La educación media, correspondiente a los grados décimo y undécimo, se convierte en uno de los mayores desafíos que tendrá que enfrentar el próximo Gobierno. Aunque representa la etapa previa al ingreso a la educación superior o al mercado laboral, es también el nivel con la menor cobertura del sistema educativo colombiano. Según el informe Cobertura y abandono escolar en educación media, del Observatorio de Realidades Educativas de la Universidad Icesi, solo el 51 % de los jóvenes en edad de cursar este ciclo está matriculado, lo que significa que uno de cada dos adolescentes no asiste al colegio en una etapa clave para su formación académica y la construcción de su proyecto de vida.

Frente a este panorama, la Fundación Barco presentó los resultados de la evaluación de su iniciativa ESCALA (2025-2026) en seis instituciones educativas rurales de Caldas, Norte de Santander, Valle del Cauca, Huila, Meta y Magdalena. El estudio identifica las principales causas de la deserción escolar en estos territorios y plantea una serie de retos estructurales que, según la organización, deberán ser abordados de manera prioritaria por la próxima administración nacional y por los gobiernos locales.
Uno de los principales hallazgos pone en duda la manera como actualmente se mide la deserción en las zonas rurales. La evaluación concluye que, en numerosos casos, lo que aparece en las estadísticas oficiales como “deserción rural” corresponde realmente a la movilidad laboral estacional de las familias campesinas, que se trasladan temporalmente por motivos de trabajo y vuelven a matricular a sus hijos cuando regresan.
En Ciénaga (Magdalena), el 78,6 % de los docentes identifica el cambio de residencia como la principal causa de salida, mientras que en Dagua (Valle del Cauca), el 100 % concuerda con ese factor. Frente a esto, la Fundación Barco considera necesario actualizar el Sistema Integrado de Matrícula (SIMAT) para incorporar indicadores que permitan distinguir la movilidad temporal del abandono definitivo, evitando que los recursos públicos se asignen con base en diagnósticos distorsionados.
La evaluación también evidencia la falta de motivación y proyectos de vida como un factor clave para la permanencia escolar. En Bochalema (Norte de Santander), el 77,8 % de los estudiantes en riesgo de deserción ve el estudio como una obligación, mas no como una oportunidad. En el Huila, apenas el 37,5 % de los jóvenes ve en la educación una alternativa viable debido a las barreras de costo, distancia e inseguridad de sus entornos. En esta institución educativa (IE Chapinero), de 44 egresados registrados en el ciclo anterior, solo 7 continuaron sus estudios (un 16 % de tasa de continuidad).
Sobre esto, María Camila Arango Isaza, coordinadora de programas de la Fundación Barco, afirmó que “la falta de motivación en las aulas rurales es el reflejo de un entorno sin alternativas reales. La política pública tiene el deber de evaluar la infraestructura educativa local. Cuando no hay opciones técnicas o profesionales accesibles, el desinterés es una respuesta realista a las limitaciones materiales del territorio. Para revertir esto, es imperativo construir un modelo de formación adaptado a las dinámicas estructurales y a las legítimas expectativas de la comunidad”.

El estudio también advierte que el trabajo adolescente remunerado continúa siendo una de las principales amenazas para la permanencia escolar en las zonas rurales. En Bochalema, el 55,6 % de los estudiantes con intención de abandonar el colegio trabaja con remuneración, mientras que en Puerto López (Meta) la cifra llega al 40 % y el 38,9 % asegura que estas reducen el tiempo disponible para cumplir con sus responsabilidades académicas.
A esto se suman problemáticas como el embarazo adolescente y el consumo de sustancias psicoactivas, que afectan directamente la permanencia académica. En Dagua, el 25 % de los estudiantes en riesgo de deserción reporta embarazos tempranos en su entorno, mientras que en Villamaría (Caldas) los docentes estiman que entre el 40 % y el 50 % de los alumnos presenta algún nivel de consumo de SPA.
Además, la alta rotación de docentes en las instituciones rurales es un factor que dificulta la continuidad de los procesos pedagógicos y la implementación de estrategias de permanencia. En el Huila, el 90 % del cuerpo docente fue reemplazado en apenas tres años, mientras que en Magdalena la rotación está entre el 70 % y el 75 %.
Para la Fundación Barco, estos desafíos demuestran que la deserción escolar responde a múltiples factores que superan la capacidad de acción de las escuelas, por lo que el próximo Plan Nacional de Desarrollo deberá promover una articulación efectiva entre los sectores de educación, salud, trabajo, defensa y protección social para fortalecer la educación rural del país.