Septiembre comenzó con fuerza. Como se ha vuelto sana costumbre, Bogotá recibe artistas y eventos de calidad. Por supuesto, la noche del 5 de septiembre no fue la excepción: desde Hamburgo, Alemania, siete guardianes llegaron al Movistar Arena para entregar las llaves del reino que han construido desde 1985. Helloween estaba en la capital colombiana.
Con una organización impecable, cerca de las 7:45 de la noche, Kraken emergió de las aguas para retumbar con su sonido, ampliamente conocido y celebrado por el público nacional. Su cantante, Roxana Restrepo, dirigió el recorrido por la historia de la banda antioqueña teniendo siempre presente al Titán Elkin Ramírez. Hombre mito, hombre leyenda, Muere libre, Frágil al viento, Todo hombre es una historia, entre otras canciones, sonaron y entusiasmaron a un público sediento de música. Para ese momento, el Movistar Arena estaba ocupado en su totalidad.



A las 9:05 de la noche, las siete calabazas (las siete llaves) hicieron estallar (en pólvora y en gritos del público) el escenario, que hasta ese momento tenía una cortina gigante con el logo de la banda.
Kai Hansen (guitarra y voz), Michael Weikath (guitarra), Markus Grosskopf (bajo), Michael Kiske (voz), Andi Deris (voz), Daniel Löble (batería) y Sasha Gerstner (guitarra) aparecieron mientras en la pantalla gigante se proyectaba su discografía y fotografías de quienes han formado parte de la leyenda alemana.
March of Time dio inicio al fuego; Kiske y Deris (el primero, de años ochenteros y el segundo, de los noventa) unieron fuerzas para llevarse todo por delante. Por supuesto, sus socios ayudaron en la labor. El Guardián de las siete llaves proyectado en la pantalla fue el maestro de ceremonias.
El resultado no podía ser otro: ¡histeria colectiva! The King for a 1000 Years y Future World continuaron (mención especial para las guitarras gemelas de Hansen Y Weikath). Risa, saltos, cantos, fuego y papeles en el aire fueron el resultado del ataque naranja. Sí es posible tener tres cantantes (más Kai Hansen, padre fundador) en perfecta sincronización, armonía, con aportes propios, y dar una lección de talento, amistad y madurez.



We Burn, literalmente, fue candela gracias a la pirotecnia, la fuerza, el poder y la energía de banda y asistentes. Andi Deris lleva al público a donde quiere con su carisma (y español); no obstante, Michael Kiske no se queda atrás y con su vozarrón aplaca cualquier duda de sus capacidades, Twilight of the Gods, con arcade (mejor maquinitas) incluida, fue la prueba. Ride the Sky, a cargo de Hansen, rebobinó la cinta del casete en el que empezó todo. Walls of Jericho y los años ochenta se abrieron ante todos. Vieja y nueva escuela presentes.
We Burn, literalmente, fue candela gracias a la pirotecnia, la fuerza, el poder y la energía de banda y asistentes.
De lo clásico a lo contemporáneo: Into the Sun, del último álbum Giants & Monsters, brilló para todos; una balada power que demuestra que los originarios de Hamburgo pueden ir de la velocidad a la emotividad sin problema. En el recorrido musical, se debe destacar el impresionante solo de batería de Daniel Löble y su cierre con un grito limpio, sin micrófonos, de “¡Bogotá!”. Cuando todos intentaban respirar, llegó I Want Out como una tromba… Locura total.



Posteriormente, hubo algo de aire, una sesión acústica con Kiske y Deris. Interpretaron Yesterday, de Los Beatles, que fue coreado por todo el público en el recinto… Sus dioses son nuestros dioses. In the Middle of a Heartbeat y A Tale That Wasn’t Right continuaron en modo acústico y emotivo.
Hubo sesión acústica con Kiske y Deris. Interpretaron Yesterday, de Los Beatles, que fue coreado por todo el público en el recinto… Sus dioses son nuestros dioses.
Heavy Metal (Is the Law), Power, Halloween, Eagle Fly Free y Dr. Stein tenían que sonar, y sucedió. Para ese momento, globos gigantes y naranjas volaron por los aires del Movistar Arena, mientras las calabazas alemanas se paseaban por el escenario y por el puente que los unió más con sus feligreses.
Keeper of the Seven Keys cerró la presentación y el recorrido de la noche bogotana. Las siete calabazas se despidieron y prometieron un pronto regreso. Esta no solo fue una consolidación, sino también la confirmación de que Helloween es una banda necesaria y fundamental en el heavy y el power metal en el mundo y para quienes la tienen en su banda sonora vital. Que vengan otros 40 años y más. Una vez calabaza, siempre calabaza.

*Texto de Sergio Rubiano.
