El cantautor peruano Gian Marco Zignago lleva una larga trayectoria en la música en español. Comenzó a componer a los 14 años y desde entonces ha construido una exitosa carrera por América Latina. SEMANA conversó con el artista detrás de éxitos como Te mentiría o Se me olvidó, quien ha aprendido a observar, agradecer y seguir comenzando.
El próximo 14 de octubre, Gian Marco entrará al Salón de la Fama de los Compositores Latinos. Ese día, el artista será homenajeado junto a la reina de la salsa, Celia Cruz, y a la intérprete mexicano-estadounidense Lupita Infante. “Me abruma este reconocimiento. Hoy me siento un receptor de este ente que se llama música y que me ha dado la oportunidad de ser un conducto para poder llegarle a la gente”, asegura.

A los 56 años no siente que deba bajar la velocidad. Cumplió años el 17 de agosto y dice estar agradecido de conservar las ganas de hacer maletas, grabar canciones y promocionarlas. También mira a sus tres hijos músicos, Nicole, Abril y Fabián, como una fuente de inspiración: no quiere ser un ejemplo impuesto, sino alguien que pueda inspirarlos mientras ellos construyen sus propias carreras.

La madurez, en su caso, ha significado aprender a regular la impulsividad y escoger mejor aquello que quiere tener cerca. El conflicto dejó de interesarle. Su imagen para explicar ese crecimiento es la de un árbol: crecer hacia arriba, pero también hacia abajo, haciendo raíces sólidas aunque nadie las vea.

La salsa como un nuevo camino
Bajo la manga, su nuevo álbum, nació de una pregunta difícil: cómo reinventarse sin repetirse; GianMarco había escrito salsas para otros y había cantado música tropical, pero nunca había grabado uno exclusivamente sobre este género. Desde diciembre de 2025 comenzó a construir el proyecto, estudiando esta música y buscando la forma de llevarla a su propio universo.

El primer movimiento del álbum es Nunca más. La apuesta parte de una sonoridad tropical que dialoga con su sensibilidad como compositor. No es un abandono del pasado, sino una búsqueda de nuevas formas. GianMarco advierte que la música no puede consistir en quedarse donde a un artista le fue mejor. “La música es un ente que se da cuenta cuando tú la estás utilizando para meterte a la cama con ella, para tomarte un trago con ella, para llamarla cuando quieres porque sabes que va a estar ahí. La música es sagrada. Gracias a la música estoy vivo”.

Conexión con Colombia
Colombia fue también el lugar donde GianMarco descubrió que su música podía trascender su país. Vino por primera vez en los años noventa a grabar un comercial para Perú y encontró personas que ya lo reconocían por sus canciones. “Colombia fue el primer país que a mí me dio la oportunidad de darme cuenta de que tengo un éxito en Latinoamérica”, afirma.
Hoy, en pleno 2026, el vínculo es más profundo. Su esposa, la cantante y actriz Juliana Molina, es caleña, y vivir con ella le ha permitido conocer el país desde una perspectiva íntima. A eso se suman sus amistades con músicos como Santiago Cruz, Gusi, Chabuco, Juanes, Fonseca y Andrés Cepeda. Cali tiene un lugar especial en la salsa que ahora explora.

Ese vínculo tuvo una nueva dimensión con el programa de televisión A otro nivel, en el que fue jurado junto con Kike Santander y Pipe Peláez. Recuerda con especial cariño el profesionalismo de todos y las casi 200 personas que conformaron el programa. Pero, sobre todo, valora haber sido mentor para aquellos jóvenes que querían dedicarse, como él, a la música.
Entre libros y composición
La literatura también forma parte integral del artista. No fue un gran lector cuando joven y recuerda que sus libros fueron las canciones. Con la composición, sin embargo, descubrió la dimensión de la palabra en autores peruanos como Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce Echenique y César Vallejo, además de Ricardo Palma, Inca Garcilaso de la Vega y Jorge Basadre. Esa mirada lo llevó a preguntarse de dónde venía y a entender la narrativa y la poesía.
Hay un libro que, sin embargo, sigue fuera de sus manos. Su madre le escribió un libro desde que era niño y le prometió entregárselo solo hasta el día de su muerte. La espera tiene algo de misterio familiar, pero también de legado: una madre que decidió dejarle por escrito algo que solo podrá conocer cuando ella ya no esté.

Para GianMarco, Silvio Rodríguez ocupa un lugar fundacional en su historia como compositor y escritor. “Yo escribo porque escuché a los 14 años a Silvio Rodríguez”, señala. Escuchó Historia de las sillas, una canción que, por la complejidad de sus metáforas, lo enfrentó a una manera distinta de entender la escritura. Después de escucharla, escribió su primera canción. Con los años, aquella admiración también se convirtió en un encuentro: grabó con Rodríguez y cantó una canción de su autoría llamada Los sueños de tu vida, lanzada en 2024, y una experiencia que todavía recuerda como un momento decisivo.
Además del éxito de su carrera, si hay algo que haya atravesado a GianMarco con tanta fuerza es la capacidad de aferrarse a la vida. El artista vio a su padre sufrir y morir de cáncer. Lo acompañó durante el deterioro físico. “Vi a mi padre sufrir mucho. Recuerdo a mi padre ya cuando se quedó parapléjico: sacarlo de la cama, ponerlo en la silla de ruedas, meterlo al ascensor, meterlo al carro, llevarlo al hospital, catéter, quimios. Verlo sufrir, verlo llorar, verlo con oxígeno”.

Cuando recibió su propio diagnóstico, la experiencia de su padre regresó inmediatamente. También recuerda que su madre tuvo cáncer de mama y que, a sus 77 años, continúa trabajando. Pero GianMarco no habla desde la invulnerabilidad, sino desde el miedo y la conciencia de que estar vivo obliga a mirar el presente. “Me han pasado cosas que me han hecho entender que la vida es una energía muy especial y que necesito aprovecharla hoy. No hay forma de que me levante en la mañana y diga: ‘No me quiero levantar’, porque las veces que me ha pasado eso, es porque he estado en un momento oscuro”, señala.
GianMarco lo resume como una brújula para esta nueva edad: “Elegir un lugar nuevo, pintar de fe las paredes, mirar los atardeceres, soltar los nudos sin miedo”. Después de las pérdidas, la enfermedad y los momentos oscuros, todavía quiere cantar, escribir y sorprenderse. Volver a empezar siempre es su manera de celebrar la vida.