En los suelos del Valle del Cauca, donde la caña ondula como un océano verde y el sol madura los días con una constancia ancestral, algo invisible respira. Millones de microorganismos tejen silenciosamente la vida bajo nuestros pies: reparan, equilibran y regeneran.
En medio de ese paisaje, una científica vallecaucana decidió escuchar lo que la tierra intentaba decir. Lina Valderrama creció en Jamundí, un lugar donde los cultivos florecen con la misma naturalidad con que los niños aprenden a caminar descalzos entre surcos. Su madre, licenciada en biología y química, era profesora en escuelas rurales. Fue ella quien sembró su curiosidad por lo que no se ve: “La vida microscópica que sostiene todo lo demás”.
“Crecí viendo a los agricultores depender de químicos costosos, sin saber que el suelo mismo tenía las respuestas”, recordó. Desde entonces, su propósito fue claro: usar la ciencia como puente entre el conocimiento de laboratorio y la sabiduría de la tierra. Años después, con un doctorado en microbiología y más de una década en investigación aplicada, Lina lidera una de las revoluciones más discretas y trascendentes del agro latinoamericano: la del uso de microorganismos beneficiosos para transformar la productividad sin degradar el suelo.
En 2022 Valderrama fue reconocida por 3M como una de las 25 científicas más influyentes de América Latina. Encontró aliados diminutos capaces de revertir la degradación que causa el abuso de químicos: ciertos hongos y bacterias se convierten en “artesanos invisibles del suelo”. Estos microorganismos no sustituyen la fertilización tradicional, la transforman: liberan nutrientes atrapados, estimulan el crecimiento vegetal y protegen contra patógenos. “Es como enseñarle al suelo a respirar otra vez”, explicó.
En los cultivos de caña, la aplicación de estas biotecnologías ha incrementado el rendimiento hasta 30 por ciento, mejorando, además, el contenido de sacarosa. En palabras de Lina, “es la prueba de que la productividad y la sostenibilidad pueden ir de la mano cuando la ciencia se pone al servicio de la naturaleza”.
Democratizar la ciencia
Valderrama afirmó que es importante que los pequeños productores también se beneficien de este tipo de avances en biotecnología. “Los microorganismos ya existen en sus propios suelos”, dijo con una sonrisa. “Con capacitación y acompañamiento, pueden aislarlos, reproducirlos y usarlos para reducir costos de producción”.
Esa mirada integradora dio origen a Cercampo Biosolutions, una empresa que impulsa la biofabricación de insumos agrícolas sostenibles. Desde allí, su trabajo ha trascendido fronteras: hoy sus tecnologías se aplican en Costa Rica, Honduras y próximamente, Argentina.
Valderrama también colabora con instituciones como la Universidad de Florida y Georgia Tech. Su modelo de innovación, basado en datos locales y escalabilidad científica, posiciona al Valle del Cauca como epicentro de una agricultura regenerativa con impacto global.
El Valle que mira al futuro
Lina imagina un Valle del Cauca convertido en hub de bioinsumos agrícolas, un punto de near-shoring que sustituya importaciones desde Asia con tecnología creada en casa. Un ecosistema donde universidades, empresas y comunidades rurales colaboren para producir ciencia aplicada con sello local. “Tenemos el talento y la biodiversidad. Solo falta creer que desde aquí también podemos generar conocimiento de clase mundial”, aseguró.
En su visión, el futuro del Valle no está solo en exportar productos, sino en exportar conocimiento: soluciones biotecnológicas que reduzcan la contaminación, capturen carbono y conviertan la sostenibilidad en una inversión rentable. Ya hay productores que lo están logrando: con microorganismos que regeneran suelos y prácticas que abren mercados internacionales, incluso en los esquemas de bonos de carbono y certificaciones verdes.
En este proceso es fundamental la equidad de género en la ciencia. “Cuando recibí el premio de 3M, dije que ese reconocimiento es en realidad de todas las mujeres que alguna vez dudaron si su voz sería escuchada en un laboratorio”. Valderrama se toma muy en serio esa búsqueda de la inclusión. Desde comunidades como Women in Connection y Mujeres en Juntas Directivas del Cesa, trabaja para que las científicas colombianas accedan a espacios de liderazgo y mentoría. Promueve la financiación de tesis doctorales femeninas y la creación de entornos de investigación seguros.
Su liderazgo ha inspirado a decenas de jóvenes investigadoras que ven en ella un modelo distinto: una mujer que combina ciencia y gestión, laboratorio y territorio, rigor y empatía. En sus palabras: “Investigación y liderazgo no compiten, se alimentan mutuamente. La ciencia florece donde hay colaboración. Mi sueño es que las empresas vean en el financiamiento de investigación una manera de resolver sus propios problemas. Eso permitiría que la ciencia deje de emigrar. Que el talento se quede y transforme su territorio”, concluyó.
