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Venezuela vuelve a ser negocio para Colombia: empresas ven un “gran mercado”

Las empresas colombianas retoman operaciones en el vecino país con pagos anticipados, acuerdos renovados y estrategias más cautas que en el auge de hace dos décadas.

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1 de mayo de 2026 a las 2:23 p. m.
Venezuela vuelve a ser negocio para Colombia - Gran Foro Colombia
Venezuela vuelve a ser negocio para Colombia - Gran Foro Colombia Foto: Israel - stock.adobe.com

Durante años, el intercambio comercial entre Colombia y Venezuela estuvo marcado por cierres fronterizos, expropiaciones, impagos y controles cambiarios. En ese contexto, la economía venezolana enfrentó una inflación elevada que redujo la capacidad de consumo.

La relación bilateral, que en su mejor momento movió cerca de 6.000 millones de dólares anuales, según el Departamento Nacional de Estadística (Dane), registró una caída prolongada. Marcas colombianas desaparecieron de los supermercados y cientos de exportadores perdieron ese destino.

La reapertura formal de la frontera en 2022, impulsada por el restablecimiento de relaciones diplomáticas bajo el gobierno de Gustavo Petro, marcó un punto de inflexión. Desde entonces, el comercio bilateral pasó de 728,4 millones de dólares en 2022 a 1.071,7 millones en 2025, con un crecimiento del 6,8 % frente a 2024.

Más que un regreso masivo de inversión productiva, lo que se observa es un retorno progresivo en distribución y abastecimiento, bajo esquemas más prudentes que en el auge de hace dos décadas.

En ese proceso, los productos colombianos volvieron a ganar espacio en los anaqueles venezolanos. Empresas que habían reducido o congelado operaciones evalúan nuevamente oportunidades, aunque bajo condiciones distintas: pagos anticipados, menor exposición crediticia y mayor control del riesgo.

El interés empresarial no es espontáneo, sino resultado de una recomposición institucional que comenzó con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales.

El repunte no fue espontáneo. Desde el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo aseguran que se trató de una política deliberada. “Una de las apuestas del Gobierno del presidente Gustavo Petro fue restablecer las relaciones económicas y comerciales con Venezuela, y ese objetivo se cumplió”, señalaron. El repunte en las cifras, sostienen, refleja no solo una reapertura física de la frontera, sino la reconstrucción gradual de canales formales de comercio.

Para lograrlo, la cartera trabajó en varios frentes. En articulación con autoridades venezolanas se reabrieron para el paso de carga los puentes internacionales Puente Internacional Simón Bolívar, Puente Internacional Francisco de Paula Santander y Puente Internacional Atanasio Girardot, en la frontera colombo-venezolana.

Además, se reactivó y amplió el Acuerdo de Alcance Parcial No. 28 (AAP28), suscrito en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración, que otorga preferencias arancelarias a un listado específico de bienes y fija reglas de origen para acceder a esos beneficios. No se trata de un tratado de libre comercio pleno, sino de un esquema preferencial que regula el acceso de determinados productos entre ambos mercados.

En paralelo, se avanzó en la negociación del Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones y, junto con el Ministerio de Transporte, se gestionó el Acuerdo de Transporte Internacional de Carga y Pasajeros, actualmente en revisión de la Corte Constitucional. “Desde este Ministerio, junto con ProColombia y las autoridades territoriales y venezolanas, se ha trabajado de manera articulada para aprovechar las complementariedades y las oportunidades que ofrece el mercado”, indicaron desde la entidad.

El repunte se mide en toneladas

Las cifras muestran el aumento en las exportaciones. Javier Díaz Molina, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), explicó que las ventas colombianas hacia Venezuela pasaron de 330,8 millones de dólares en 2021 a 632,3 millones en 2022, un incremento del 91,2 por ciento. En 2023 ascendieron a 673,4 millones y en 2024 dieron un salto hasta 1.003,6 millones, superando nuevamente la barrera de los mil millones.

En 2025 se mantuvo esa tendencia de crecimiento, consolidando la recuperación del comercio bilateral.

Javier Díaz Molina, presidente de Analdex.
Javier Díaz Molina, presidente de Analdex. Foto: Alejandro Acosta

El indicador más relevante es el peso exportado: pasó de 203.424 toneladas en 2021 a 633.080 toneladas en 2025. “La señal más contundente está en el volumen”, afirmó Díaz.

Frente a un crecimiento más moderado en valor respecto a 2024, en 2025 se intensificaron los despachos de bienes de rotación y abastecimiento, con mayor participación de productos de menor precio unitario.

La canasta confirma esa lectura. Sobresalen bombones, caramelos y confites (38,8 millones de dólares), aceites de soya (35,5 millones), leche y nata en polvo (28,4 millones de dólares), polipropileno (23,9 millones de dólares) y aceites de palma (23,6 millones de dólares).

A ellos se suman jabones, fertilizantes, insumos para alimentación animal y tubería para hidrocarburos. No se trata de un solo sector, sino de consumo masivo, agroindustria e insumos productivos al mismo tiempo.

Sin embargo, desde el sector exportador advirtieron que el entorno todavía impone restricciones. Díaz señaló que, aunque el comercio se enmarca en el AAP 28, persisten barreras financieras. “Una de las principales sigue siendo la dificultad de asegurar mecanismos de pago confiables y oportunos desde Venezuela”, precisó. El riesgo de cartera y la limitada operatividad bancaria han llevado a exigir pagos anticipados, lo que encarece las transacciones.

La frontera recupera su pulso

La recuperación también se percibe en la zona fronteriza. Sergio Hernando Castillo Galvis, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cúcuta, afirmó que “la frontera abierta es la esencia de esta región y la normalidad en la que históricamente hemos vivido generación tras generación”. En las calles de Cúcuta, contó, se nota el intercambio, la oferta y la demanda que renació tras la reapertura.

Castillo destacó que el pago anticipado en operaciones hacia Venezuela ha devuelto tranquilidad a los exportadores. Sin embargo, insistió en que el siguiente paso es fortalecer la infraestructura, la conectividad y las condiciones tributarias para atraer inversión y reducir la informalidad. “Ese ADN fronterizo de intercambio comercial siempre estará ahí”, afirmó.

Pamplona, ubicada a unos 75 kilómetros de la frontera con el estado Táchira, también registra una reactivación del comercio. Carlos Humberto Solano, presidente de la Cámara de Comercio local, aseguró que desde la reapertura ha aumentado la movilidad de mercancías y la presencia de productos agrícolas como duraznos y hortalizas en el mercado venezolano. “La dinámica que se había perdido está volviendo poco a poco”, expresó.

El crecimiento comercial se refleja en cifras: durante 2025, el intercambio bilateral alcanzó más de 1.051 millones de dólares, con alzas en alimentos, bebidas, químicos y plásticos. Solano resalta que la formalidad en las transacciones y la visibilidad de los productos colombianos fortalecen la confianza, aunque persisten riesgos por modelos informales y desconfianza entre empresarios.

En Bogotá, la Cámara Colombo Venezolana observa el mismo fenómeno con perspectiva histórica. Su presidente ejecutivo, Luis Felipe Quintero Suárez, recordó que en los años noventa y comienzos de los 2000 sectores como el siderúrgico, metalmecánico, petroquímico, automotor y textil lideraban un intercambio que alcanzó los 6.000 millones de dólares. “Dan una idea del potencial en un escenario como el actual”, señaló.

Desde la reapertura en 2022, afirmó, el comercio bilateral ha mostrado crecimiento sostenido. Hoy existen acuerdos de protección de inversiones, preferencias arancelarias y transporte que “brindan certeza jurídica y tienen el potencial de ser capitalizados adecuadamente por los empresarios”. Según cifras del DANE citadas por la Cámara, en 2025 las exportaciones colombianas alcanzaron 1.071,7 millones de dólares, con crecimiento en alimentos, químicos y materias plásticas.

Equilibrio comercial

Pero el entusiasmo no es homogéneo. Desde Caracas, Felipe Capozzolo, presidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), apoyó el comercio binacional, pero introdujo una condición. “No se trata solo de traer productos de Colombia; también de generar capacidades aquí de este lado”. La aspiración venezolana es equilibrar una balanza comercial que hoy está “seguramente en un 90 por ciento a favor del lado colombiano”, aseguró.

Capozzolo plantea que más allá de materias primas, se debe avanzar hacia productos semielaborados y terminados con mayor valor agregado venezolano. “Equilibrar esa balanza va a favorecer inclusive el crecimiento del volumen de negocio binacional”, sostiene, porque generaría empleo también del lado venezolano.

El mayor desafío, sin embargo, es macroeconómico. Asdrúbal Oliveros, economista, consultor empresarial y exdirector de Ecoanalítica, explica que en 2025 el 90 % de las transacciones se hicieron en bolívares y que la inflación en esa moneda cerró en 480 por ciento. “Con un nivel tan agresivo de inflación difícilmente puedas incrementar tu poder adquisitivo”. El riesgo para las empresas es la descapitalización si no logran gestionar divisas para reponer inventarios.

Aun así, Oliveros identifica ventajas para las firmas colombianas: competitividad en precios, calidad y proximidad logística que reduce costos de transporte. En un mercado golpeado por la pérdida de ingreso real, ofrecer productos de calidad a precios asequibles es una ventaja clave.

A ese escenario se suma un factor político de alcance internacional que podría alterar las perspectivas económicas de Venezuela y, por ende, del comercio bilateral. La captura de Nicolás Maduro y la consecuente reconfiguración política bajo la influencia de Estados Unidos han desencadenado cambios en las políticas energéticas del país, incluyendo licencias que facilitan la exploración y producción de petróleo y gas por parte de firmas internacionales. Estas medidas apuntan a revitalizar el sector energético venezolano, históricamente central para la generación de divisas y la capacidad de pago del país vecino.

El impacto para Colombia no sería menor. Una eventual reactivación de la producción petrolera y de gas, así como una mayor liquidez derivada de nuevos flujos de exportación energética, podría mejorar la capacidad de Venezuela para honrar pagos en comercio, reduciendo el peso de las transacciones en efectivo y mitigando parte de las barreras financieras que hoy enfrentan los exportadores. Sin embargo, expertos advierten que cualquier efecto positivo dependerá de la consolidación de reglas claras, seguridad jurídica y confianza financiera, condiciones sin las cuales la mejora podría ser lenta y su impacto comercial limitado.

En medio de ese entorno complejo —una mezcla de desafíos macroeconómicos, cambios estructurales y expectativas sobre la apertura del sector energético— las empresas colombianas han ido respondiendo con diferentes estrategias. Algunas, marcadas por su trayectoria, optaron por sostener operaciones pese a la crisis y hoy ven oportunidades de consolidación en medio de este nuevo ciclo.

Los que resistieron la tormenta

Algunas compañías nunca se fueron. Colombina mantiene presencia continua desde 1994. Mauricio Escobar, vicepresidente de Mercadeo Corporativo, explica que con marcas como Bon Bon Bum, Nucita, Dandy, Bridge y La Constancia atravesaron momentos de crecimiento y periodos en que la operación “se redujo casi a cero”, pero nunca abandonaron el país. La estrategia fue sostener la operación directa y desarrollar canales tradicionales y modernos para garantizar disponibilidad y cercanía con el consumidor.

Mario Hernández también decidió quedarse. “Estamos hace más de 25 años allá. Tenemos 18 tiendas”, afirmó. Las ventas cayeron porque “la gente no tiene plata”, pero la marca se mantuvo posicionada. ¿Por qué no se fueron? “Tenemos muchos almacenes y locales propios. ¿Y qué hacemos con eso desocupado? Y generamos más de ciento y pico de empleos”. Para el empresario, Venezuela sigue siendo “un gran mercado”.

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Mario Hernández, empresario colombiano. Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

Recuerda que hace dos décadas Colombia exportaba 7.000 millones de dólares al vecino país. “Ojalá exportemos siquiera la mitad”, dice. Sostuvo que el interés empresarial actual no es pasajero. “Las empresas americanas ya van para allá. Las petroleras también. Eso es un hecho”, precisó.

Ernesto Fajardo, presidente Grupo Alpina.
Ernesto Fajardo, presidente Grupo Alpina. Foto: Grupo Alpina/API

Alpina también mantuvo su apuesta por Venezuela. Ernesto Fajardo, presidente del Grupo, explicó que desde 1993 han operado de manera ininterrumpida, combinando producción local en Villa del Cura con importaciones desde Colombia. “Nuestro modelo de operación nos ha permitido garantizar continuidad, calidad y acceso, incluso en contextos retadores”, señaló. La compañía ha seguido adaptando su portafolio a las necesidades del consumidor venezolano. Productos como el Yogurt Griego bajo la marca Opa reflejan esta estrategia, que combina marcas reconocidas con propuestas locales ajustadas a hábitos de consumo y prioridades nutricionales. “La preferencia por las marcas colombianas se sostiene por su capacidad de adaptarse y mantenerse relevantes”, afirmó Fajardo. Para Alpina, el contexto actual abre oportunidades de crecimiento y fortalecimiento del mercado. La empresa busca ampliar su portafolio, fortalecer capacidades productivas y consolidar su presencia, asegurando empleo y acompañamiento al consumidor. “La confianza se construye con consistencia, y nuestro equipo ha sido clave para sostener esa preferencia frente a marcas locales y extranjeras”, concluyó.

El caso de Cementos Argos es distinto y más sensible. “Nuestra planta fue expropiada en 2006 y, hasta la fecha, no hemos recibido ni un solo dólar de compensación”, señalaron voceros de la compañía. Hoy mantienen presencia comercial a través de terceros, pero cualquier retorno productivo dependerá de seguridad jurídica, reglas estables y resolución efectiva de activos expropiados. En un escenario de estabilización, ven oportunidad en la recuperación de infraestructura y vivienda. Tras años de baja inversión, el país requerirá grandes volúmenes de materiales de construcción. Pero, advirtieron, cualquier decisión deberá responder a criterios de disciplina financiera y gestión responsable del riesgo.

En paralelo, ProColombia despliega una batería de instrumentos para facilitar el regreso empresarial. Su presidenta, Carmen Caballero, identificó sectores con alto potencial: autopartes, electrodomésticos, lácteos, alimentos para animales, aceites, confitería, farmacéuticos genéricos, plásticos, químicos, cosméticos, textiles, café y cacao. Actualmente, la entidad ofrece inteligencia de mercado, macrorruedas binacionales, agendas 1 a 1, acompañamiento regulatorio ante INVIMA e ICA, programas como Fábricas de Internacionalización y herramientas digitales como el Colombia B2B Marketplace. Parte del objetivo de estas iniciativas es sofisticar la canasta exportadora y aumentar la participación de MiPymes, no limitar el comercio a grandes conglomerados. La reapertura de aeropuertos y la mejora en acuerdos de transporte complementan ese esfuerzo logístico.

El regreso, sin embargo, no se parece al auge de hace tres décadas. Predominan oficinas comerciales, distribución y alianzas, más que fábricas nuevas. Hay pagos anticipados, cobertura cambiaria y control estricto de inventarios. La experiencia dejó lecciones.

En los centros comerciales de Caracas, según empresarios, casi no hay locales desocupados. En los supermercados reaparecen confites, lácteos, aceites y productos de cuidado personal colombianos. En la frontera, los camiones cruzan nuevamente los puentes. El comercio volvió a moverse.

El mercado venezolano sigue siendo atractivo, pero bajo condiciones repetidas por todos los actores: estabilidad política, reglas claras y capacidad real de pago. La consolidación de esta nueva etapa dependerá de si el intercambio logra mantenerse equilibrado, predecible y de largo plazo. Mientras tanto, los anaqueles muestran que los productos colombianos están de vuelta.