, libro de Antonio Cacua Prada. - Foto: Cortesía Javier Rocha Amaris

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‘La vida de Cerveleón Padilla’: un libro para recordar a un ilustre de Chimichagua

El abogado Javier Rocha Amaris hace una reseña de la biografía de Cervelón Padilla, un jurista que marcó una era en ese hermoso municipio del Cesar.

*Texto de Javier Rocha Amaris

El libro sobre la vida de don Cerveleón Padilla está escrito a la manera de las obras de Emil Ludwig. Guarda -como en las mejores de este biógrafo suizo- la quintaesencia de la vida de este jurista, quien desde muy joven doblegó su destino de carencias que inició en la pobreza y desventuras familiares, a partir de las cuales supo moldear la incertidumbre construyéndose a sí mismo con un permanente espíritu de superación, una extraordinaria existencia digna de imitación y estudio para las futuras generaciones del Magdalena Grande.

Escrita por el experimentado historiador y biógrafo, don Antonio Cacua Prada narra la figura de un hombre de servicio al prójimo, amante del estudio autodidáctico y de lo transcendental, un buscador de la eternidad, un hacedor de buenas obras, que habita los valores del espíritu humanista, guiado por las enseñanzas de varios de los mejores pensadores y políticos de nuestra civilización occidental judeo-cristiana.

Pero, ¿cómo puede pasar un niño pobre de recolector de bicho o cafecillo silvestre; y de vendedor de agua en un burrito por las casas de las familias acomodadas en el pueblo, en los años de mil novecientos veinte, a convertirse en un honorable miembro de la Asamblea de Diputado del Magdalena y, luego, de la Cámara de Representantes, cofundador del departamento del Cesar, pasando por sus inicios de Juez Promiscuo y Alcalde de Chimichagua (donde dejó obras que llevan su nombre como colegios, una urbanización, hospitales y vías), hasta ser reconocido por sus coterráneos “Jefe Natural” comarcano, en su condición de directivo del partido conservador y del Movimiento de Salvación Nacional en el Cesar; y dejar por Acuerdo de familia el ¨Premio Padilla Lascarro¨, al mejor estudiante de la institución educativa que lleva su nombre, en el pueblo que lo vio crecer?

La respuesta a la cuestión planteada, yace en esta biografía que con destacado esfuerzo investigativo logra el historiador y exparlamentario, don Antonio Cacua Prada, quien por demás es abogado y fue embajador, catedrático, gobernador encargado, miembro conspicuo de las Academias Colombianas de la Lengua y de Historia, con más de un centenar de libros publicados (biografías, la mitad de ellos) y autor de múltiples artículos; y quien, gracias a su cercanía con don Cerveleón Padilla Lascarro, pudo encomendarse a la reconstrucción arqueológica de su vida y obra, como político y periodista.

La personalidad de los líderes -como es el caso de don Cerveleón- se puede comprender a partir de los libros que leen y de su forma de pensar, tanto como por sus actuaciones, obras y por el ejemplo de vida que le dieron a propios y extraños.

En su biografía figuran muestras de sus confesiones, discursos y artículos, algunas entrevistas con él, amenizados por enseñanzas de líderes liberales como el general Uribe Uribe y Gaitán y conservadores o democratacristianos como Laureano Gómez y Konrad Adenauer; y citas de sus autores y filósofos preferidos como Aristóteles y Pascal; también de los Evangelios, las encíclicas papales y de Cervantes Saavedra, dichas a través de El Quijote, de las cuales recordamos: “La ingratitud es hija de la soberbia”, “Ladran Sancho, luego cabalgamos”. Y el apotegma de la propia experiencia de don Cerveleón: “Mejor es servir que vivir”; frase que hoy, años después de su muerte, bien puede traducirse como para su epitafio: “Lo mejor de haber vivido es haber servido”.

La vida sencilla y austera que siempre llevó don Cerveleon, aun cuando tanteara las estrellas en la cumbre de su vida política, estuvo guiada por una incansable vocación de servicio público, que hoy puede verse en su comentada biografía y en su legado viviente en obras públicas que continúan brindando bienestar social en sus departamentos del Magdalena y el Cesar, y en su Chimichagua del alma.

Entre sus amigos y compañeros de trabajo político-comunitario se topan, don Pedro Bonett Camargo, el doctor William Namén Habeich de El Banco- Magdalena, al igual que su exitosa fórmula parlamentaria, la lideresa política conservadora y feminista, doña Olga Riaño de Valle-Mesa, los doctores Álvaro Gómez Hurtado y Hugo Escobar Sierra, sus compañeros de la Junta Organizadora del Cesar, entre ellos, los dirigentes José Antonio Murgas Aponte, Crispín Villazón de Armas, y los Gobernadores del Cesar, Jorge Dangond Daza, Manuel German Cuello Gutiérrez y Armando Barros Baquero de quienes don Cerveleón fue Secretario de Despacho.

Las generaciones de jóvenes, llenos de ausencias y sin posibilidades de futuro, encontrarán en esta conmovedora historia, la vida de un hombre que en medio del triunfo sobre sí mismo, tuvo al igual que Odiseo, cuando se aferró al mástil y omitió el canto de las sirenas, el valor para abrazar la virtud y mirar la riqueza con desgano, confiándonos su mejor tesoro por encima del dinero y la gloria personal.