Alpina está moviendo su innovación hacia una categoría que gana fuerza entre consumidores cada vez más interesados en prevenir enfermedades y entender mejor qué comen: la nutrición avanzada. La compañía busca que sus nuevos productos no solo respondan a tendencias de mercado, sino que estén respaldados por estudios científicos, ingredientes diferenciales y tecnologías de desarrollo propio o en alianza con centros de investigación.
Así lo explicó Óscar Emir Rincón, director de Innovación de Alpina, quien señaló que la empresa quiere seguir cumpliendo su propósito de “nutrir a los colombianos”, pero con una propuesta más sofisticada. El cambio responde a un consumidor que ya no solo compra alimentos por sabor, precio o tradición, sino que pregunta cada vez más por su impacto en la salud.

Según Rincón, las personas están cada vez más atentas a enfermedades como diabetes, problemas cardiovasculares, deficiencias renales o trastornos digestivos, y buscan prevenirlas antes de consultar al médico. Esa preocupación, que anteriormente parecía más propia de adultos mayores o pacientes con diagnósticos específicos, hoy aparece incluso entre adolescentes y adultos jóvenes.
En ese contexto, Alpina está estructurando su innovación en torno a lo que denomina “mundos funcionales”. La idea es agrupar sus productos según necesidades nutricionales concretas y eso le dio paso al producto que en 2026 los mantiene en el podio de las empresas más innovadoras de Colombia. Se trata del Kéfir Plus, una bebida que forma parte del mundo de la salud gastrointestinal. El yogur griego se ubica en el mundo óseo-muscular, asociado al consumo de proteína, y Yox, otra de sus marcas insignias, pertenece al mundo de la inmunidad. La compañía prevé seguir creando nuevas líneas funcionales según las necesidades de los consumidores y las estadísticas sobre enfermedades relacionadas con la alimentación.

Rincón explica que les interesa trabajar en la salud gastrointestinal, dado que es común que muchas personas asocien su malestar diario a alimentos que les cayeron mal o los inflamaron, sin entender necesariamente qué ocurre en su organismo. La realidad es que buena parte de esas molestias puede estar relacionada con un desbalance de la microbiota intestinal, es decir, de los microorganismos que viven en especial en el colon.
En ese escenario entra el kéfir, un producto fermentado que busca ayudar a balancear la microbiota mediante el aporte de microorganismos benéficos. Rincón explicó que el kéfir de Alpina contiene 14 cepas probióticas y más de 20.000 millones de microorganismos en una porción de 200 mililitros. Algunas cepas contribuyen al sabor, la textura y las características del producto, mientras otras apoyan la colonización de microorganismos favorables.

El componente científico es una de las banderas de la compañía. Según Rincón, un proyecto de este tipo puede tardar entre uno y dos años, ya que implica investigación, pruebas, validaciones y desarrollo tecnológico. En el caso del kéfir, además de la fibra prebiótica, Alpina también desarrolló una de las cepas presentes en el producto: un Lactobacillus brevis. La empresa sostiene que ese tipo de avances le permite diferenciarse en una categoría que está creciendo rápidamente.
La recepción del producto ha sorprendido incluso a la propia compañía. De acuerdo con Rincón, el kéfir fue lanzado entre agosto y septiembre del año pasado y, en los primeros ocho meses, cuadruplicó las expectativas de ventas. Además, comparado con el yogur griego de Alpina, que lleva más de diez años en el mercado, el kéfir ya vende cerca de una quinta parte de esa categoría.

Parte de ese crecimiento se explica por las redes sociales. Rincón reconoce que el kéfir se ha vuelto viral y que su auge no es exclusivamente colombiano, sino global. En mercados como Estados Unidos también se observa una fuerte presencia del producto. A diferencia del yogur griego, que tardó cerca de cinco años en ser entendido por los consumidores, el kéfir logró entrar más rápido en la cotidianidad y en los hábitos de consumo.
Actualmente, Alpina ofrece el producto en presentación personal de 240 mililitros y familiar de un litro. El formato pequeño ha sido clave para la adopción, porque permite que los consumidores prueben el producto antes de incorporarlo como un hábito. La compañía incluso ha tenido que hacer ajustes en sus plantas para aumentar la producción de la versión personal.

Aunque el precio del kéfir es más alto que el de un yogur tradicional, Rincón explicó que se ubica en niveles similares a los del yogur griego. Por eso, la presentación personal cumple un papel estratégico: permite que más consumidores accedan al producto sin tener que comprar inicialmente el formato familiar.
Alpina también busca diferenciar su kéfir frente a las preparaciones caseras que circulan en redes sociales. Aunque Rincón reconoce que es posible preparar alimentos fermentados en casa, advierte que los procesos industriales permiten garantizar inocuidad, calidad y funcionalidad bajo normas de vigilancia. En su opinión, la naturalidad debe estar acompañada de seguridad, pues las levaduras o cultivos caseros pueden contaminarse con facilidad si no se manejan correctamente.

La discusión sobre etiquetado también toca a esta categoría. Rincón afirmó que cualquier cambio regulatorio sobre alimentos puede afectar al sector, especialmente si se incorporan nuevos sellos relacionados con productos ultraprocesados. Sin embargo, cuestionó que algunas definiciones no tengan suficiente soporte científico y recordó que la industria necesita tecnologías para garantizar vida útil, inocuidad y distribución en más de 1.200 municipios.
En el caso del kéfir de Alpina, el ejecutivo destacó que no tiene sellos de advertencia y, por el contrario, cuenta con sello positivo. Para la compañía, esto refuerza su apuesta por una innovación que combine funcionalidad, ciencia, sabor y facilidad de consumo.
