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David Da Vinci, el niño polímata que convirtió su curiosidad en proyectos de inteligencia artificial, estará en la Cumbre Líderes por la Educación

Su rechazo a la etiqueta de “niño genio” revela una mirada particular sobre el aprendizaje. David Da Vinci apuesta por la curiosidad, la exploración y la capacidad de convertir las ideas en proyectos.

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10 de septiembre de 2026 a las 3:12 p. m.
Edgar David Camacho Flores, conocido como David Da Vinci
Edgar David Camacho Flores, conocido como David Da Vinci Foto: Edgar David Camacho Flores / API

A los 10 años, Edgar David Camacho Flores, conocido como David Da Vinci, tiene una manera poco convencional de explicar lo que hace con aquello que aprende: convertirlo en proyectos. Ciencia, tecnología, idiomas, arte y educación emocional forman parte de una búsqueda que no sigue una sola disciplina. Él prefiere una palabra para explicarlo: polímata.

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El cerebro de Google detrás de la revolución de la IA en las aulas latinoamericanas cerrará la 13.ª Cumbre Líderes por la Educación de SEMANA Sabino García, gerente de Google for

El próximo 23 de septiembre estará en Bogotá como invitado de la 13.ª Cumbre Líderes por la Educación de SEMANA y Semana Educación. Participará en la charla de impacto “El poder de conectar con propósito”, un espacio sobre los aprendizajes que van más allá del currículo y la construcción de un proyecto de vida.

Para esa conversación tiene claro el punto de partida: “Me gustaría que ese fuera el tema: conectados con propósito”. La frase resume una idea que atraviesa buena parte de su trabajo: aprender no termina en acumular conocimientos, también implica encontrar aquello que despierta interés y convertirlo en algo concreto.

Uno de sus proyectos nació, precisamente, de una experiencia difícil. Después de atravesar situaciones de bullying, quiso encontrar una manera de ayudar a otros niños a gestionar sus emociones. “Me atreví a decir no. Alto”, recordó.

De esa experiencia surgió Macayos, que describe como “la primera plataforma en México, creada con inteligencia artificial” para este propósito. El proyecto convirtió una vivencia personal en una iniciativa dirigida a otros niños.

Esa experiencia también marcó su manera de entender las nuevas tecnologías. Frente a la discusión sobre las redes sociales y sus riesgos, no considera que prohibirlas sea suficiente. “Yo creo que debemos atacar desde el fondo”, sostuvo. La clave, explica, está en enseñar a relacionarse con estas herramientas de manera consciente y, al mismo tiempo, formar a quienes puedan desarrollarlas.

Su mirada sobre la educación parte de una crítica al modelo tradicional. “Es el sistema educativo. Hoy día están preparando a los niños para una etapa que ya pasó”, afirmó. El desafío, desde su perspectiva, no consiste únicamente en incorporar tecnología a las aulas, sino en preparar a los estudiantes para un escenario distinto, en el que también serán necesarias capacidades como la sensibilidad y la inteligencia emocional.

Hay otra transformación que considera necesaria: reconocer que no todos aprenden de la misma manera. “Todos tenemos un ritmo diferente y todos aprendemos a un ritmo diferente”, dijo. No todos tienen que destacar en las mismas áreas ni responder a un único modelo de aprendizaje. La posibilidad de explorar distintas disciplinas es, para él, parte de ese proceso.

Su propia formación refleja esa búsqueda. Combina el estudio con proyectos en los que trabaja junto a empresas y enfrenta problemas concretos. “Aprendes, pero a la misma vez haces proyectos con diferentes empresas y resuelves problemas”, explicó.

Ahora se prepara para estudiar inteligencia artificial y negocios internacionales en Alemania y tiene entre sus planes continuar su formación en Harvard.

Antes de llegar a esas metas, sin embargo, hay una pregunta que considera fundamental: qué mueve a cada persona. “Para encontrar ese propósito hay que ser curiosos”, afirmó. La curiosidad es el punto de partida; después viene la capacidad de probar, equivocarse, construir y avanzar. “Necesitamos ponernos en acción”.

Esa forma de entender el aprendizaje también explica por qué no se identifica con la etiqueta de “niño genio”. “Los genios ya están en la tumba”, respondió. Prefiere hablar de sí mismo como un polímata: alguien que combina ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y artes, y que todavía está construyendo su propio camino.

Cuando se le pregunta cómo se define, responde sin recurrir a ninguna de esas etiquetas: “Es un niño muy curioso que quiere transformar y ayudar a desarrollar el potencial humano en el mundo”.

Esa curiosidad es también la que lo llevará al escenario de la Cumbre. Allí hablará de tecnología, aprendizaje y de la necesidad de que los niños encuentren espacios para explorar lo que les interesa. No llega con una fórmula sobre cómo debe ser la educación del futuro, sino con algo más cercano a su propia experiencia: aprender, hacerse preguntas y encontrar dónde poner todo aquello que despierta su curiosidad.