Cultura

La historia que Colombia dibujó en silencio: un recorrido por los orígenes del cómic nacional y su influencia en la cultura popular

La exposición “¡Extra, extra! Los orígenes del cómic en Colombia (1890-1967)” rescata más de siete décadas de historieta, desde la caricatura política hasta personajes icónicos como Mojicón y Copetín, reivindicando la viñeta como patrimonio cultural.

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11 de febrero de 2026, 5:33 p. m.
La exposición ¡Extra, extra! Los orígenes del cómic en Colombia (1890-1967), pone en primer plano esa historia gráfica que durante décadas circuló entre kioscos, periódicos y lectores anónimos, y que hoy reclama su lugar como patrimonio cultural.
La exposición ¡Extra, extra! Los orígenes del cómic en Colombia (1890-1967), pone en primer plano esa historia gráfica que durante décadas circuló entre kioscos, periódicos y lectores anónimos, y que hoy reclama su lugar como patrimonio cultural. Foto: Biblioteca Nacional - API

En un país donde la memoria suele escribirse en letras oficiales y grandes discursos, el cómic ha sido, durante más de un siglo, una forma silenciosa pero poderosa de narrar la vida cotidiana, la política, el humor y las tensiones sociales de Colombia.

La exposición ¡Extra, extra! Los orígenes del cómic en Colombia (1890-1967), que se presenta en la Biblioteca Nacional hasta marzo, pone en primer plano esa historia gráfica que durante décadas circuló entre kioscos, periódicos y lectores anónimos, y que hoy reclama su lugar como patrimonio cultural.

La muestra no solo reconstruye el nacimiento de la historieta en el país, sino que plantea una pregunta de fondo: ¿por qué el cómic, pese a su influencia, ha permanecido al margen del relato cultural oficial?

El recorrido propone entender la historieta como algo más que entretenimiento. Desde finales del siglo XIX, cuando la caricatura política comenzaba a consolidarse en la prensa nacional, las viñetas se convirtieron en un vehículo de opinión, sátira y crítica social. Con la expansión de los periódicos y la modernización urbana, surgieron personajes que dialogaban con el lector sobre los cambios de la ciudad, las costumbres y las tensiones de clase.

En ese tránsito, el cómic colombiano fue encontrando una voz propia, influenciada por modelos extranjeros pero profundamente anclada en la realidad local. Como ha señalado la directora de la Biblioteca Nacional, Adriana Martínez-Villalba, “no existe una historia oficial del cómic en Colombia… Lo que buscamos es rescatar este patrimonio que ha ido quedando en el olvido y promover también su estudio e investigación”, una afirmación que sintetiza el espíritu de la exposición y su apuesta por abrir nuevas rutas académicas y culturales.

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Cuando el humor se volvió crítica política

Entre los exponentes más representativos que aparecen en la muestra está Adolfo Samper, considerado uno de los pioneros de la tira cómica nacional. Su personaje “Mojicón”, publicado en la década de 1920, retrató con ironía la vida urbana bogotana y marcó un hito en la adaptación del formato de tira diaria al contexto colombiano.

A su lado aparecen figuras como Godofredo Cascarrabias y Misia Escopeta, también creadas por Samper, que evidencian cómo el humor gráfico servía para comentar la realidad social sin perder ligereza narrativa. Décadas después, Ernesto Franco consolidaría un fenómeno con “Copetín”, un personaje que conectó con nuevas generaciones y que mostró que la historieta podía dialogar con los cambios culturales del país. Victoria Franco de Sandoval, con “Pirulita”, aportó una mirada distinta y amplió la presencia femenina en un campo históricamente dominado por hombres.

La exposición, estructurada en varios ejes temáticos, no se limita a exhibir originales y publicaciones históricas, sino que contextualiza el ecosistema que hizo posible el auge de la historieta: los talleres de impresión, los voceadores de prensa, los kioscos de esquina y las páginas culturales que acogieron estas narrativas visuales.

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Incluso evoca espacios de lectura popular para recordar que el cómic fue, ante todo, una práctica social compartida. También se destaca un momento clave en la consolidación del medio: la Primera Exposición de Tiras Cómicas Colombianas de 1967, que reunió a autores nacionales y marcó un precedente en el reconocimiento del cómic como expresión artística.

La curaduría, a cargo de Laura Valentina Álvarez y Pablo Guerra, junto a un equipo interdisciplinario de investigadores y artistas, construye un relato que conecta pasado y presente, subrayando que el cómic no es una reliquia, sino un lenguaje vivo que dialoga con la cultura contemporánea.

Al revisar estas primeras décadas, la muestra invita a reconsiderar la historieta como documento histórico, herramienta pedagógica y expresión estética que ha acompañado silenciosamente la transformación del país. En un momento en el que las narrativas visuales dominan el entorno digital, volver a los orígenes del cómic colombiano es también reconocer que muchas de las formas actuales de contar historias – fragmentadas, gráficas, inmediatas–, tienen raíces profundas en esas viñetas que, hace más de un siglo, perduran en el acervo colectivo.