De acuerdo con la cuenta de economía circular del Dane, esta actividad representó el 1,53 % del PIB al cierre de 2024. Dentro de este ecosistema, la industria manufacturera, clasificada entre las actividades secundarias, aportó el 8,10 % del valor agregado circular, impulsada por compañías que han incorporado criterios de sostenibilidad en procesos que abarcan desde el diseño hasta la logística.
En el sector de las fajas, uno de los segmentos de la exportación textil colombiana, algunas empresas han iniciado ajustes productivos en línea con estos indicadores. Estas iniciativas adquieren relevancia si se tiene en cuenta que la industria textil es responsable del 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y del 4 % del consumo de agua dulce a nivel mundial. La Fundación Ellen MacArthur estima que la transición del modelo lineal a uno circular en el diseño y la fabricación de ropa podría generar beneficios por 500.000 millones de dólares.
Leidy Grisales, CEO de Entallarte, explica que la estrategia técnica del sector se apoya en tres frentes: optimización de trazos para reducir desperdicios de tela, uso de bases de nylon provenientes de la reutilización de plásticos y un sistema de gestión hídrica que incluye tratamiento y potabilización del agua antes de su retorno al entorno.
“La migración hacia materiales sostenibles en este sector presenta desafíos técnicos específicos, dado que las prendas deben garantizar estándares estrictos de compresión y resistencia. En el caso de Entallarte, implementamos polímeros reciclados que son sometidos a estudios de desempeño para asegurar que el componente de ‘segunda vida’ no comprometa la calidad del producto final”, señala Grisales.
La directiva también indicó que la empresa ha incorporado tecnología para optimizar las relaciones de baño en los procesos de tintura, lo que ha permitido reducir de forma gradual el uso de agua potable. Este avance se complementa con un sistema de reciclaje hídrico que mantiene la misma carga de agua en producción durante meses mediante ciclos de tratamiento.
No obstante, la adopción generalizada de estos modelos depende de la capacidad de inversión del sector. “Es viable que toda la industria realice esta migración, pero es fundamental contar con presupuestos destinados a la adquisición de materiales de desecho y sus respectivos procesos de transformación”, afirma Grisales.
La estrategia también involucra al consumidor final, a través de servicios de ajuste de tallas que buscan prolongar la vida útil de las prendas y reducir el descarte textil. Como parte de su hoja de ruta, la compañía proyecta para 2027 sustituir el consumo de energía convencional por paneles solares, en un proceso orientado a la descarbonización de su operación.
