María Angélica Mallarino es una de las figuras más representativas del teatro y la televisión nacional, con una trayectoria que se remonta a varias décadas y que ha estado profundamente ligada al desarrollo de las artes escénicas en el país. María Angélica es hija de Víctor Mallarino y hermana de los también actores Helena Mallarino y Víctor Mallarino.
Ha participado en producciones emblemáticas como Escobar, el patrón del mal, Tres milagros, Aquí no hay quien viva y El precio del silencio, además de formatos infantiles que marcaron época como Pequeños gigantes. Su trabajo también ha sido clave en la formación artística de niños y jóvenes a través de proyectos pedagógicos y colectivos teatrales.
Hoy, su nombre vuelve a la conversación pública debido a su estado de salud. SEMANA conversó con el productor y esposo de la actriz, Guillermo García, quien reveló su verdadero estado, así como la campaña para recaudar fondos para su tratamiento.

SEMANA: ¿Cuándo empezó todo?
Guillermo García (G. G.): El problema arranca con que María Angélica es una persona supremamente susceptible y supremamente emocional, desde toda su vida, desde su nacimiento. A raíz de una enfermedad pequeña que tuvo Helena, un pequeño ataque vascular, y de que al comienzo de este gobierno nos quedamos sin puesto, se tensionó y se angustió más.
Cuando digo que nos quedamos sin puesto, me refiero a que yo venía trabajando cuatro o cinco años en RTVC y, cuando cambia el Gobierno, ahí no hay para entrar. María Angélica también venía haciendo algunas cosas con el Teatro Colón, pero tampoco se podía porque eso pasa a ser gubernamental.
Esa parte empezó a tensionarnos porque ninguno de los dos tenemos pensión ni apoyo. Tenemos un aporte de la Asociación Colombiana de Gestión, que es mensual. Es un gran aporte si estás en buenas circunstancias, pero si estás en malas circunstancias, se convierte en un pequeño apoyo.
Entonces el problema arrancó ahí y la angustia le fue subiendo. Ella iba normalmente al psiquiatra una vez cada dos, tres o seis meses, pero empezó a sentirse muy mal, como si se cayera, con visiones y cosas. Fuimos donde el psiquiatra y la encontró muy angustiada. Esto no fue mala praxis médica ni nada de eso.
Le empezaron a dar un tranquilizante y, para poderla tranquilizar, tuvieron que darle mucho, la verdad sea dicha, durante más o menos seis meses. Eso generó la pérdida de la memoria. Entonces viene un problema gigantesco para nosotros como pareja, porque María Angélica perdió la memoria.

Arrancamos con el médico, y él me dijo que la fórmula era echar reversa a todos esos medicamentos. Había que bajarlos poco a poco, porque llegó a tomar hasta 25 gotas de un medicamento, y había que bajar una gota mensual. Era un proceso de 25 meses.
En ese momento ella era como una niña de cuatro o cinco años, no se acordaba de prácticamente nada. Se arranca el proceso, se confía en el médico y en la psicoterapia, y empezamos a devolvernos al punto de hoy.
Hoy, María Angélica tiene la memoria 100 % recuperada. Ya se acuerda completamente de todo, se emociona oyendo sus canciones, viendo sus espectáculos. Pero todavía falta un año o año y medio para que vuelva a ser la persona que era. En este momento ve, pero llora; se emociona, pero siente que está perdida, que perdió todo eso.
Es como volver a arrancar. Está cogiendo la guitarra otra vez, pero toca 30 o 40 segundos y ya no quiere más. Canta una canción y tampoco quiere seguir. Está escribiendo más: dos o tres páginas al día, poemas y canciones. Está recuperando otra vez su personalidad.

SEMANA: ¿Cómo han afrontado este tratamiento y los costos?
G. G.: Todo este tratamiento decidimos hacerlo por cuenta nuestra. No sabíamos que era tan largo. Nos dijeron que era un proceso largo; sin embargo, nadie se imagina que son dos años y medio por un lado y otro año y medio por otro.
En este momento, nos hemos gastado entre 120 y 130 millones de pesos. Después de la pandemia, y como estábamos sin trabajo, empecé a contactar personas por Messenger y WhatsApp, investigando contenidos, porque soy productor de televisión.
En ese proceso me encontré con Mariana Ortega, una exalumna nuestra que ahora distribuye películas en Francia. Le conté todo lo que estaba pasando y ella propuso hacer una ‘vaca’.
Se reunió con un grupo que se llamaba Los Monachos y empezaron a aparecer muchos de esos muchachos. Fue algo supremamente satisfactorio porque uno vuelve a sentirse vivo, respaldado. Además, eran jóvenes que conocimos de niños y hoy son profesionales: unos trabajan en Disney, otros en Los Ángeles, en Miami, en España.
Ahí arrancó la vaca. Se abrió hace unos 15 o 18 días. El estimado es de unos 60 millones de pesos, que es lo que necesitamos para el año y medio que falta de tratamiento. Pero si seguimos con el mismo gasto, no nos van a quedar ahorros para nuestra vejez.


SEMANA: Han surgido dudas sobre su situación. ¿Es verdad que María Angélica tiene alguna enfermedad grave o mortal?
G. G.: No. Lo único que tiene es esto que te estoy contando. En noviembre del año pasado, un médico internista le hizo exámenes de todo y la encontró mejor que cualquiera: pulmones, riñones, todo.
El único interés que tengo yo como marido es recuperar a mi mujer. Ese es el trabajo que se está haciendo en este momento.
SEMANA: ¿Por qué decidieron no hacer el tratamiento a través de la EPS?
G. G.: Es un tema complejo. Los problemas psicológicos son difíciles de medir. Pensamos en algún momento en la EPS, pero lo primero que nos dijeron fue que la hospitalizáramos en la Clínica Montserrat.
Si yo permito eso, muy seguramente no le buscan la cura. No porque sean malos, sino porque están para cuidar personas desequilibradas, no para este tipo de caso, que fue un efecto secundario de un medicamento.
En el caso de María Angélica no hubo intoxicación ni consumo indebido; fue la dosis recetada a largo plazo lo que le borró la memoria. Como se podía revertir, decidimos no correr el riesgo de hospitalización, electrochoques u otros procedimientos. Fue una decisión voluntaria quedarnos por fuera del sistema.

SEMANA: ¿Cómo está hoy como familia? ¿Y cómo está María Angélica en casa?
G. G.: Ella está muy bien dentro de lo que cabe. Ella conoce de la ‘vaca’, tiene la memoria recuperada, pero apenas está empezando a volver a ser quien era.
Se emociona por momentos cortos, conversa unos minutos y luego se abruma. Sabe su historia, pero no siempre entiende lo que está pasando ahora, porque sigue bajo tratamiento psiquiátrico.
La familia en general está bien. Helena se recuperó de su problema, Víctor está en España y trabajando, María Angélica está con nosotros. Cada uno lleva su vida, pero en general estamos bien.

SEMANA: ¿Qué les diría a quienes quieran ayudar?
G. G.: Nosotros tenemos que aprender a luchar por garantías para la vejez. Antes todo era mística. Regalamos más de 90.000 millones de pesos en espectáculos gratuitos para niños, en plazas, en novenas, y en ese momento no se valoraba. Hoy un artista no hace un concierto por menos de mil millones. Antes era por amor al arte.
Pero, más allá de eso, hay cosas que a uno no le deberían pasar. A mí me secuestraron una hija de diez meses en 1985. Son situaciones que no deberían vivirse, como perder la memoria de tu pareja. Cuando pasan, hay que enfrentarlas. No hay alternativa. Hay que resistir y luchar para salir adelante como lo estamos haciendo con María Angélica.
Debo decir algo importante y es que este país es y ha sido muy solidario siempre. Los colombianos nos queremos.
