Antes de empezar a estudiar, muchos estudiantes del Politécnico Grancolombiano ya han trabajado varias horas, cuidado de sus hijos o cumplido responsabilidades, porque permanecer formándose es luchar contra múltiples obstáculos. En ese sentido, el verdadero impacto no ocurre cuando una persona ingresa a la universidad, sino cuando logra convertir esa oportunidad en un proyecto de vida. Por eso, la permanencia es clave.

Cerca del 90 % de los estudiantes de esta institución pertenece a los estratos 1, 2 y 3, una población para la que estudiar suele coexistir con responsabilidades económicas, laborales y familiares que pueden poner en riesgo su continuidad.

“Cuando las dificultades económicas amenazan con interrumpir sus estudios, muchos estudiantes encuentran una mano en la Fundación Huella Grancolombiana. Allí tienen la posibilidad de acceder a una beca y recibir apoyo durante su formación. La educación debe poner a las personas en el centro, y transformar vidas de manera positiva, es el propósito de la institución, que hoy acompaña a más de 60.000 estudiantes en todo el país”, explicó Juan Fernando Montañez, rector del Politécnico Grancolombiano.
Según indicaron desde la institución, cada trayectoria es observada desde una perspectiva integral, y cuando un estudiante abandona sus estudios, la decisión rara vez surge de un día para otro. Antes suelen aparecer señales silenciosas: menos participación en clase, dificultades académicas o problemas financieros.
Por eso, construyeron un modelo preventivo que busca detectar los riesgos antes de que se materialicen. La estrategia combina analítica de datos, alertas tempranas, apoyo académico, bienestar socioemocional y orientación financiera.
“Somos organizaciones de personas que trabajan para personas. Esa filosofía explica por qué el acompañamiento se entiende como una responsabilidad compartida entre distintas áreas”, afirmó Montañez.
De hecho, a través de los ‘Kitus Administrativos’, colaboradores de distintas dependencias participan en la identificación de necesidades, orientan a los estudiantes y ayudan a conectar las situaciones detectadas con las áreas capaces de ofrecer soluciones. Con este modelo, la permanencia institucional pasó de 85,5 % en 2024-2 a 86,6 % en 2026-1.
Chelmis Yurai Manosalva, quien se convirtió en la primera profesional de su comunidad indígena Kankawarwa, y Jennifer Ballesteros, graduada que dedicó años de esfuerzo para cumplir la promesa familiar de construirle una casa a su madre, son solo algunas de las estudiantes que, a pesar de las dificultades, siguieron adelante gracias a esta estrategia.
“Cada estudiante que continúa, se gradúa y transforma su futuro tiene el potencial de cambiar también la historia de su familia, su comunidad y su territorio”, concluyó Montañez.
