Más allá de la competición deportiva, el Mundial de la FIFA 2026 también impulsa nuevas formas de interacción en las redes sociales. La viralización del “reto del beso” y fenómenos como los “Passport Bros” muestran cómo el entretenimiento puede reforzar desigualdades de género y relaciones de poder.


No es solo el evento futbolístico más grande de la historia por sus 48 selecciones y 104 partidos; es, ante todo, un motor económico sin rival y un inmenso laboratorio tecnológico. En esta edición, el fútbol ha dado un giro de noventa grados para adaptarse al formato vertical de nuestros smartphones.
La experiencia de seguir el Mundial ha dejado de estar circunscrita a la retransmisión televisiva. En la actualidad, se desarrolla en un ecosistema digital continuo, impulsado por plataformas como TikTok y YouTube, donde la participación de los usuarios antes, durante y después de los encuentros redefine las prácticas de consumo deportivo.
Esta transformación digital ha convertido al Mundial en una gigantesca máquina de monetización. En la economía digital de los grandes eventos deportivos, la publicidad tradicional ha dejado de ser la única protagonista. Las marcas buscan ahora integrarse en las conversaciones que surgen alrededor del Mundial mediante colaboraciones con influencers y personas creadoras de contenido, cuya capacidad para movilizar audiencias convierte la atención de los aficionados en un valioso activo comercial.
Consciente de que las nuevas generaciones consumen el deporte de forma diferente, la FIFA ha convertido TikTok en uno de los principales canales para acercar el Mundial al público joven. A través de creadores de contenido con acceso a entrenamientos, zonas mixtas y otros espacios habitualmente reservados a la prensa, el torneo se narra desde una perspectiva más cercana, espontánea y emocional en la que las historias de los aficionados y los protagonistas conviven con la información deportiva tradicional.
Para muchas personas jóvenes, el Mundial es mucho más que fútbol: es un espacio para compartir, comentar y vivir el torneo en comunidad. Las redes sociales se han convertido en el lugar donde expresan sus emociones, interactúan con otros aficionados y construyen parte de su identidad digital. Hoy, seguir el Mundial también significa formar parte de la conversación que lo rodea.
Besos a mujeres de 48 países
En este caldo de cultivo surge el reto de besar a una chica de los 48 países de la Copa, una moda viral donde los participantes intentan besarse con personas de diferentes nacionalidades presentes en el torneo. Lo que a simple vista parece un juego lúdico de la fiesta mundialista se ha viralizado en zonas de México, mostrando a extranjeros besando a mujeres locales frente a la cámara para maximizar los likes y la visibilidad digital.
@soymian_ Día 7 de 30 besando a una chica de los 48 países de la Copa🏆👀
♬ sonido original - Miguel Bautista
Aunque pueda parecer una simple broma viral, el “reto del beso” también refleja dinámicas sociales más profundas. Su popularidad coincide con el fenómeno de los “Passport Bros”, hombres occidentales que viajan a países del Sur global en busca de mujeres a las que consideran más “tradicionales” o sumisas.
@soyfranco.mx El mundial de los besos para las Mexicanas con los Extranjeros👩❤️💋👨👩❤️💋👨🇰🇷🇲🇽
♬ sonido original - Soy Franco📱📍🌎 - Soy Franco📱📍🌎
Diversos estudios sobre turismo sexual y relaciones de género advierten de que este tipo de discursos reproducen estereotipos sexistas y jerarquías poscoloniales, al presentar a las mujeres como un objeto de deseo asociado a su nacionalidad.
@tubarco 😂 Los aficionados coreanos definitivamente no están perdiendo el tiempo en México. En pleno ambiente mundialista, un grupo de hinchas mexicanos comenzó a gritar "¡Beso, beso, beso!" hasta lograr que un aficionado coreano y una mexicana protagonizaran el momento más romántico de la jornada. ❤️🇰🇷🇲🇽
♬ sonido original - TuBarcoLatino.News
En el ecosistema digital, este proceso deriva en una cosificación extrema. El cuerpo de las mujeres se reduce a una representación visual que demanda validación mediante el contador de likes.Los algoritmos de las plataformas amplifican estos contenidos porque generan mayor engagement emocional, premiando la conversión de sujetos en objetos consumibles.
Esta dinámica empuja a las jóvenes a una autoobjetivación constante: crecen en un entorno que las obliga a vigilar su físico y a compararse exhaustivamente con modelos inalcanzables, lo que a menudo genera sentimientos de ansiedad y humillación.
Dónde están los límites del consentimiento
La búsqueda constante de la viralidad también tiene su lado menos visible. Cuando el objetivo es conseguir más visualizaciones o interacciones, es fácil que los límites del consentimiento queden en un segundo plano y que conductas invasivas se presenten como simples bromas o desafíos inofensivos. Lo que parece entretenimiento puede contribuir, poco a poco, a normalizar formas de violencia simbólica.
En el entorno digital, donde el acoso puede ocurrir las 24 horas del día, se produce una desensibilización ante la vulneración de la intimidad ajena, permitiendo que el sexismo se reformule en nuevos modos de expresión que el público asimila como simple diversión.
Objetivo: conseguir un deporte inclusivo
Ante este panorama, es fundamental recuperar el deporte como una herramienta de inclusión social y formación en valores.
Iniciativas como el programa “Fit for Life” de la UNESCO proponen utilizar la educación física para desafiar los estereotipos de género y empoderar a las niñas y mujeres, promoviendo al mismo tiempo cambios en el comportamiento de hombres y niños. El deporte inclusivo debe servir para generar resiliencia y habilidades sociales como la resolución de conflictos y el pensamiento crítico, alejándose del modelo puramente mercantilista y excluyente.
La solución también pasa por una alfabetización digital crítica. Es necesario que la educación prepare a la juventud para comprender y cuestionar las lógicas de poder que operan tras las modas y los retos virales. Esto implica fomentar la responsabilidad ética en el uso de las tecnologías, enseñando a identificar cuándo una interacción lúdica se convierte en una forma de dominio o cosificación. Promover masculinidades igualitarias es otro pilar clave.
Necesitamos modelos de masculinidad que no se basen en la posesión o la validación sexual pública, sino en el respeto y la igualdad. Educar en un uso crítico de las redes sociales implica que los jóvenes dejen de ser objetos de una economía de la atención basada en la exposición y aprendan a construir relaciones auténticas, al margen de los algoritmos y la búsqueda constante de validación. Porque el Mundial debería ser una celebración compartida, no un escaparate dominado por las corporaciones y los likes.
Por:
- Daniel Ruiz Martínez
- Doctorando en Innovación Didáctica y Formación de Profesorado, Universidad de Jaén
- Anna Giulia Ceron
- Doctoranda en Lenguas y Culturas (Estudios Literarios Hispánicos), Universidad de Jaén
- Rubén Gregorio Pérez García
- Doctor Investigador Fundación SAMU
Artículo publicado originalmente en The Conversation

