Las tiendas de barrio, por varias décadas, se han convertido en el motor fundamental de la economía local y de la vida de los barrios en distintas ciudades del país. Estas dinamizan el comercio al vender la mayoría de las ventas de alimentos de la canasta familiar, generando a la par miles de empleos directos y fomentando el tejido social gracias a la cercanía, la confianza y la atención personalizada.
Sin embargo, los dueños de estas tiendas han visto en los últimos años cada vez más problemas por cuenta de la desaceleración en la economía. La Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, recientemente reveló un informe de Fenaltiendas, en el que se evidenció que el sector atraviesa un momento crítico, caracterizado por una combinación de menor consumo, caída en la rentabilidad y aumento sostenido de los costos operativos.

El estudio dio un dato preocupante y es que las tiendas han entrado en un modo de supervivencia. Esto dado que cifras como el deterioro del poder adquisitivo son evidentes, dado que el 50,45 % de los tenderos afirma que sus clientes tienen menos disponibilidad de recursos frente al cierre de 2025.
“Este fenómeno ha provocado un cambio estructural en los hábitos de consumo, donde el 45 % de los compradores solicita con alta frecuencia marcas económicas, sustitutos más baratos ante incrementos de precios e impuestos como el de ultraprocesados y bebidas azucaradas. El resultado es una presión directa sobre los ingresos del tendero”, indicó.
Adicional a ello, indican que en el nivel de rentabilidad, el impacto es aún más contundente. El 47,27 % de los negocios reporta una disminución en sus márgenes, reflejando una pérdida significativa en la capacidad de generar utilidades. Aunque el sector mantiene cierta estabilidad operativa, con un 59,54 % de tiendas que logran sostenerse más de 6 meses (33,18 % hasta un año y un 26,36 % más de un año), esta resistencia responde más a ajustes defensivos que a un entorno saludable. También indicaron que un 16,35 % ya se encuentra en situación crítica, con menos de tres meses de sostenibilidad.

Low cost y otros competidores no son el problema central
La competencia no parece ser el problema, pues el estudio precisa que el factor de presión son los costos. Esto dado que el 60,45 % de los tenderos destina más del 10 % de sus ingresos mensuales al pago de arriendo y servicios públicos, convirtiendo estos gastos en la mayor amenaza para la viabilidad del negocio.
También les juega en contra el endurecimiento en las condiciones de abastecimiento: el 39,55 % reporta mayores restricciones por parte de proveedores, incluyendo exigencia de pago de contado (20,91 %), reducción de plazos (11,82 %) y costos financieros adicionales (6,82 %). Esta situación limita el flujo de caja y reduce la capacidad de maniobra del tendero.

La seguridad en los barrios, otro tema que los afecta
Otro de los hallazgos más preocupantes es la cifra de inseguridad en los barrios, dado que el 64 % de los microempresarios consultados señaló que la inseguridad se ha acentuado. Este mayoritario porcentaje, prácticamente dos de cada tres tenderos, ha tenido que tomar precauciones: el 29 % de los tenderos consultados señaló que últimamente ha tenido que poner rejas, alarmas o cámaras para defenderse de los maleantes; otro 29 % declaró que ahora cierra su local más temprano y un 6 % expresó que ahora limita los domicilios a ciertas horas y zonas.
En el frente competitivo, el canal tradicional mantiene ventajas estructurales, pero insuficientes frente al entorno actual. El 42,73 % identifica la cercanía y la confianza como su principal fortaleza, mientras que el 35 % destaca el conocimiento del cliente y el 26,36 % la venta fraccionada.

