Pagar desde una aplicación de domicilios, solicitar financiación al comprar un producto o acceder a un servicio financiero sin salir de una plataforma de comercio electrónico son algunas de las prácticas que reflejan la transformación de la industria financiera en Latinoamérica. Este cambio, conocido como TechFin, consiste en integrar servicios financieros en los espacios digitales que las personas utilizan habitualmente.
A diferencia de las fintech, que desarrollan productos financieros mediante tecnología, las compañías TechFin aprovechan su infraestructura, sus datos y su relación con los usuarios para incorporar alternativas financieras.
Durante el Latam Fintech Market 2026, Diana Prada, VP Sales de Become Digital y moderadora del panel ‘El ecosistema TechFin para dinamizar la industria de servicios financieros’, explicó que esta evolución depende de la capacidad de las entidades para interconectar servicios e intercambiar información de manera segura.
Según Prada, en Colombia confluyeron tres condiciones para el desarrollo de este modelo: la interoperabilidad de pagos, impulsada por Bre-B; el avance de las finanzas abiertas, establecido en el Decreto 0368 de 2026, y la distribución de servicios financieros mediante plataformas no financieras.
Bre-B, sistema del Banco de la República, superó los 1.700 millones de transacciones y movilizó más de $262 billones durante su primer año de operación. Además, registró más de 36 millones de usuarios con al menos una llave y 245 entidades conectadas.
Esta integración también plantea retos en materia de identidad digital y prevención del fraude. “La identidad es la dependencia primaria de todo el ecosistema: si hay una falla ahí, resulta imposible atribuir el dato o el pago posterior”, señaló Prada.
La verificación de identidad también incide en la vinculación de clientes. Un estudio de Fenergo encontró que el 70 % de los directivos consultados perdió clientes durante el año anterior por procesos de incorporación lentos o ineficientes.
Ante este panorama, las API, la biometría, la validación documental y la inteligencia artificial adquieren relevancia para facilitar operaciones seguras e interoperables.
