Mientras varios sistemas educativos de la región han ampliado la obligatoriedad escolar hasta los últimos años de bachillerato, en Colombia los grados décimo y undécimo continúan fuera de esa exigencia legal.

El debate no se limita a un asunto normativo. Expertos en educación señalan que la obligatoriedad de este nivel puede influir en la capacidad de los Estados para garantizar el acceso, la permanencia y la culminación de la trayectoria escolar, especialmente entre los jóvenes de menores ingresos y de zonas rurales.
De acuerdo con el Instituto Natura para América Latina, Colombia es el único de los países acompañados por esa organización —Brasil, Argentina, Chile, México y Perú— que aún no ha establecido como obligatoria la educación media. Para David Saad, director y presidente de la entidad, esta diferencia ayuda a explicar parte de los desafíos que enfrenta el país en cobertura, permanencia y calidad educativa.
“Cada país tiene fortalezas distintas. Brasil ha avanzado en evaluación y educación media integral, entre otras; Chile ha desarrollado experiencias destacadas en formación docente; y Perú logró mejoras importantes en sus resultados de aprendizaje. Más que buscar un único referente, lo importante es entender qué aprendizajes pueden aportar estas experiencias a los desafíos que enfrenta cada país”.

A partir de esas experiencias regionales, Saad identifica tres lecciones para Colombia: la importancia de la obligatoriedad, la necesidad de ir más allá de la cobertura y la conveniencia de construir una educación media conectada con los proyectos de vida de los jóvenes.
“La educación media no puede verse únicamente como un puente hacia la educación superior. Incluso cuando un joven no continúa estudiando después de graduarse, completar esta etapa genera beneficios en ingresos, empleabilidad y oportunidades de vida. Por eso es fundamental que la sociedad valore la educación media y que esta esté conectada con el proyecto de vida de los jóvenes”.
Uno de los casos que se citan como referencia es el estado de Pernambuco, en Brasil, donde una reforma sostenida de la educación media se apoyó en políticas integrales, seguimiento de resultados y una mayor conexión entre la escuela y las expectativas de los estudiantes. Según estudios realizados a nivel nacional, las mejoras estuvieron asociadas con un aumento del 55 % en la empleabilidad y del 23 % en el acceso a la educación superior de los jóvenes.
Según los datos citados por ATEM, la cobertura neta de educación media alcanza apenas el 46 %, el nivel más bajo dentro del sistema educativo formal (dentro de su medición). Además, persisten diferencias significativas entre territorios en acceso, permanencia y aprendizaje.
