La Guajira es una región desafiante. Registra una limitada disponibilidad de agua apta para consumo humano, una alta dispersión geográfica y una baja cobertura de servicios, que ha persistido por décadas. Pero no solo es retadora, también es paradójica: es uno de los territorios con mayor potencial para el desarrollo de energías renovables, aunque evidencia mayores brechas en acceso a agua y energía.
La innovación se convirtió en la herramienta para entregar soluciones a la población, en un modelo integrado que entiende el territorio, sus dinámicas y su potencial. Así lo hicieron Grupo Aval y Promigas al desarrollar el modelo Misión La Guajira, una intervención que integra tecnología, aprovechamiento de recursos naturales, analítica de datos y gobernanza comunitaria para impulsar el desarrollo en territorios con pobreza multidimensional. A diferencia de intervenciones tradicionales que replican soluciones estándar sin considerar el contexto, el modelo diseña soluciones a la medida de cada territorio, adaptándose a sus necesidades, condiciones sociales y culturales, y al potencial de sus recursos naturales, logrando mayor pertinencia, eficiencia y sostenibilidad.

El modelo se implementó en Manaure y Uribia, en más de 80 comunidades priorizadas con base en el Índice Multidimensional de Pobreza Energética (Impe). Esta selección se complementó con un análisis del contexto territorial y con la caracterización de más de 200 comunidades.
Este proceso, como recuerdan desde Promigas, incluyó más de 500 espacios de socialización y concertación y cerca de 2.000 horas de trabajo en territorio, asegurando que las soluciones fueran cocreadas con las comunidades. Estas participaron activamente en decisiones clave, como ubicación, diseño, operación y uso.

Desde el componente técnico, agrega la compañía, el modelo articula soluciones de agua, energía, conectividad y desarrollo productivo. En agua, incorpora sistemas de potabilización mediante ósmosis inversa para el tratamiento de fuentes subterráneas (pozos) con alta salinidad, integrando captación, bombeo, pretratamiento, filtración, almacenamiento y distribución hacia puntos comunitarios de acceso. En energía, se implementan sistemas solares fotovoltaicos comunitarios con almacenamiento en baterías de litio, habilitando servicios como iluminación, refrigeración, conectividad y puntos de carga.
“Más allá del acceso, el modelo transforma el uso de la energía en oportunidades productivas. A través de soluciones de refrigeración y acceso a infraestructura, se habilitan emprendimientos locales y tiendas comunitarias, que dinamizan las economías del territorio. De manera complementaria, el fortalecimiento artesanal impulsa la formación, mejora de calidad y acceso a mercados, promoviendo la profesionalización del tejido wayuu como una actividad económica sostenible”, señala Promigas.

¿Cómo se asegura la sostenibilidad del modelo? En esquemas de gobernanza comunitaria, mediante la conformación de comités de agua y energía y el desarrollo de capacidades técnicas, administrativas y organizativas que permiten la autogestión y el mantenimiento de las soluciones en el tiempo, un enfoque que fortalece la apropiación comunitaria y consolida un modelo replicable, adaptable y sostenible. La inversión se acerca a los 80.000 millones de pesos, con un modelo que materializa una nueva forma de intervención territorial.
Este modelo fortalece la estrategia en materia de innovación de Promigas y las capacidades críticas para su crecimiento: diseñar soluciones adaptadas al territorio, operar en entornos complejos, articular aliados públicos, privados y comunitarios, y construir confianza con las comunidades. “En un contexto de transición energética, esas capacidades son tan importantes como la infraestructura misma, porque permiten que los nuevos negocios y las nuevas soluciones sean sostenibles, apropiadas y escalables”, dice la empresa.

“Para Promigas, innovar no es solamente desarrollar nuevas tecnologías; es cerrar brechas de conocimiento y convertirlas en valor real para la empresa, para las comunidades y para el territorio. Misión La Guajira materializa esa convicción y demuestra cómo nuestras capacidades en energía, ingeniería, operación, gestión de proyectos y construcción de alianzas pueden trascender el ámbito empresarial para convertirse en bienestar, desarrollo y oportunidades”, agrega.
La innovación en Promigas se desarrolla no como una función o un proceso más, sino como un servicio a la organización y los negocios. Sus actividades se organizan en cuatro frentes. El primero es fomento y cultura de innovación, es decir, convertir la innovación en una capacidad transversal en toda la organización. En 2025, más del 45 por ciento de los empleados estuvieron activos en torneos, formaciones o proyectos de innovación, generando más de 500 propuestas y participando en los más de 200 proyectos en el portafolio. El segundo frente es la innovación digital, cuyo propósito es lograr que tecnologías digitales disruptivas habiliten nuevos negocios o fortalezcan la posición competitiva de los existentes.

En la actualidad, se desarrolla un portafolio de 12 soluciones digitales disruptivas que permiten a la organización capturar ahorros o ingresos adicionales por cerca de 4.000 millones de pesos al año. El tercer frente son los nuevos energéticos, cuyo propósito es desarrollar nuevas líneas de negocio de energía con potencial comercial en menos de tres años. Trabaja en soluciones basadas en biomasa, biogás, biometano y almacenamiento de energía. El cuarto frente es investigación y desarrollo, cuyo propósito es desarrollar tecnologías y conocimientos propios que se conviertan en ventaja competitiva para los negocios actuales y futuros. Entre sus proyectos destacados de I+D se encuentran la línea de hidrógeno, soluciones de captura de emisiones, gestión inteligente de energía y optimización de sistemas de almacenamiento.

En Promigas, la innovación se ha convertido en un proceso que en los últimos ocho años se ha mostrado cada vez más maduro, consolidado y rentable.
Al cierre de 2025, la inversión en I+D+i fue de 294.000 millones de pesos (4,1 por ciento de sus ventas), y la contribución financiera de la innovación fue de 631.000 millones, lo que equivale al 8,9 por ciento de los ingresos. Además, en 2025, el 4,8 por ciento de su facturación vino de productos o servicios que no existían hace cinco años.
“Por todo esto, desde Promigas afirmamos que la innovación nos permite ser protagonistas en la construcción de ese futuro energético que todos anhelamos, en el que las soluciones de energía son seguras, asequibles, confiables y de bajo carbono”, concluye la compañía.
